Dossier II, Primer Encuentro Esteros 2020 / Colección Flor del espinillo

En agosto de 2020 se realizó el Primer Encuentro Esteros en la IX Feria Internacional del Libro de Curuzú Cuatiá. Fruto de este esfuerzo nació la Colección Flor del Espinillo que editó veinte libros de treinta y uno autores de la provincia de Corrientes, Argentina, y de todo el mundo. Presentamos aquí una muestra.

NILDA ROSA NICOLINI (CURUZÚ CUATIÁ)

«Y al mirar hacia afuera
los dos presos, barro vio el uno, pero
el otro estrellas»


La ventana

Miro por esta ventana enrejada, hora tras hora; día tras día; no sé para qué, si veo siempre la misma desolación, el mismo panorama cuadrado de tierra, ora barrosa, ora reseca y agrietada. Esta ventana es un agujero a la nada.

Entonces miro hacia adentro y me veo, transformado en esta fiera que odia el cubil que le impusieron, porque hasta las fieras nacieron para vivir en libertad. Es cierto sí, yo maté a un hombre. Me encontraron junto a su cuerpo sin vida y mirándome las manos como escandalizado… asustado tal vez, pero no arrepentido. Sin embargo, lo comprendí más tarde, él terminó venciéndome, como siempre; condenándome a este infortunio sin espera, a este arrastrar de días y de noches sin final. Era mi socio, el hombre que me doblegaba a su árbitro, por el que aprendí a mentir y a defraudar. Sentí que me liberaba al matarlo, pero no pensé que esa liberación iba a acarrearme esta otra dependencia, esta opresión sin nombre. La llaman cárcel, pero no basta la palabra. ¿Cómo se llama la limitación total, tener reducidos las manos, el cerebro, el aire para respirar? Tengo a mi lado a un pobre tipo, también obsesionado como yo, con la ventana. De noche también contempla como si tras ella viera luz y no la oscuridad de siempre. Yo no ignoro. También él debe expiar su culpa en esta celda amarga y no vale la pena sumar sus cuitas a las mías. Doy vueltas en el camastro frío, muerdo la almohada, aspiro el aire infecto que se cuela a esta hora más que nunca y quisiera llorar, pero ni eso.

La dichosa ventana: mi hueco de luz. Por ella sé del mundo, por ella me evado todos los días de esta prisión cruel. Si hay sol, me basta para imaginarme en el campo, en aquel arroyito de «Lomas Altas», la estancia de mi padre donde pasé la adolescencia, y es como si tuviera otra vez veinte años y me quemara de nuevo la juventud como una brasa.

De noche, las estrellas se posan en la ventana. Son mías. Descubrí que hay cosas que no pueden quitarme en la cárcel, son las que invento: Soy dueño de esas estrellas como soy dueño de volver a «Lomas Altas» si lo deseo, a cualquier hora. Soy dueño de pensar, no hay grillos para eso. Soy dueño de recordar y también de perdonar, porque yo estoy aquí por un crimen que no cometí: mi única culpa fue mentir, mentirles a todos para salvarla a ella; y ahora recuerdo aquel momento como un hecho lejano, borroso, como el negativo de una fotografía antigua, cuya evocación no duele: el amante de mi mujer asesinado en mi propia casa y yo arrastrado a un remolino de sorpresa, traición y muerte. Ya nada de eso importa, he aceptado el cautiverio de mi cuerpo desde que comprendí que mi pensamiento tiene alas y es dueño del tiempo y del espacio. Ahora estoy sumergido en un juego introspectivo, juego a mi propio descubrimiento. Es tan insospechado mi poder, tan amplia mi libertad, que hasta me permite acercarme a Dios que es la Libertad misma. Y olvido por un momento al fantástico Dios de las ondas sonoras, el de la velocidad de la luz, el forjador de mares y montañas, el Dios gigantesco, inaccesible a la mente humana, y convivo en esta celda estrecha con el Dios de entre-casa, ese que sentimos íntimo y cercano, el Dios «de cada uno», el Dios amigo, el que, seguramente, me abrió esta ventana.


El niño solo

La noche anterior durmió apenas. Estaba excitado, febrilmente excitado; se debatía en el lecho entre la urgencia de levantarse y el temor a las sombras, le parecía que no iba a amanecer nunca, que el día anhelado no despuntaría o peor aún, que sería como uno de tantos, y no el día de su cumpleaños, el día de la fiesta de su cumpleaños.

Repasó en la memoria los acontecimientos de la semana anterior. El deseo ferviente latiendo dentro de sí, la timidez que lo poseía y dominaba, la indisposición de la abuela que la recluyó en cama y con ello hizo más difícil aún el angustioso pedido:

–Abuela…
–No me toques. Alejo, tus manos están húmedas.
–Abuela…
–Que Lina me traiga la bandeja con la medicina y el té, ve a decírselo.
–Abuela…
–…y corre las cortinas, quiero descansar. ¿Qué haces con mi bastón? Por Dios, niño, fíjate donde pones los pies.
–Abuela…
–Anda, no seas torpe, ve.

Y ese día animado. Pero sí al día siguiente. No en vano pasó sus ocho años de vida junto a la abuela Dolores, único pariente que conocía, y a la que a la vez amaba y temía, ya que a veces parecía centrarse en ella toda la ternura que él necesitaba y otras 10 veces la sentía distante, dura, autoritaria y hasta irreal, ausente en su mundo de tonalidades neutras, de sonidos apagados, de suaves esencias ya desvanecidas.

Sabía que debía buscar el momento oportuno, la coyuntura feliz, el pretexto para el acercamiento íntimo; era importante no cometer errores ni incurrir en ninguna de las faltas que la abuela consideraba intolerables como enredarse con su bastón o presentar las rodillas sucias. Debería ser cuidadoso, no dejar nada al azar, usar las palabras justas, sin mayores rodeos que fatigaran a la anciana. Lo planeó tan bien que todo salió de maravilla; le llevó él mismo la copita de oporto que la abuela acostumbraba tomar cuando las primeras sombras y el airecillo frío de la hora vespertina la hacían estremecer; esperó a que ese ligero tinte sonrosado que él bien conocía coloreara las mejillas mustias, y entonces ensayó la sonrisa más dulce y desplegó toda su persuasión.

Al principio ella se resistió; este niño, el último familiar que le quedaba, lo representaba todo para ella, sin embargo, se sentía consciente de que le estaba retaceando la infancia, a fuerza de someterlo a la rigidez impuesta por sus costumbres de octogenaria y por el temor de perderlo como a sus padres, ultimados trágicamente en un doloroso suceso. Alejo no tenía amigos, no salía nunca… ¿De dónde había salido la idea de una fiesta de cumpleaños si jamás había asistido a ninguna?

Alejo rogaba: –Abuela…

Y Dolores se sintió incapaz de empañar la pureza de esos ojos tristes. Pensó que Lina podría prepararlo todo, con la ayuda de la nueva mucama y que ella misma dirigiría hasta el mínimo detalle desde su incuestionable sitial. Pero… ¿Quiénes serían los invitados? Alejo no tenía condiscípulos ya que no iba a la escuela: Un preceptor, oscuro y convencional, le daba clases particulares…–Invitaremos a Manuel, explicó el niño, con el tono con el que se nombra a los personajes para quienes es superflua otra presentación. Manuel resultó ser el hijo del jardinero.

