Editorial

Sobre la valoración del trabajo creativo

Muchos escritores se juzgan genios a sí mismos; pero muchos también menosprecian todo lo que hacen, son capaces de descartar ideas que todavía no han salido de sus mentes, porque creen que carecen de valor alguno. Ambas actitudes son la expresión del mismo complejo de inferioridad. En el primer caso se trata de una formación reactiva y en el segundo de la manifestación directa del complejo.
Tal vez el aprendizaje más importante en el proceso de formación de un poeta sea el de la valoración justa y ponderada de sus trabajos.
Lo primero ha de ser el aprendizaje de la libertad: no tener expectativas frente a las ideas que pasan por nuestra mente y todavía no han alcanzado su expresión en el papel. Se requiere dejar que las ideas salgan con libertad, sin el condicionamiento de los temores ni de las ambiciones de la gloria. Dejar que las ideas se manifiesten libres, sueltas, naturales… así como ellas acuden a la intuición.
Lo segundo ha de ser no juzgarlas tan pronto alcanzan la expresión en el papel o en la pantalla; darles el tiempo de reposo necesario para que nuestro juicio obre desde el equilibrio y la serenidad. Los textos desde la distancia van dejando ver sus verdaderas posibilidades.
Lo tercero ha de ser la actitud autocrítica firme y precisa. Ni la vanagloria, ni la falsa humildad, ni el vituperio de sí mismo; sino la valoración con criterio, medirse a sí mismo con el mismo baremo que se juzga a los demás.
El momento más complejo en el proceso creativo lo constituye la valoración de nuestros textos. Esta se extiende a la valoración de nuestra obra y de nosotros mismos. A este respecto, debemos perseguir el ideal de la justicia meridiana: no sobreestimar nada de lo que somos o hemos logrado, pero tampoco (mucho menos) subestimarnos. Un juicio exacto puede darnos la claridad sobre lo que debemos o no debemos hacer.
¿Qué sobra?, ¿qué falta?, ¿qué debemos descartar?, ¿qué tenemos que agregar? Solo el juicio severo y ponderado nos ha de responder con meridiana claridad estas preguntas.

Luis Fernando Macías


Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.