Marco Antonio Corcuera, el canto de los que no ven

«No te traiciones con ninguna lectura», dijo Marco Antonio Corcuera. En esa pequeña frase podríamos resumir a un autor preocupado por las formas clásicas.

Trina el pájaro ciego
Marco Antonio Corcuera y su diálogo
con la poesía española

Por Harold Alva

Cuando me preguntó qué poetas leía no dudé en responder: Bécquer, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado, Lorca, Alberti, León Felipe y Dámaso Alonso. Marco Antonio Corcuera sonrió y me obsequió Sonetos transitivos, su último libro. «Has empezado bien», me dijo. «No te traiciones con ninguna lectura».
Era 1995. Cuando me despedí abrí el poemario, un delicado trabajo que no me sorprendió por los sonetos, yo tenía diecisiete años y las formas clásicas era lo único que había asimilado en mi proceso de escritura. Conocía la obra de Neruda, de Paz y de Vallejo, pero ninguno de sus recursos me capturó o fueron afines a mi sensibilidad de adolescente. Me detuve sí en el prólogo: un texto de Luis Eduardo García, premio Poeta Joven del Perú 1985, en ese momento entendí el espíritu de aquel hombre preocupado en promover el trabajo de los más jóvenes. Entonces volví muchas veces a su casa de Santa Inés para escuchar con atención su devoción por Lope de Vega, por Góngora y Quevedo, era impresionante la facilidad con la que hablaba del siglo de oro español.
En su biblioteca del segundo piso los libros eran como árboles que despertaban mi inquietud por aprender de aquel caballero que no sólo había fundado la Casa de la Cultura de La Libertad, sino los emblemáticos cuadernos trimestrales de poesía que organizaron, cada cinco años, desde 1960, el histórico concurso El Poeta Joven del Perú.

Si acudimos a la didáctica propuesta del crítico Ricardo González Vigil, para entender los momentos del proceso literario de nuestro pasado siglo XX, por la fecha cuando empezó a desarrollar su actividad, podríamos ubicar a Marco Antonio en la generación del cincuenta. ¿Qué era el Perú literariamente hablando en aquel entonces? Habíamos superado la irrupción de las vanguardias que con Trilce (Vallejo) y con 5 metros de poemas (Oquendo), nos entregaron los discursos, primero de Martín Adán, y luego de César Moro y Emilio Adolfo Westphalen; cuyos cuerpos textuales fueron asimilados por los poetas que empezaron a publicar en la década del cincuenta. Poetas en su mayoría influenciados por el modo francés, por el surrealismo como puerta a la imaginación, a la captura del instante que solo cuando empezaron a tentar el equilibrio entre la espontaneidad y la pretensión estética de la imagen, volvieron a incorporar la creación como un proceso que exige técnicas, licencias y figuras. Pero el modo francés fue avasallado por el modo anglosajón.

En ese contexto, en nuestro país, fue notoria la división entre poetas puros y sociales. En un grupo: Varela, Eielson, Chariarse, Belli y, en el otro: Scorza, Rose, Miranda, Romualdo, Bueno, Valcárcel y, Marco Antonio Corcuera, al centro, concentrado en su actividad como promotor cultural, escribiendo poemas puros y sociales, para seguir con los términos de aquella división. Por eso, cuando aparecen los poetas del sesenta, que tuvieron en Marco Antonio el más visible de sus promotores, a pesar de que el discurso anglosajón fue transversal en casi todas las propuestas posteriores a esa década: el autor de Trina el pájaro ciego no se dejó invadir por la hegemonía del coloquialismo, todo lo contrario, resistió aferrándose a contracorriente, con una propuesta que tiene en la tradición española no solo su fuente sino su motivación.


Trina el pájaro ciego es el resultado de una escritura que ha hecho de Marco Antonio el más preocupado por las formas clásicas, acaso porque en sus lecturas a Lope de Vega, Góngora o Quevedo, entendió que el tiempo literario tiene otro curso y como me lo dijo bien cuando lo conocí no hay por qué traicionarse con los istmos. Esta antología es su reafirmación del yo poético, una acción para alcanzar un registro singular que se mantuvo de pie y que sobrevivió a la irrupción las vanguardias. Podemos abrir cualquier página del libro y reconocemos en él a un heredero natural de Juan Ramón Jiménez o de Antonio Machado, pero también el aliento de una música que empezó en el siglo de Pedro Calderón de la Barca.