También a «Petaca» y a «Orejas».

–¿Y esos? –se escandalizó la abuela. Alejo explicó que eran los pequeños canillitas que conversaban con él diariamente a través de la reja del parque (lo que no dijo es que los admiraba secretamente porque fumaban y decían palabras fuertes, como si fueran hombres). A punto estaba la abuela de negarse a autorizar una fiesta de perspectivas tan singulares, cuando el niño añadió:

–Podrían venir también los niños de Márquez y los hijos del Dr. Venci, y…

Ella sonrió, aprobando esta muestra de habilidad diplomática, ya que Venci era su abogado y los Márquez, los únicos vecinos con quienes, de tarde en tarde, se visitaba; él siguió enumerando, arguyendo y ganando palmo a palmo el triunfo.

La abuela había terminado por cejar, y esa misma tarde le dio a Lina las instrucciones necesarias. Se hicieron formalmente las invitaciones (salvo a Manuel, a «Orejas» y a «Petaca» de quienes personalmente se encargó Alejo alborozado) y se llevó a la cocinera una lista de masitas y de tortas, de «mousse» y de confites.

El gran día había llegado. Se levantó con premura y se vistió, trémulo, feliz. Cuando fue a saludar a la anciana, el beso y el regalo de la abuela que otros años fueron la única señal de un acontecimiento especial, eran ahora el preludio de otros goces, la certeza de futuros deleites. Se ajustó el flamante reloj pulsera a la muñeca con reverencia y desde ese momento comenzó para él la interminable carrera del tiempo.

–¿Cuántas horas faltan? –preguntaba a Lina, revoloteando a su alrededor, mientras seguía con fruición, uno a uno, los preparativos.

El único acontecimiento desagradable de la jornada fue el altercado que mantuvo la abuela con la nueva empleada, esa muchacha esquiva que desde que entró en la casa, parecía tratar a todos con agresividad.

Oyó en el dormitorio de la abuela las voces airadas en discusión, pero él no pensaba inmiscuirse en algo que no le con- cernía; en cambio, fue a su cuarto a preparar, para mostrar a sus invitados, el herbario que él mismo confeccionó con la curiosidad del solitario por la naturaleza.

Algo le contó Lina en el almuerzo, sobre el motivo de la infidencia: la anciana había echado de menos una plaqueta antigua, una de sus alhajas más queridas y valiosas, y suponía, por lógica, que la nueva empleada la había tomado.

Tras la reyerta tempestuosa, la joya había aparecido misteriosamente, pero la doncella fue despedida sin contemplaciones.
–Mejor, no nos quería –dijo Alejo, y continuó elucubrando en su imaginación la fiesta memorable.

A la hora indicada todo estaba listo: Dolores aguardaba en la sala, recta la espalda en el sillón vienés, la garbosa cabeza blanca erguida en actitud presidencial. Alejo, emocionado, incómodo en su negro pantalón de terciopelo, el rostro tan blanco como «jabot» de su camisa. Lina, maternal como siempre en su figura almidonada y amplia.

El carrillón dio las seis campanadas que Alejo esperaba, y a partir de entonces los minutos parecieron arrastrarse con pesadez de agonía. El carrillón dio el cuarto y luego la media hora con su indiferente, repetida música.

–No vienen –dijo la abuela, frunciendo el ceño. Y eso fue todo.

En el salón barroco nada ni nadie se movía; diríase que tres muñecos de cera completaban un cuadro de museo. Sólo los patéticos ojos de Alejo recorriéndolo todo, se posaban en las altas sillas vacías del comedor, que como centinelas rodeaban la mesa dispuestas para el té, o el los payasos de cartón que Lina colgara en las paredes, que parecían hacerle muecas burlonas. Volvían angustiosamente a la puerta cerrada y trataban de penetrarla mientras se repetía en su mente la frase de la abuela:

–No vienen… Pero, ¿por qué? «Orejas»… «Petaca»… Manuel… los otros… ¿Por qué?

Presentía que era irremediable, pero permaneció en el último peldaño de la escalera, empecinado, sin poder convencerse, hasta que muy tarde ya, alta la noche, Lina lo llevó dormido hasta su cuarto, arrancándolo de su inútil y obstinada espera. El sueño, sin embargo, no había borrado el cruel desencanto de su rostro infantil.

Mientras ofrecían la última edición del día, «Oreja» comentaba a su inseparable amigo «Petaca»:

–¡Yo no entiendo a estos ricos! Te invitan a una fiesta y después no te reciben. Que la abuela está muy enferma… ¡Bueno! Pero que la nueva mucama te despida desde la calle sin contemplaciones, ¡vamos! ¡Y dicen que los «canillitas» no tenemos modales! En fin… ¡Extra!…

Nilda Rosa Nicolini (Curuzú Cuatiá, Corrientes, 1941) Es Maestra Normal Nacional y Profesora de Francés. Fue Presidente de la Subcomisión S.A.D.E. en 1884 y Directora de Cultura de la Municipalidad de Curuzú Cuatiá en 1989.

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xi_nicolini-2.pdf


RODRIGO GALARZA (CAÁ CATÍ)

Parque de destrucciones
(2007)

Soy el que hundió su pulso en la niebla
el de la vocación por los derrumbes
el de los cielos verticales en suburbios insumisos

soy el de la diaria antropofagia
antes que el domingo anestésico de misas complacientes

soy aquel lejano en mí

estigma absurdo mi nombre
atrapado en un patio con olor a mangos y a tartas de mi madre
la reina encantada de las fuerzas sangrantes,
en el principio era el allá…
                      donde mi nombre resplandecía
como el de un ángel herido siempre
por una luz de naranjales
que descolgaban soles
y llenaban de dulzor el aire
cantando lo incantable

el «acá» es ahora un arrebato del «allá»
un traje harapiento que me viste en medio de la nada
en medio de todo, en medio de paisajes
que ya no caben en mí, que se tornan pura tristeza
puro engaño de ausencia,
                                              garúa que se mete en las carnes
y compás a compás arranca
mi respiración de mangos y tartas de mi madre

pero hay más, mucho más: estoy vivo y digo:
aquí estoy y esta ciudad se llama Madrid
y este dolor tiene nombre y este dolor devora la ciudad
que me mira con indulgencia y ojos de amante a plazos, de
mujer que se resiste a la caricia,
estoy vivo y mi dolor me alumbra y me sacude
y mi llanto colapsa los sumideros y avergüenza los orfanatos
y pago la renta con el hambre de mis bolsillos
con el hambre que no se dice: se viaja y hace:
yo el pasajero de mi estómago tambor vivo en mí hacia mí
y mi llanto me lava y lo que se va me alimenta y lo que viene
                                                         /me lastima hermosamente
pero hay más, mucho más: no olvido mi nombre
y esta ciudad lo sabe y me llueve

cuando le ruego que clave sus colmillos en mi blanco cuello
de garza atardecida allá en un mar de fragancias

