Juan Carlos Abril (España)

Del libro «En busca de una pausa» (2018), estos poemas del español Juan Carlos Abril, catedrático de la Universidad de Granada recientemente incorporado a la Academia Nacional de Letras de Uruguay. Sus textos nos llevan por una lírica que busca el difícil y luminoso equilibrio entre los símbolos y las formas: poemas pausados, que se entregan a una lectura melódica, a una tregua; y, a la vez, que galopan desbocados hacia el afán, hacia la intensidad de lo vivido, hacia la insaciable sed de respuestas.


por Carolina Zamudio


Esperar es un camino

A Érika Orozco

El sol con sus dorados rayos
baña con luz magnética
nuestros cuerpos en la distancia
y paciencia de trópico.
Así, sin insistir
y sin suposiciones,
sólo un rayo de luz se necesita
para el perdón.
            Un juego
de desintereses, quién sabe
por qué fe o por qué fiebre,
y una corriente emocional
            descienden
con notas que connotan
la desembocadura
de una temporada inestable,
fragmentos de un discurso amoroso
con menos causas que consecuencias
por no aceptar un no.

Apuntes
por la cornisa del afán
en su borde exterior,
y leyes de la dependencia
o la obediencia a rachas.
Pequeños actos que restauran
el permiso para nuestro relato.

Vas contando los días
en secreto, pero se te oye.
Y en las proximidades
de nuestra vida hippie,
ya no hay contradicción
ni malas decisiones
sobre la ruta —y no rutina—
de esta intemperie peor iluminada.

Paciencia, repitió el trópico.

Aquí hace falta un poco de desorden,
verme tal vez en los propósitos,
a ti quizá desde los resultados.

Hablas como en un libro.

Hace falta crecer, endurecerse,
elegir todo, sus precuelas
y el uso individual
en la desolación del vertedero
de algún instante del ahora,
poner fin a las buenas intenciones.

No hace falta decirlo
y el origen viene delante.
Por fortuna el futuro
está moviéndose
para reconstruir tras el terremoto
–también por omisión– esa ciudad.

Guion de un mundo sin aniversario
donde no hay tristeza,
sino desilusión.
           Otro castigo,
entre cualquiera de sus formas, prólogo
maquiavélico
de la depredación
para entender qué pasa.

En las plazas y en las calles
los límites se tensan
en primera persona,
ánimos peligrosos
en relación directa con su predicado.

Pero el mismo entusiasmo
y desesperación de esa ciudad
me llevará a tu casa de alquiler,
a tu cancela, y allí,
con el perfume de las veraneras
en un rincón oscuro
nos besaremos,
hábiles labios, lábil avidez,
ebrios de madrugada.

Esa ciudad de América.

A veces siento ganas de vivir
y voy hacia esa puerta
de algo más que palabras
que reescribe:
quiero decir metafóricamente…
y cómo reparar…

Tengo muchos espejos
y queda escaso margen
atrás para el error.
             Había ruinas.
Ahora me doy cuenta,
ahora me doy cuenta.

La generosidad, mal entendida.
La generosidad, desorientándonos.
Después la lentitud sondeó
que ese silencio no consiste
en no poder comunicar,
sino en no ser ya nunca comprendido.

Todo son copias del original
y pasas ágil por debajo
en la caída de los signos,
aunque hay algo que se olvida
cuando un extranjero es un extranjero
y la luz no se puede traducir.

Yo podría contarte que una tregua
no sabe la batalla
que libra cada uno,
y es frágil.
            Podría decirte
que nadie va a ayudarte
en una relectura.
No obstante estás muy vivo
y siempre lo estarás,
porque vives intensamente
para empezar de nuevo.

Concédete permiso
para esperar. Es un camino.
Y echar de menos,
una obsesión para los melancólicos.

Un moderno dragón

Mystery train

Nadie comprende la noche
y nada puede atravesarla
excepto tú
con este poema entre las manos.

Un tren es un dragón que grita en la oscuridad.
Al deslizar su cola esparce chispas
y perfora las sombras con su ojo amarillo.

La tierra tiembla cuando pasa…

Deja fragmentos o significados
para quien tenga una inquietud
y los recoja, deja
constelaciones de ciudades
en fuga: tu destino.

Carácter es destino
y una promesa íntima: no cambies.

No sé de dónde vengo,
tampoco adónde voy… pero ¿qué importa?
Quien sienta miedo nunca entrará en la leyenda.

