Llanos Gómez Menéndez, Cartas de Caín



Cartas de Caín se divide en tres partes claramente diferenciadas que juegan y experimentan con la estructura clásica en tres actos. No obstante, en cada una de ellas habita una narrativa propia, así como una exploración formal y estilística donde la autora madrileña ahonda en temas que confluyen en las tres

Por Igor Fernández

Han tenido que pasar seis años desde la publicación de Arco Voltaico para que su autora Llanos Gómez Menéndez, ensayista, dramaturga y poeta, nos brinde otro viaje paralelo con Cartas de Caín en el que transita, por el territorio de lo más íntimo y vulnerable. De este modo, podríamos decir que las voces que hablan en los textos de Gómez Menéndez tienen una gran fuerza en el terreno cognitivo, pero no dejan de estar en constante lucha con los instintos y con las cicatrices del alma.

Cartas de Caín se divide en tres partes claramente diferenciadas que juegan y experimentan con la estructura clásica en tres actos. No obstante, en cada una de ellas habita una narrativa propia, así como una exploración formal y estilística donde la autora madrileña ahonda en temas que confluyen en las tres. El sentido de pertenencia, el rechazo a las posiciones centrales o protagónicas como síntoma de una experiencia traumática o una atronadora culpa son solo algunas de las manifestaciones emocionales que encontraremos en el texto y que la autora tratará de exorcizar a través de la reflexión con trazos del psicoanálisis junguiniano y freudiano apoyado en una lectura simbólica de tres arcanos mayores del tarot: la torre, el ermitaño y la papisa.

En su primera parte, bautizada «de presencias», nos ofrece una conversación de dos voces sin nombre en un espacio por definir. La ausencia de una delimitación temporal y espacial genera desde el inicio una creciente sensación de vacío, concepto que se mantiene a lo largo de toda la lectura, haciéndonos dudar por momentos si las palabras se están sosteniendo sobre el papel o si éstas pertenecen a otro espacio regido por la anulación gravitatoria.

Sin embargo, si nos aproximamos a este diálogo teniendo presente y agarrando firmemente la mención que lo precede, encontraremos un eco cervantino que dará otra dimensión al texto. Se trata de una cita extraída de El coloquio de los perros de Cervantes, novela en la que tiene lugar el encuentro entre Cipión y Berganza, dos perros que actúan como maestro y discípulo, del mismo modo que hacen las voces de esta primera parte. Si bien, en la novela de Cervantes es Berganza el que narra a Cipión sus vivencias con los distintos amos que ha tenido, la primera parte de Cartas de Caín cerrará este diálogo dando paso al que posiblemente sea el eje central del relato: El retorno a la infancia, al lugar de partida y al reencuentro a través del recuerdo con el perverso, figura narcisista en torno a la que se genera un sistema comunicativo que afecta a aquellos que le rodean. Se nos ofrece así la posibilidad de asistir a los recovecos de la memoria y a una posible búsqueda de redención personal cuando la protagonista se libera, a través de tres cartas, de una culpa autoimpuesta causada por la convivencia con el también amo, que es o fue, el perverso.

En la segunda parte, «Baraja de Visconti-Sforza», se presentan las tres cartas que dan nombre al título. Las cartas aparecen en el sentido epistolar y a su vez se corresponden a una tirada de cartas de tarot. Cada carta puede leerse como un poema que es regido por un arcano mayor. Las barajas tradicionales siempre han sido ricas por el poder simbólico que ofrecen a través de sus ilustraciones al constar de una gran carga interpretativa que facilita que, en el caso del tarot, con cada tirada exista una multiplicidad de posibilidades, no solo en las combinaciones entre cartas, sino dentro de cada una de ellas. Estos poemas pueden leerse como una reinterpretación de los significados de las cartas que prestan su nombre. Así como «La Maison Dieu», también conocida como «la torre» o «la casa de Dios», representa ruptura, destrucción o la posibilidad de replantearse una relación o la propia existencia y la necesidad imperiosa de alterar los venideros acontecimientos, en el poema dedicado a esta carta nos encontramos con una ferviente necesidad de liberación que se manifiesta nuevamente de múltiples formas, destacando la renuncia al nombre impuesto.

Por otro lado, la siguiente carta irá dedicada a «el ermitaño». En el tarot, esta estampa representa la introspección, lanza el aviso de la necesidad de mirar hacia dentro y encontrar conocimiento en la soledad y en el retiro. Gómez Menéndez usa esta carta para ahondar en la herida y en la huída a causa de «un destierro sin delito».




Las cartas se cerrarán con la composición dedicada a «la papisa», naipe que entre otras lecturas invita a abandonar la razón para dejar paso al instinto. Mencionando a su vez a Sibila, profetisa capaz de predecir el futuro, Llanos Gómez Menéndez cierra la correspondencia con sus lectores con la aparente aceptación de las sombras y heridas del pasado.

En la tercera y última parte, titulada «desde la sombra», asistimos precisamente a la reconciliación con el otro lugar. Por tanto, los ojos que en un principio eran incapaces de ver, ahora pueden hacerlo y la luz llega a ser tan intensa que los ciega, y estos ceden hasta adaptarse. Llano Gómez Menéndez clausura el texto con los versos: óleo de enfermos/ Hospital de Resurrección/ yo Cipión, firmo mi indulto/; toma así el nombre de uno de los protagonistas cervantinos de El coloquio de los perros, que también usaría Freud para firmar algunas de sus cartas privadas, para cerrar este libro.

Resulta difícil catalogar Cartas de Caín dentro de un género ya que son muchos los que convergen y habitan en sus páginas. Puede ser comprendido como un libro de poemas con una apertura inusual a modo de diálogo y, a su vez, como una pieza teatral en la que la conversación puramente dramática da paso a una sucesión de coros. Con su lectura existe una sensación armónica, tres actos muy diferenciados que tienen en su centro tres cartas protegidas y selladas por la sombra y las presencias.

Con todo esto, en Cartas de Caín prevalece ante todo una comprometida intimidad y una aproximación a los recuerdos de su autora; una búsqueda de la liberación personal a través de una escritura poética con elementos psicomágicos. Se enfrentan así el psicoanálisis con la terapia Gestalt, lo racional y lo instintivo, la rabia y la paz o el deseo con la castración.



Igor Fernández. Guionista y dramaturgo, Grado en Artes Escénicas por la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid) y Máster de Investigación en Cine y Audiovisual Contemporáneos por la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona). Centra sus investigaciones en el estudio de la narrativa no verbal, focalizando la atención en el lenguaje expresivo de las manos. Así mismo, colabora con diferentes medios realizando críticas y entrevistas en el área cultural. Actualmente protagoniza el documental ficcionado «Welcome to Ma Maison» dirigido por Andrés Goteira.

Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.