oh dioses de la transparencia y de los venenos más sutiles

hay mucho más que este dolor
hay mucho más que un hombre
hay un guerrero a destiempo que hace tiempo
y la paciencia de esta ciudad que se llama Madrid
la desesperación de buscar caminos y de navegar ríos
que se mueren de pronto sin llegar al mar,
sin decirte adiós y cantarte el crepúsculo
se mueren en silencio en medio de una bruma soñada
se mueren por clavarse un estandarte de rocío
fabricado en polígonos industriales
o en las factorías de los gobiernos

pero hay más, mucho más: estoy vivo y la desnudez es mi
                                                                                          /escudo
¡de mi ombligo crecen flores!
he visto la belleza sentada sobre el banco de una plaza
                                                                           /infectada de palomas
he visto a un niño llorar por última vez como niño
he visto a un dios ebrio (vestido de súcubo) bebiendo del fétido
aliento de los mendigos he visto a un ministro disfrazado de
                                                             /ministro creyéndose dios
y a un ministro disfrazado de hombre fornicando en Tailandia
                                                                                    /con una niña
he visto «Sea Harriers» olisquear médulas espinales,
                                              /bombardear chabolas y hospitales,
cuerpos con olor a infancia,
he visto sus festines de lobos del aire
pero hay más, mucho más: atravesar en un día trescientas
                                                                                       /puertas
y contar los despojos y trazar un mapa posible de cicatrices

**

alguien nos mira desde los muros, quizá el dolor que levanta ciudades
o el dios atroz que ensaya en circos romanos, en prostibularios
                                                                                              /de la ternura

se les pudre los ojos a los profetas del neón

se les pudre durante el día

                                                 ah/

                                                        pero el sarcoma baila

cantan los gusanos

alguien nos mira desde los muros
alguien trepa las tapias como una fósil enredadera que todavía arde

no alcanza la morfina que brota de las cloacas
no alcanzan las cloacas de los bares
no alcanzan los bares donde entre parábolas y parabólicas
colgamos los trofeos del infierno:
                                                         pero hay más, mucho más:

estoy solo «voy al coliseo a prenderme fuego»,
la Castellana parte desde mis piernas y no regresa

me miro en lejanía sin regresar
              suelta sus amarras la noche y se oye una sirena
sin embargo el barco se queda zozobrando en mis jugos
                                                                                          /gástricos
peristáltico velamen
y todos vivíamos sin vivir en nosotros
y todos moríamos sin morir

y algunos resucitábamos sin vivir

pero hay/ habrá más

**

pero también la locura, la cordura que desorienta a los
                                                                                         /insensatos
la cordura que vende camisas de fuerza en llamas

vi su fulgor sobre Madrid,
vi miles de sábanas blancas entretejerse con anillos de fuego
vi lenguas que llovían sobre las azoteas de Madrid, sobre
                           /algunas, sólo sobre algunas, las vi barrer el aire
las vi prodigarse en meandros inquietos
vi crecer flores desde abajo, flores que desnudaban sus
                                                             /fragancias por vez primera
vi un puñal de obsidiana surgir en medio del jardín, vi su
                   /relámpago abriendo el día en medio de la noche,
ah sí lo vi,
el gozo de los hombres descubriendo el lenguaje de sus alientos
lava de amor viva brotando de sus gargantas
vi al caballero de la triste figura mutarse en centenares de rostros
(los vi insomnes cabalgar por llanuras insomnes)
vi los cascos relucientes de sus corceles/ oí su música implacable
                                                                                       /sobre el suelo
vi cómo molinos de viento esparcían polen:
vi la batalla en la que
vencía la locura
me vi retozando hacia el monte y mi sombra detrás entre
                                                                             /azucenas olvidada


Dietario del sur
(2009)

Auto de Fe

Si no fuera que a veces los astros galopan en mis costillas
desatando una música que parte del barro que soy,recuerda y celebra.
Si no fuera que en mis espaldas alguien
                                                               –cuyo rostro no he visto–
ensaya absurdas cartografías, mientras ciego huyo de mí mismo.
Si no fuera que existen tantos imposibles arracimados
en la linde mi boca,
                                   no creería en un dios con minúscula,
títere y tan ocupado de sí mismo
que a veces
                        se confunde de altar y reza al hombre

**

Hay algo desesperado que vive en el fondo de mí y me saluda
                                                               /con pañuelos de sangre.

**

A veces tomo trenes equivocados que me llevan a mí mismo.
Otras veces me quedo en el andén esperando a un huésped
extraño que traba pactos con mi insomnio.

**

                                                                                A Jorge Sánchez Aguilar
Vi surgir de los esteros un carruaje bordado en llamas
lo vi perderse entre mi pulso y las alas quietas de una garza: era Elías
timoneado por un gaucho arisco
con las espuelas resplandeciéndole las sienes.

**

Quizá haya sido una flor.
Todavía su dentellada huele a sangre.

**

¡Pascua! pascua te decís y dinamitás los puentes.

**

Nada rige este abandono, salvo haber sido el Salieri de todos
                                                              /los mendigos del mundo.

Rodrigo Galarza (Caá Catí, Corrientes, 1972) Es profesor en Letras. Co-fundador del Grupo Literario ¨Pájaro de Tinta¨ y director de la revista del mismo nombre. Ha publicado en diarios y revistas de su provincia, de Buenos Aires, de Madrid, de Asunción del Paraguay, de Nord Carolina EEUU, de Dinamarca y de México.


GUSTAVO TISSOCO (MOCORETÁ)

Recuerdo en la siesta
trepar la planta de nísperos
y ser el buscador del más dulce
oro, testigo de que había un sol,
redondito y pequeño,
con el que hacíamos la guerra,
la ofrenda a Dios,
la corona de la reina.

Éramos con otros niños
como alondras,
habitando aquellas ramas,
aquel jolgorio.

Hoy ya no queda patio,
ni el abuelo podando
escalones y nidos,
tampoco el resplandor de la tarde.

Prisionero de tantas ausencias
lo fui extraviando todo.

Sólo guardo
mi corazón amarillo
                     que me salva.

Como durazno
nos desprenderemos de las ramas
y caeremos al suelo.

Vendrán después los pájaros,
el tiempo como un verdugo
y pereceremos frágiles
                       bajo el dorado resplandor.

Importará solamente
que el carozo horade la tierra.


Certeza

Tengo la certeza
de que mi abuelo Pedro se quedó dormido
y me lo robaron barcos piratas.

Sabido es que estos bárbaros
aglutinan fortunas,
trofeos, tesoros…

Gustavo Tisocco (Mocoretá, Corrientes, Argentina). Tiene publicado los poemarios «Sutil», «Entre soles y sombras», «Paisaje de adentro», «Pintapoemas», «Cicatriz», «Rostro ajeno», «Desde todos los costados», «Terrestre», «Quedarme en ti», «Reina» y «Hectáreas» (libro publicado en Madrid, España) «Perla del Sur» y «Entre ventanas», así como los discos «Huellas», «Intersecciones», «Corazón de níspero» y «Terrestre».