Por eso vivo con el mito
de la amistad
atravesando la frontera
de esta página. Y aunque hoy esté
solo
me conmueve el abrazo que me aguarda
tras este largo viaje hacia el vacío.

Da igual si no te esperan
en un andén.
Yo seguiré
luchando
por la amistad, como una máquina,
a pesar de que el hombre,
como un animal fabuloso,
siempre muerda su propio límite,
y la melancolía nos deje

esta lágrima extraña
que llamamos historia.

Tren misterioso
por el camino
de este poema.

Tren misterioso hacia tu corazón.

Vivir aquí

No podía dormirme, oía
como asuntos pendientes, diálogos
entre sonidos y colores,
asociaciones de palabras
acercándose,
avanzando hacia mí.

La secuencia ya había comenzado
y les guiaba un extraño deseo
realizador, en los orígenes
de las mitologías
en legítima defensa,
desmintiéndose
cuando lo imaginario y lo simbólico
no se comprenden, no
coinciden, no
se corresponden entre sí.

Me gustaba perderme y encontrarme
con un libro en las manos.

No había tiempo para el tiempo,
desencadenado apenas
en el riesgo de descubrir
la realidad, la verdadera,
mostrando sus encías
de recuerdos encubridores,
la argolla
de esa única oportunidad
que es la esperanza.

Donde habita
la voluntad hay un camino,
afecta a la mirada
a otra escala,
se superponen las imágenes,
y me olvidaba de dormir.

Entonces
tuya es la soledad, tuyo el secreto:
me veía a mí mismo por el ojo
de la cerradura, testigo
de esa larga cadena
de los inconformistas
sabios, de unos itinerantes labios
camuflados en el arrabal,
y poseía la poesía.

Nada es lo que parece
y allí se alojan las sospechas
del entusiasmo
con sus recodos expresivos,
la lentitud
en estilo indirecto libre,
la claridad de los pasos que has dado.

Sí, mis pasos sembrad, id lejos.

Recuerdo las severas horas
de la autocrítica
y las perforaciones
de una conciencia que repite
ese estribillo
que piensa en alguien que en ti piensa.

Ya no tienen semblante los significados,
pero no llegarán a tu futuro
sin descomposiciones,
en ruta
y en un exceso de confianza,
porque la perfección
exige más que voluntad, memoria.

Hoy debe ser el día de los rodeos.

Por eso
ahí va mi insomnio
cargado de anticipaciones,
su representación
y su lectura desde el nudo mismo
para vivir aquí.


Juan Carlos Abril (Los Villares, Jaén, España, 1974) es catedrático de didáctica de la literatura en la Universidad de Granada. Ha publicado los poemarios «Un intruso nos somete» (1997), «El laberinto azul» (2001), «Crisis» (2007), «En busca de una pausa» (2018), agrupados en «Poesía reunida» (1997-2023) (2024), y «La vida no fue sueño» (2026). Su poesía reunida ha aparecido en México, Costa Rica, Argentina, Honduras, Ecuador, Guatemala y Perú. Ha editado la antología Deshabitados (2008), entre otras, y coordinado volúmenes y monografías sobre poesía española e hispanoamericana contemporánea. También ha traducido a Pasolini, Marinetti, Salgari, Michaux, etc. Crítico literario, destacan asimismo los ensayos «Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española» (2014), «El habitante de su palabra. La poesía de José Manuel Caballero Bonald» (2018), «Panorama para leer. Un diagnóstico de la poesía española» (2020) y «La tercera vía. La poesía española entre la tradición y la vanguardia» (2024). Comoacadémico correspondiente, pertenece desde 2022 a la Academia Hondureña de la Lengua, y desde 2026 a la Academia Nacional de Letras de Uruguay. Dirige la revista «Paraíso».


Carolina Zamudio. Periodista, poeta y ensayista. Master en Comunicación Institucional y Asuntos Públicos. Entre sus libros destacan, «La oscuridad de lo que brilla», edición bilingüe español/inglés, (Estados Unidos); «Rituales del azar», edición bilingüe español/francés, (Francia); «La timidez de los árboles», (Colombia); «Vértice», edición bilingüe español/italiano (Italia) y «Las certezas son del sol», (España). Premio Universitarios Siglo XXI del Diario La Nación y Corona al Poeta (Argentina). Creó y dirige la Fundación Esteros y la revista del mismo nombre, además de llevar adelante el Encuentro Esteros.