Iveth Vega (Poesía)

Los poemas de Iveth Vega nos enfrentan al dolor en medio de la luminosa supervivencia, a la esperanza en mitad del profundo horror y al miedo en medio de lo la dulzura de lo íntimo. Sus versos nos acercan a esa amarga y necesaria incomodidad que debe ser pieza fundamental de toda poesía.

por Frances Simán


2

El año en que nazco, un hombre en la lejana China escribe un poema sobre un hacha sonriente. El año en que nazco, erupciona un volcán, se alzan banderas en pros y contras, se acuña una moneda en Haití, muere un hombre de paz, muere el hombre que podía conjurar a un pez gigante y todos los prometeos modernos con capa y sin capa. El año en que nazco hace un calor insoportable en el corazón del trópico, mi madre tiene hambre y yo vengo a alimentar la escasez.

El hacha, el volcán, la moneda, el hombre, los libertarios y mi madre sonríen, pese al hambre, pese al calor, y pese a las cabezas que el hacha viene a cobrar.

6

Mi dios es la inconformidad.

La inconformidad me amohína la cama.

La inconformidad enumera mis pasos.

La inconformidad anula mis palabras.

Tengo sed y el agua no me basta, tengo hambre y el pan se desvanece en mi lengua.

Mi dios es la inconformidad y no hay ofrenda ni canto ni enmienda que pueda apaciguarlo.

7

Un heroísmo peculiar se propaga por el mundo
desde la invención de la cámara: el heroísmo de la visión.


Susan Sontag

El hombre de la cámara toma fotografías porque no sabe qué hacer con su voz, no sabe qué más hacer con sus manos, no sabe a dónde dirigir sus pensamientos.

Sus pies se mueven por las rutas conocidas de los sueños, buscando evitar las emboscadas, sin dificultad. Andar los caminos sin retorno. Hacer ventanas donde no las hay.

El hombre de la cámara ha aprendido a ver todo a través de las lentes, a amar a través de los retratos, a encajar en las mesas pequeñas.

Toma fotografías porque no sabe qué hacer con su amor, porque no sabe cómo abrir la boca sin herir.

Toma fotografías porque ese es el lenguaje y esos son los signos con los que puede hablar.

23

Mi padre me entrenó para matar animales.

De niña huía de las abejas y escorpiones.

Mis zapatos duros taconeaban por el suelo de las terrazas hasta perderme en la maleza, hasta encontrarme en la maleza.

Mi padre me entrenó para matar animales, fue enseñándome el silente filo de los cuchillos y el excitante crujir de los cuerpos en el fuego.

Mi padre me enseñó que a los monstruos hay que quemarlos hasta la ceniza.

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I know where you go to, my lovely
When you’re alone in your bed
I know the thoughts that surround you
Cause I can look inside your head


Peter Sarstedt

Vamos en el auto que nos conducirá al hotel donde deberemos amarnos ocultos de los ojos curiosos. Vamos cada uno en su asiento, separados por la incomodidad del silencio, de los años en los que no nos hemos visto ni hablado, de los años en que ninguno ha abandonado los sueños del otro. Vamos confusos y torpes, quiero ver su reloj, sus manos, ver cómo le han surcado los acontecimientos la palma del sentimiento y la palma del intelecto.

Quiero volver a leer en sus manos la cartografía de nuestro amor.

Un tímido intento basta, me coge las manos, nos besamos entre lágrimas violentas.

Obsérvame, no he cambiado nada. No cambié el nosotros por dinero, sino por serenidad.

No he cambiado nada, sigo usando las mismas ropas, los mismos accesorios, el mismo perfume.

Obsérvame, no he cambiado nada, no he olvidado nuestros eclipses ni el humo que circunda nuestro deseo, pero he escogido la otra vida, el aplomo y la calma.

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Descubro, hoy, un texto, y estoy convencido de que
todo el secreto de mi paso por el mundo se vincula a él.


Osman Lins

Misteriosos son los caminos que escoge la tinta para conmover los ojos de quien ve, los dedos de quien escribe, los labios del poeta que recita de memoria las palabras que un ave fénix ha depositado en su garganta en la tarde verde-azul a media luz de julio a media sombra del fuerte que se desmorona.
El viento arrastra débilmente el olor de las ciudades añoradas y nuestros dos paraguas se alejan uno del otro.
El motivo que nos atrajo es el motivo que nos aleja.
Misteriosos son los caminos que escoge la piedra en su viaje de la mano al agua.
Las ondas concéntricas oscurecen el estanque.
Muerte y vida, muerte y transitoriedad, vida y sospecha.
La saciedad nos acerca y el vacío dice: estás, pero no estás.
La ausencia condensará estos recuerdos en sincronía con la mano invisible que pinta unos crisantemos rojos en el horizonte y la música de un piano dictará el ritmo de los pasos que se irán borrando de la arena.


Iveth Vega. (Santa Bárbara, Honduras, 1991). Escritora. Licenciada en Letras con orientación en Literatura (UNAH). Ha publicado los libros: «Elementos sucesivos» (2021), «Amatista» (2021, reeditado en 2025), «El lenguaje de las burbujas» (2022) y «Álbum de fotografías» (2026). Su obra ha aparecido en más de veinte antologías y revistas literarias de distintos países. En 2021 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Los Confines, uno de los principales reconocimientos poéticos de Honduras.


Frances Simán (Honduras, 1984) es traductora y editora. Es fundadora de la editorial Los Amorosos y miembro del consejo editorial de Cisne Negro en Honduras. Ha traducido las obras de poetas como Lawrence Ferlinghetti, Najwan Darwish, Omar Sakr, Mihaela Moscaliuc y Michael Waters. En 2023 fue galardonada con el Premio Inca Garcilaso de la Vega por sus aportes a la traducción y edición en Honduras, así como con el Premio Equinoccial en el Festival de Poesía Paralelo Cero en Ecuador.