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xii_galarza_tisocco-3.pdf
Lectura Galarza: https://www.youtube.com/watch?time_continue=475&v=Ytm9e0qTC3M&feature=emb_logo
Lectura Tisocco: https://www.youtube.com/watch?v=m_0d8mcdlUk&feature=emb_logo


MARÍA DEL CARMEN VIANNA (CURUZÚ CUATIÁ)

Caminos

…sigo avanzando sin saber adónde
Samuel T. Coleridge

Hay unos altos pájaros más allá de la lluvia.
Todo es una elegía al filo de la tarde
y en las últimas ramas ya no hay sino sombras.

Yo voy por el camino herido de la lluvia.
Soy un hombre solo.
Devastado y torpe.

Por las piedras, mis pasos.

Hacia las grietas.

Hacia todas las grietas del mundo.

Del libro «Es vasta la noche y otros poemas» (1986-1991),
Moglia Ediciones, Corrientes, 2006.


Carpe Diem

I
Hacia el atardecer, mariposas tristes.
Bella, la tristeza.
Contra el cielo, hojas negras
que mañana alguien verá caídas en la zanja.
En la casa, el olor de unos pomelos.

II
Estos blancos jazmines han brillado
bajo el día como luces.
Y tú te has preguntado
por una música
que era bella y tristísima y habías escuchado
una vez
en tu lejana habitación.

III
Pero has pensado:
arañas verdes, los helechos en el muro.

Del libro «El corazón a la intemperie» (Abril-Mayo 1994).
Ediciones Moglia, Corrientes, 2006.


María del Carmen Vianna nació en Monte Caseros en 1960. Es profesora en Letras. Ejerció la docencia en Curuzú Cuatiá, donde reside desde los 8 años. Su obra ha obtenido numerosas distinciones, dentro y fuera del país.


GRACIELA SHUST (CURUZÚ CUATIÁ)

(Del alborozo)
De día:
Total y perfecta coherencia verde la mañana.
Cáliz irreverente todo el sol.

Los duendes solamente ofrecen simetrías.

De noche:
Tus manos multiplican mis sentidos…

(De «Instancias»)


(Del silencio)
En este momento en la casa
entra el silencio.

Como una lluvia redonda y seca
que sostiene el sonido de su propia esfera.

Círculo callado
que alisa las paredes del espacio.

Mientras el camino
se agota
El silencio es mi propio cuerpo

(De «Instancias»)

Graciela Martha Shust nació en Corrientes capital pero vive desde niña en Curuzú Cuatiá. Ha colaborado en diarios y revistas de su ciudad adoptiva y de la provincia. Publicó los poemarios Instancias y Ferozmente poesía.

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xiii_vianna_schust-1.pdf


MONI MUNILLA (CORRIENTES)

OTOÑO

Cuando abrió la ventana
el viento hizo volar los papeles
y las palabras se aferraron al borde
de las hojas
para no caer.
Ella siguió escribiendo
como si nada.


LA TARDE

Se hizo la tarde junto al río
así como los pájaros hacen su nido
se fue alzando la tarde ante mis ojos
con su rojo fulgor adormecido.
El río trae siempre los nombres en su cauce
y se vuelve raíz en mi destino.
Hoy recogí de su orilla, la voz de mi padre,
el canto que cantaba en el patio de mi casa,
sus manos deletreando las primeras palabras
sobre estos sueños míos.

Moni Munilla (Corrientes, 1958). Es profesora de Enseñanza Preescolar. Escritora, periodista cultural y gestora cultural, desde el año 2005 y hasta el 2013 tuvo a su cargo la sección Cultura del diario El Litoral de Corrientes.


ALEJANDRO MAURIÑO (CORRIENTES)

PROVERBIO

Solitario, una hora hirió mi tarde
mientras soñaba a través de la ventana:
evocaciones, tiempos idos, cobardes
pensamientos, glorias demasiado calladas.

Un tajo de sol cortó ese aire
personal, aquella hora sabrosa y maga,
igual a todas, silente, casi amable,
y dio a luz mi certeza de la nada.

¡Tantas veces los recuerdos adhieren
al signo indescifrable que es el alma!
Poetas del oro latino, con palabras

que el tiempo no ha gastado, lo advierten:
todas, todas las horas nos hieren,
y sólo una -la última- nos mata.

“Giralunas”, 1996.


TRASUEÑO

Sos como es el mar,
incansable y húmeda.
Verdes tus ojos,
salada tu espuma.

Sos como es la Luna,
pálida, insondable;
lejana y difusa
su faz venerable.

Sos como es la vida,
ardiente y tranquila,
blanca, roja, negra,
picante, desabrida.

Sos como una mano,
cortada por líneas,
cálidas o breves,
rosada de enigmas.

Sos… como es el fin:
inesperado y constante,
vivo en cada rima,
y a veces feliz.

“Trasueño”, 1997.

Alejandro Mauriño nació en Buenos Aires en 1948. Periodista egresado del Círculo de la Prensa de Buenos Aires. Algunos de sus poemarios, entre su vasta obra publicada, son: “La soledad avanza” (1991); “Giralunas” (1996); “Odas, profecías y maldiciones” (2000); “Oraciones ateas” (2003); “Extranjero del mar” (2012). En narrativa: “Güisqui y aceitunas”; en 2002, “Historias con lluvia” (cuentos), etc. Ensayo: “Omar Khayam y Borges”, etc.

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xiv__munilla_maurino-1.pdf
Lectura Munilla: https://www.youtube.com/watch?time_continue=1730&v=m_0d8mcdlUk&feature=emb_logo
Lectura Mauriño: https://www.youtube.com/watch?time_continue=527&v=U158BPkaydI&feature=emb_logo


ARIEL OVANDO (CURUZÚ CUATIÁ)

FRAGMENTOS DE LA AUTOPISTA

El auto llegará
en cumplimiento de algún mandato,
alguna fantasmal premisa de Buffalo Bill
dentro del poliédrico cuerpo,
                                                          cosido

con la lengua de los predestinados.
Es el padre que viene en la madrugada.
Promesa de manicomios
                  de lujuriantes objetos de control

pero, quién sabe
las palabras emplumadas rebosen la boca
el tiempo que el agua dure transparente.
Es el padre. La máquina es fiable y potente entre sus manos.
La máquina atraviesa las autopistas vacías,
las langostas destazadas
                                que perduran en la claridad del tiempo.
Vamos a despecho de las elocuentes láminas,
del árbol que se conoce en la medida
que echa a perder la cesta entera de frutos.
Vamos por las últimas calles, donde la risa nos pesa.
vamos por aguas en el trance de morir o multiplicarse.
Entre demudados arrozales, vamos,
mudos y pegados al piso, y cortamos el aire
donde escuchamos las aves del Fin del Mundo.
Y nos quejamos porque hay ejércitos que no avanzan,
y vamos a perder la prole en las benditas islas.
Por los bichos muertos contra el parabrisas
                                nos pronunciamos en asco
Nos quejamos, nos enturbiamos la mente
la espiral de maldiciones tiene el corazón de la flor
pero varios días,
                                hacia abajo,
                                el corazón, hacia abajo
                                                                   es en la tierra.
Nos quejamos por todo.
Porque el invierno ruso se insinúa
perdición y fosa a cielo abierto.
Porque envejecemos.
Porque el auto avanza con nosotros adentro.
Porque el auto avanza de nuevo
                                                               nos quejamos
pero levantamos el puño,
a fin de cuentas
                                    atrapados por la telaraña
Es el padre el del auto oscuro.
los faros de la tiniebla,
                              las palabras arrasadas
y compartidas con los insectos hechos
por el devenir de la lluvia. Las
trompetas de Jericó
corren tras las fieras
                                       en un bosque
y todo arde, todo arde:
mínima moralia,
mínima
          moralia.
Busca entre escombros
el lugar que moradores
                  de las arenas
llaman «satellite’sgone»:
sí, un llanto de fragmentos humeantes
que hunde las manos en el significado,
porque los coros son de Bowie
porque el pianito es de Bowie.