                El sol ha de salir mañana en la mañana
               Sin saber nada de lo que ahora pasa

Dos versos de Los recuerdos lejanos, un poema publicado en 1940, cuya estrofa es un pareado o un dístico de rima asonante que confirma la preocupación española desde que empezó a lidiar, cuerpo a cuerpo, con el lenguaje. O el uso del terceto en este poema de dos estrofas:

               El agua debajo del árbol
               Él árbol debajo del cielo
               El cielo debajo de ti

               Las cosas sobre la tierra
               Mi pensamiento sobre las cosas
               Tú sobre mi pensamiento

O la destreza en el uso de la copla:

               Apenas sé lo que soy
               Y lo que soy no lo sé
               Si saber es ser, estoy
               Conforme con lo que sé.

Pero Marco Antonio no solo se detuvo en el verso popular, Marco Antonio fue hábil en el manejo de la cuarteta, podemos identificar en versos de arte mayor la pericia con la que salía bien librado de esta forma:

               Venías apagada dentro del fuego cierto,
               Mirando de la cumbre de tu pecho celeste;
               Fragmentando minutos en tus párpados quietos,
               Pintados en la tela vencedora del tiempo.

Y por supuesto la lira, aquella construcción que combina versos de arte mayor con versos de arte menor cultivada por Fray Luis de León, por Garcilaso y por Manrique.


Corcuera, gracias a la asimilación de estas formas, reescribió una tradición que lo eleva como uno de sus más notorios exponentes, pero el punto de quiebre se da en su elección por el romance.

               Cómo puedo expresarte lo que siento,
               lo que bulle en mi espíritu silente,
               lo que sale en mis labios y se queda
               como la nota rauda de un suspiro.

               Enjugación de penas,
               ir y venir de anhelos;
               cosa que se desprende
               y arranca en un tirón trozos de pecho.

               Nostalgias infinitas,
               suavidades de raso,
               sonidos de las músicas recónditas
               que hablan pasivamente mil secretos.

               Me comprendes, ¿no es cierto?

               Quisiera ser contigo
               inmensamente bueno.

Trina el pájaro ciego constituye un puente entre la más familiar de las tradiciones (la consonancia puntual del español) con el agudo sentir de un hombre que ruge la más universal de sus motivaciones: el esplendor del proceso de nuestra literatura, aquel reencuentro con la modernidad de quienes pusieron las bases para arriesgar con la tentación de la contemporaneidad, con el fervor de los istmos, con la secuencia irregular de todos sus lenguajes. MAC sabía que el tiempo es insuficiente, por eso lo detuvo con el magisterio que la lírica española le confió para trascenderse y trascenderla.



Marco Antonio Corcuera Díaz nació en Contumazá Cajamarca el 19 de noviembre de 1917. Es hijo de doña Teodosia Díaz Alfaro y del jurista Oscar E. Corcuera Florián. Fue hermano del también poeta Arturo Corcuera. Cursó los estudios primarios en el Colegio Centro Viejo hoy Pedro M. Ureña, Trujillo; y los secundarios en el centenario Colegio Nacional San Juan de Trujillo Promoción Luz, 1935. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Trujillo y Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 1940 obtuvo una Mención Honrosa en los Juegos Florales Universitarios de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, distinción recibida de manos de” El poeta de la juventud”, José Gálvez Barrenechea. En 1941 editó en la ciudad de Lima los primeros números de Cuadernos Trimestrales de Poesía, con un grupo de poetas conformado por Julio Garrido Malaver, Mario Florián Díaz, Luis Carnero Checa, Guillermo Carnero Hoke, Eduardo Jibaja, autodenominándose “Poetas del pueblo”. En 1950 editó en la ciudad de Trujillo, la segunda versión de Cuadernos Trimestrales de Poesía, conjuntamente con los poetas Horacio Alva Herrera, Wilfredo Torres Ortega, Carlos Humberto Berríos y Héctor Centurión Vallejo, tomando el nombre de Grupo de Cuadernos Trimestrales de Poesía.



Harold Alva (El Alto, Talara, Piura, abril de 1978). Escritor, editor y analista político. Dirige el Festival Internacional Primavera Poética (FIP Perú). Es autor de Lima, la épica del desastre (2012), Ciudad desierta (2014) y A tiempo completo (2020), entre otros libros. Ha participado como expositor en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil (Ecuador), Feria Internacional del Libro de Concepción (Chile), Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Argentina), Feria Internacional del Libro de Lima. Fue editor de la Revista del Foro del Ilustre Colegio de Abogados de Lima (2011, 2012. Actualmente dirige Editorial Summa, conduce el programa político Diálogo y debate por UCI Noticias y es director de Contrapoder, suplemento dominical del Diario Expreso.

Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.