                                Las patrullas
sobrevuelan
los barrios desmantelados,
pero los niños pálidos aún viven
                                en los sitios
calentados por el sol.
Y la poesía es un balbuceo
que deshace
                         las reglas del juego:
ronroneo entre tigre y mariposa
iluminado por la fiebre
de los nuevos salvajes,
por los gruñidos que retoman la infancia
entre las ruinas del pueblo amarillo,
pegado a las vías muertas.


LAS HERIDAS DE SAN SEBASTIÁN

                   ¿Por qué el fantasma del apóstol
hundió su dedo en la lengua de San Sebastián,
como si acaso no lo hubiera oído jamás pronunciar
palabra? ¿Por qué se ensañó ese primer día? ¿Por qué se
calentó así, por qué se frotó las mejillas y los muslos en la
oscuridad, por qué le antecedía la forma del espejo,
                       en el hombre atravesado de flechas?
¿La enredadera del martirio no tarda tres días
                                                                  en florecer?
¿En cicatrizar el costado de las palabras nuevas?
¿Y con qué derecho toca usted a mi divino marica?
¿Y por qué, el mismo dedo en el costado, pienso
                  por qué no entre las piernas del demiurgo
                                                                            enmascarado
que nos arrojó a la senectud
si hay lentejuelas para el lomo de la yegua infernal
si hay demiurgo, es decir, diosito mínimo made in Taiwán,
si hay el animal print
                                                               más animal que print,
               si hay la sombra de un caballo en su boca abierta
                       ante la eternidad que incendia los pastizales
                     que quema, a los alaridos, el alcohol las ingles
                                      el reguero de estrellas por delante?

¿Por qué el apóstol
soñaba con el hombre maniatado,
por qué las palabras prohibidas
                          a la altura de las muñecas
si perplejo por el espejismo de su propia eternidad
de su ano descifrando las aguas que se llenan de flores,
por qué si su estrella dilatada con insultos
hablaba de los rojos pájaros
                    dentro los cuerpos,

de los tejidos como mapas,
por qué el estallido
                                                blanco
del silencio sobre las islas
                                                en mitad de la noche,
y por qué la noche arrojada en aguas,
por qué la lengua cercenada, por qué los ojos abiertos
los muslos íncubos yendo a la sombra
por qué el repetido agua de viajeros,
para perdernos en el bosque?
¿En las gastadas y pálidas
                                             gotas de rocío?

¿Pero qué hicieron luego con el hombre inerme
                                                                          y por qué,
                                        qué hicieron con San Sebastián
el marica muerto contra el árbol infame,
contra la lengua del incrédulo,
contra el cuerpo paralelo a las muertes,
y al sudor de las vocales
                                                             cayendo al silencio?

Ah, la noche, dije
como una larga lengua de reptil
hasta el fondo de los ojos estragados por el tiempo,
                                                                  y por la tierra;
la tierra que empieza a repoblarse de brotes, de líquenes,
de bellos en las axilas húmedas, de selvas transitorias,
de madreselvas olorosas, de langostas,
de un pubis que se arquea para copiar
                  el movimiento de la tierra
y relatar luego
la expulsión del paraíso
        en clave erótica,
la huida montado sobre
una verga de nocturnos alcoholes.
Entre jadeo y jadeo,
entre palabra y palabra.
Entre dolor y dolor,
entre un día de sal
y un espejo de lágrimas dulces,
forrado en los bordes con piel de cocodrilo.
Mi reino por un buen caballo para cabalgar.
Un caballo por mi reino hecho pelota,
una tumba para el sol
                                     para leer los jeroglíficos
incendiados en el vientre de bellos rojizos,
para deslizar la lenta gramática de la caricia,
            el nacimiento de criaturas de agua
nadando en las orillas extrañas.

Así que por qué, por qué
el fantasma del apóstol hundió su dedo
en el costado de San Sebastián
como si un dedo sobre la lengua
no alcanzara
              para el lento estertor de los orgasmos,
para la lengua corriendo como tigre en la altura
corriendo ideogramas de fiebres telúricas.

¿Pero qué hicieron el segundo día,
si él, San Sebastián, marica hermoso
no será el último cuerpo
arrastrado en bolas al río,
al encuentro de la barca dorada?

Al segundo día, lo llevaron hasta una casa:
los pájaro rojos le habían picado las carnes,
                               es decir, los fragmentos
                               de lo divino encarnado
                               en las mejillas de putito espléndido;
las travas lo llevaron, un patio con tinajas e higos;
                                                                    lo llevaron, lo
limpiaron con lenguas de nardo perfumado;
eso sí, hicieron sonar las membranas
de un cuerno milenario ante la espuma de los días;
para la ocasión, la brishantina, las plumas,
                                                          los tacones
                                       el barroco de la carne
porque en las postreras carnes de la maricona
temblaba, levísima, la llamarada de las barcas vikingas
                  esa flámula apagándose
                                        en altamar

Ariel Ovando (Curuzú Cuatiá, 1980). Poeta y artista visual, esencialmente docente. Ha publicado los poemarios «Doble penumbra», «Soles de la cólera», y «Memoria de las aguas».


YAZMÍN JACOBO (CURUZÚ CUATIÁ)

LUNA MENGUANTE

Abandoné mi especie al fuego,
al impulso que arde
me incendié por completo
y me esparcí por el aire.
Mordieron mis restos el destino,
quizás explotaron cenizas de mi alma.
Yo yací sobre todo
con una liviandad clara,
con una liviandad vacía.

Invadir las fascias
inundar los
tejidos
abalanzarme por mi
vientre descender desde lo
obscuro que puede ser
mi historia.
Pesa
en lo hondo Pesa
en lo líquido
Pesa
Pesa
Pisando
Pasos
Pozos
Puros.
Posé un día para mi oficio
de artesana,
junté sangre derramada
se desvaneció al río,
procuro aumentar su
volumen pesar en la
intemperie.

Junté mis pieles
frente al desierto
la arena colmó mis pies,
hundida entre la fuerza y
la carne propia de ser
quien soy,
reconstruí mis huesos.
La pesadez
enuncio la
pesadez,
¿qué será de mi carne?


ALQUIMIA

Mírenos
somos cristales péndulos
fragmentados vean
como el haz de luz
atraviesa nuestras
cuerpas.
Mírenos la transparencia la
moral ha quedado petrificada
en la arena, la esculpimos,
quisimos enterrarla
y nos pareció tortuoso
enterrar las sombras; entonces
tallamos sus bordes
los exhibimos al viento,
que ella se encargue de
desgastar
sus venas.

Y luego mírenos
vuelva a mirarnos
somos diamantes
la alquimia es nuestra
vive en la sangre,
así como la historia.

Yazmín Jacobo: Me dicen Yusa, nacida y criada en Curuzú Cuatiá. En 2011 me mudé a Buenos Aires para estudiar Comunicación Social; las vueltas de mi vida y sentires me llevaron a abandonar esos estudios para comenzar la Lic. en Composición Coreográfica en Expresión Corporal en la Universidad Nacional de las Artes. Tengo publicados dos libros de poesías: Anomia (2014) que hacía parte de un libro doble llamado Hendija que armamos con una amiga, Pula. Y Ensueños (2018)

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xv_ovando_jacobo-1.pdf
Lectura Ovando: https://www.youtube.com/watch?time_continue=489&v=Xc_Ip9jB0AY&feature=emb_logo
Lectura Jacobo: https://www.youtube.com/watch?v=OCX-TSrxyVs&feature=emb_rel_pause


MARÍA DEL CARMEN JRAMOY (CURUZÚ CUATIÁ)

MADRE

La luz, que te negaron
me cegó
la razón y la cordura.
Aunque sé, que viste
siempre con el alma y
fuiste el faro
para mis tinieblas.

Amabas tanto a Dios.
Por Él -supongoeras toda entereza,
toda coraje.
Tenías la fe y siempre
la esperanza.

No soy digna de ti
y de tus virtudes
guardo rencor a Dios
por tu ceguera.
Y tú,
dándole gracias.
Querías su reino.
Clamabas sus mercedes.

¡Me confundiste siempre!

¡Me rebelé, mil veces!

¿Por ser tan buena
se te negó la luz?
-Me pregunté, mil veces-
Sin poder entender
que te bastaba
ser sólo el faro
para mis tinieblas.


LAVANDERA

Yo supe de tus sueños
mezclados con la ropa
de otra gente.
Yo supe de tu amor
…nadie amó tanto!
De tu fatiga al terminar
el día.
De tus noches
rendidas de cansancio.
Y de tu despertar
siempre con fuerzas
para emprender la vida
nuevamente.

De tu temple de acero
que empuñaba el coraje
venciendo la ceguera.
De tus manos hermosas,
las más bellas,
las más limpias
de tanto lavar siempre
toda esa ropa sucia
de otra gente.

Tanta ropa lavaste
que con ella
te limpiaste el alma
tantas veces.
Que cuando fuiste
al cielo lavandera
era tu alma
tan blanca como pura
como fuera tu amor
inigualable.
¡Ese amor! ¡Ese honor!
…inmerecido

María del Carmen Jramoy: Abogada, jubilada en el Poder Judicial de Corrientes. Setenta y dos años. Nació y vivió siempre en Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes, Argentina. Desde su adolescencia escribe poesías. Ganó premios y menciones en concursos literarios. Toda su producción literaria es inédita


NÉLIDA BEATRIZ MIÑO (CURUZÚ CUATIÁ)

SILENCIO

Reposo de las palaras que ahora escuchan
el murmullo sabio de los pájaros
conocedores de las voces
cautivas de los dioses.
De nuevas constelaciones y distancias infinitas
que giran y giran
alrededor del mundo
sin juntarse jamás.


CICLOS

Vuelvo a mi esencia.
De nuevo creatura del universo.
Aferrada al seno de mi madre.
Pegada a su piel.
Ella, con sus manos nuevas.
Yo, con mis manos viejas.
Solo almas contemplándose
en la opacidad del misterio.

Nélida Beatriz Miño (Corrientes, Curuzú Cuatiá, 1959). Poeta y escritora de cuentos breves. Todas sus obras son inéditas. Relacionada a Bibliotecas Populares. Formó parte de talleres sobre Derechos del niño.

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xvi_jramoy_mino-1.pdf
Lectura Jramoy: https://www.youtube.com/watch?v=6W6sMnI6hGY&feature=emb_logo
Lectura Miño: https://www.youtube.com/watch?time_continue=489&v=Xc_Ip9jB0AY&feature=emb_logo


NORA SUSANA MARGOT (MONTE CASEROS)

Sueños Perdidos

En la tarde sin rumbo de los sueños perdidos,
la hojarasca del otoño dibuja círculos sin sentido,
los árboles desnudos, esqueletos de sus sombras
parecen recoger la última llama del estío.

El cielo gris cómplice de desencantos,
con nubes que arrecian soledades
prometen lágrimas sin lealtades,
de amores mustios, perdidos, inalcanzables.

El silencio del momento se desgarra
en el chirriar de cantos imposibles,
de encuentros en desencuentros,
de cielo, sol y luna inalcanzables,
en la vaguedad inquieta de las almas,
en un contraste de soledad y promesas.
Promesas nunca realizadas. Abandonadas,
en un laberinto de lágrimas y ausencias.

Entre las sombras y grises del horizonte entendido,
se mecen tus ojos en oscuras distancias sin tiempo,
se mecen y me abruman en recuerdos,
en momentos, en secretos oprimidos,
en el suave vaivén de ideales perdidos.

La tarde se pierde, se hunde en la noche silenciosa,
se aproxima la ferocidad de un olvido
para siempre, sin regreso, sin estío.
Mi alma se arrebuja en las tinieblas,
temblorosa, ante la pérdida irrefutable
de mis sueños, de tu nombre, de la vida.


Reflejos

Que no nos falte la luna
ni el manso río en su reflejo,
porque entonces,
los recuerdos se convertirán
en fragmento
de sus espejos.
Y surgirán otras lunas
y otros cielos
y seremos desconocidos
en la bruma de lo incierto.
Y otras risas recibirán las nuestras
como ecos lejanos
en una resurrección de almas.
Y se ensombrecerá tu rostro
y se ensombrecerá el mío
y asomarán claroscuros
de nuevas promesas y encuentros.
Iré descalza
rozando las piedras de mi río,
ya nadie lastima mi alma.
Me convertiré en piedritas
blancas
en su orilla.
Y me susurrará
dulzuras en su cauce
el agua en su torrente.
Y las estrellas en su reflejo
de luna sin espejos
jugarán arabescos
sobre mi rostro y mis labios
de silencios y secretos.

Nora Susana Margot Nació en la ciudad de Monte Caseros, Provincia de Corrientes. Profesora de Lengua Y Literatura. Publicó poesías en «Poetas Contemporáneos II», editorial Dunken 2017. Buenos Aires. En «Le´Croupier», Volumen 9, Editorial Croupier 2.017. Buenos Aires.


INÉS ARRIBAS DE ARAUJO (MONTE CASEROS)

A NIÑOS Y JÓVENES POETAS

Quienes desde pequeños
inclinan a lo literario,
poseen el innato don de la inspiración.
Han sido tocados
por la mágica varita de insospechadas musas…
A los mayores,
cabe la delicada misión
de inculcar valores
y hablar de causas nobles;
motivémolos con temas edificantes,
respetando su creatividad, como estilo personal
-que aún incipiente y con defectosirá depurando con los años.
Disfrutemos la frescura
y espontaneidad de sus expresiones.
Ayudémolos a superarse,
brindando oportunidades de manifestarse.
Que encuentren en nosotros,
la brújula orientadora de sus poéticas naves.


A VECES…

«Dios ayuda al marinero en la tempestad
pero el timonel debe estar al timón»…
Proverbio alemán.
A veces, la existencia
asemeja al trapiche
que prensa el fruto del olivo
para extraer su preciado aceite.
Así sea el lagar del alma;
tras situaciones límites
logremos capitalizar el dolor,
revirtiendo lo negativo del vivir.
El sufrimiento nos sensibilice,
purifique, otorgue superación;
convierta en personas
fortalecidas y optimistas.

Inés Arribas de Araujo Nació en Marcos Juárez, Córdoba, en 1941 y se radicó desde ese año en Monte Caseros, Corrientes, Argentina. Docente jubilada, escribe poesía y narrativa. Publicó veinte libros (poesías, reflexiones, cuentos y una novela).

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xvii_margot_arribas-1.pdf
Lectura Margot: https://www.youtube.com/watch?time_continue=475&v=Ytm9e0qTC3M&feature=emb_logo
Lectura Arribas: https://www.youtube.com/watch?v=6W6sMnI6hGY&feature=emb_logo


JORGE SÁNCHEZ AGUILAR (CORRIENTES)

1/

no se sabe desde qué orilla del día
lo único que gira iluminando jubilosamente
son los solcitos de sus rostros
paisaje de oro pálido/ garzal rosado
sobre la piel desnuda/rozada luz
las falsas voces agobian los días/
la palabra duerme cerca de los sueños
los ojos rescatan las aromosas llamaradas/
¡maravilla del mirar con los propios ojos!
¡buenos días/ Belleza!


2/

los lapachos menean sus rubores/citas de amor/
los zorzales abren sus pechos a la luz/
el canto fluye su aceite luminoso
empujo las sombras de los miedos
¡has venido!
recuento tu presencia/ Señora sorpresiva/
en la espuma sonrosada del aire

Jorge Sánchez Aguilar (Corrientes, 1936). Vive en ciudad de Corrientes, donde forja sus versos con raíces guaraníticas. Se ha desempeñado como profesor de filosofía y psicología de latín y de dibujo; realizó investigaciones de campo en una comunidad Mby´a Guaraní de Misiones.


JUAN GENARO GONZÁLEZ VEDOYA (BELLA VISTA)

Dispuesto a nacer

Desde este extraño lugar comenzara la vida
Puedo escuchar pasos que producen cataclismos a mi alrededor
Hay campiñas intactas que me esperan hay ríos y mares
                                        /formándose del otro lado del silencio
No es un espejismo el cielo ni las arenas de las playas ni las
                                               /flores, ni el viento que las rodea
La tierra no ha sido aún pisoteada ni salivada
Con un pequeño espacio más el universo
Con un pequeño espacio menos el átomo

Muy pronto todo será verdad
Voy a nacer hacia abajo
Desde la oscuridad desde el amor con avidez de olvido


Canto raigal

Canto raigal
a ras del llano de mi sangre
provocando al poeta
al que solo le rasguño la muerte
Devuelto en luz
desde la misma hondura de la vida
Custodio en mi ademán y mi palabra
Si en un instante pienso que te pierdo
salgo a reconquistarte
memoria por memoria
aunque mi única arma sea el canto.

Juan Genaro González Vedoya (Bella Vista, 1940). Maestro Normal Nacional, se desempeñó como docente en escuelas primarias, administrativo en el Consejo General de Educación y vicepresidente de la SADE. Fue director de Artes Escénicas y Música de la Subsecretaría de Cultura y Subsecretario de Cultura de la Provincia de Corrientes. Presidente de la Fundación Memoria del Chamamé desde 2008 hasta 2019.

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xviii_aguilar_vedoya-1.pdf


CELIA BALBASTRO VIOTA (MERCEDES)

Escaleras efímeras

Sé que deberé partir.
                Bajo este cielo azul… a pesar
                de las tormentas.
Escaleras efímeras aparecen
¿quién las subirá?
Los caminos intrascendentes, solitarios,
mas otros, atestados.
Yo, ya no estaré.
Me habré ido, sin quererlo.


Opciones

I
El silencio se aposentó sin que lo hubiera pedido.
Vino nomás y no surgieron las palabras.
Estaban escondidas, estaban bajo tierra
estaban esperando.

II
El silencio tomó lugar
en todos los rincones, en todos los cuartos
también en todos los cajones.
Pero las descubriré
ellas volverán a mí.
Las palabras me están aguardando.

III
El silencio quiso volver, ya no aguantó más.
Sin embargo…
Las palabras se imponen, las palabras atropellan
las palabras dejan su voz
aquí, en este lugar
las palabras están.

IV
Oh!… Las palabras o el silencio.
Hay que elegir, hay que optar
hay que decidir.
Las palabras o el silencio…
Las palabras o el silencio…

V
Elijo las palabras
ya no más el silencio, ya no más el mutismo.
Ya no más el cerrojo
elijo las palabras, elijo la voz
tal vez… elijo el grito…
las palabras
solo las palabras!!…

Celia Balbastro Viota (Mercedes, Corrientes, 1941) Profesora de inglés y bibliotecaria profesional. Escribe poemas y cuentos reunidos en 21 libros ya editados. Ha recibido numerosas distinciones. Integra antologías nacionales e internacionales. Tiene varias obras en prensa.



CÉSAR EDUARDO LÓPEZ (MERCEDES)

EL RÍO MÍO

Quien fuera, me dije un día mirando el río,
como las aguas tranquilas del Paraná,
que no conserva las huellas de los navíos,
y así las penas del alma poder borrar.
Albérico Mansilla

Uno

en el momento
exacto de estar
en su orilla
siento que
el río es más
mucho más
que todos
los mares
este río mío
me atraviesa
desde la frente
a los pies
y me bendice
con un sol
de mariposas
transparentes
desde todas
las auroras/
mi río es lo que
más se parece
a mi madre
ambos son
imprescindibles.


Dos

con el tiempo
aprendí
a disfrutar
de la tenue
breve
suficiente
alegría de
mirar al río
justo allí
en la aurora
de mis ojos
pasando
y pasando
sin detenerse
y en el mismo
instante sentir
la sensación
de tenerlo
atado a mí/
esa idea filosófica
de Heráclito
no funciona
conmigo
este río tan mío
parece que pasa
pero en realidad
en mí se queda.

César Eduardo López (Curuzú Cuatiá, 1957). Está radicado en la ciudad de Mercedes desde 1970 y es mercedeño por profunda e infinita convicción. Martillero Público de profesión. Comenzó su experiencia literaria en el año 2009. Es integrante del Grupo Literario «Letras de Mercedes»

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xix_balbastro_lopez-1.pdf
Lectura Balbastro: https://www.youtube.com/watch?v=4WiOsE2YXO4&feature=emb_logo



RODOLFO JUAN CHAIJ (CURUZÚ CUATIÁ)

La Noche

El sol está cayendo en el horizonte. Sus rayos se estrellan sobre los cristales de la ventana con la agonía del último zarpazo de una fiera moribunda.
Los tenues reflejos comienzan a cansar los colores del brocado de las cortinas.
Las sombras empiezan a cernirse desde los cortinados y se extienden lentas pero seguras sobre los bordes de la alfombra.
En los estantes, los libros atentos a la penumbra, presienten la llegada de la noche y se estremecen imperceptiblemente. Intuyen que la oscuridad es su enemiga. Torna todos sus contenidos inútiles. Los libros saben que la luz es un aliado con el que hay que andar con cuidado. El exceso de la misma daña irreparablemente sus páginas. Su ausencia los priva de su esencia. Se convierten en un peso muerto. Un conjunto de papel inútil.
La oscuridad va transformado los objetos en el estudio. La penumbra va haciendo su entrada y con ella los colores comienzan a perder su densidad. Su misma naturaleza es cuestionada cuando la luz retira su manto de protección sobre ellos. La oscuridad transmuta los objetos, devela contenidos y, oculta otros. Toda la habitación se prepara, se predispone, para sufrir ese manto de nada que constituye la ausencia de luz.
Sobre el escritorio yacen algunos libros. Papel y lápiz todavía reposan prestos para recibir y condensar ideas.
En la silla, levemente reclinada se encuentra el escritor. La luz cada vez más tenue no parece preocuparlo.
Por su mente pasan múltiples imágenes. Allí se agolpan historias no contadas, personajes apenas delineados en la sombra de la creación.
Cientos de historias no logran abrirse paso a través de la pluma para plasmarse en el papel. El escritor escucha en su mente los reproches de las historias frustradas.
Hay tanto para escribir y tan poco tiempo para hacerlo.
Las sombras se siguen cerrando sobre el estudio, apenas se distinguen las breves líneas garabateadas en el papel.
Ya queda poco tiempo. No alcanza para casi nada.
El escritor estira su mano y atrapa casi distraídamente un libro que reposa sobre su escritorio. Ya no hay luz suficiente para leerlo.
Lo toma con delicadeza y lo acerca aún cerrado a su nariz. Lo abre lentamente y lo huele. Las páginas de un viejo libro pueden entregar su mensaje también a través de las sensaciones olfativas que generan.
El autor se transporta así a viejas librerías de usados en oscuras callejas. El libro arrastra historias olfativas consigo. Los libros que han vivido más de seis décadas cargan con años de mudo servicio, de muda espera.
Nuestro personaje sostiene semiabierto el ejemplar y deja que sus sentidos absorban la historia. Piensa que ha pasado por muchas manos, por muchas bibliotecas. Quizás ahora mismo intuye que otro viaje está por comenzar. Los libros de una biblioteca personal son como huérfanos cuando los abandona su dueño. Deben ser adoptados por alguien más o en el peor de los casos terminarán en esos grandes orfanatos que son las librerías de usados. Allí serán inhumanamente separados de sus compañeros de ruta.
Es triste el destino de una biblioteca desmantelada, piensa el escritor.
Es como si parte de su vida fuera desmembrada.
Dejó el libro a un costado y destapó una de las plumas fuente que tenía a su alcance. Apoyó la punta delicadamente contra el papel. Ya no veía pero adivinaba la minúscula mancha de tinta que ávidamente el papel absorbía. Así ha sido siempre. Esa relación papel-tinta es mucho más que física. Es también simbólica. Muchas veces había experimentado la sed del papel para recibir sus historias. Hay casi una sensación de fracaso en una hoja en blanco. Un papel en blanco para él siempre representó un desafío. Cuando se lo mira con atención se puede percibir esa necesidad física del papel de recibir la tinta y con ella las ideas, las historias, las ansiedades. El papel recibe la savia misma del escritor.
Plasma, condensa y conserva trozos de la imaginación, la creatividad y la vida del autor.

¿Qué sucede con el autor que ya no tiene tiempo para escribir más?
¿Qué sucede con el lector que ya no tiene tiempo para leer más? «Simplemente se apaga la esencia como una llama sin aceite.»
La noche había caído sobre el estudio. Sobre la mesa reposan libros que aún desprenden el aroma de sus historias. En el centro del escritorio una hoja de papel y sobre ella una pluma destapada y una frase inconclusa: «Había tanto que decir…»
En la silla yace el cuerpo ya sin vida de su autor.


La Duda

Llegó caminando hasta la casa. Estuvo dudando hasta que llegó a la misma puerta. Ya tenía la mano suspendida en el aire para golpear la suave madera de la misma.
De repente respiró agitado y detuvo su mano a escasos milímetros de la misma.
Volteó sobre sus talones y desapareció de la calle para nunca más volver.
Dentro de la casa, aún hoy, alguien sigue esperando que él toque la puerta.

Rodolfo Juan Chaij, Médico, Docente, Escritor, Divulgador. Radicado en Curuzú Cuatiá. En el año 2017 publicó «Fantasmas Personales», su primera colección de cuentos y microficciones. A éste le sigue «Universos compartidos» en 2018 y en el 2020, su tercer libro «Palabras Enlazadas».


ROMY ESPINOZA (CURUZÚ CUATIÁ)

SI PREGUNTAS…

Si me preguntas quién soy
diré: lucho por saberlo.

Si me preguntas qué pienso
sabrás algunos secretos.

Mis secretos suman tres:
dos tristezas y un silencio,
son guitarras que no suenan
y monedas que no cuento.

Si me preguntas qué sueño
Entonces verás lo eterno.

Y lo eterno es sólo Dios
sin distinciones de credos
como el rosal da su flor
igual en todos los huertos.

Si me preguntas, ¿feliz?
yo te diré inmensamente
y si me acusas de triste
puedo decir desde siempre.

Si me preguntas el fin
al cual mi vida se aferra,
no sabré si es para mí
o soy yo para la tierra.


DIOS

Dios,
déjame esta noche
dormir bajo tu cielo,
es tan lejana la vida
y es tan eterno mi sueño…

Un destino de distancia
me espera en cada desvelo,
voy con el alma en el aire
por un mundo sin regreso.
Qué día me acostumbré
a la soledad del vuelo
y resigné la mirada
a la oscuridad del tiempo.
Qué noche perdí el amor
o lo tuve sin saberlo.

Dios,
me dices: ¡Estoy aquí!
pero qué lejos te siento,
será porque no te busco
en la llaga de mi pecho.
Si yo pudiera treparme
a los muros del encierro
y desafiar las alturas
sin olvidarme del suelo.

Dios,
si yo pudiera tan sólo
dormirme bajo tu cielo.

Romy Espinoza (Monte Caseros, 1954). Poeta, escritor, músico, artista y reconocido abogado. Desde los 11 años vive en Curuzú Cuatiá.

Para acceder al libro de la colección Flor del Espinillo y lecturas durante el Encuentro Esteros 2020:
Libro: https://esterosorg.files.wordpress.com/2020/08/coleccion-flor-del-espinillo-xx_chaij_espinoza-3.pdf


Maquetación de los libros digitales: Oscar Fortuna.
Edición: Carolina Zamudio.


Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.