Morir juntos, Luis Fernando Macías

Por Beatriz Villegas

Muchas muertes.
La trama sencilla de Morir juntos consiste en la vertiginosa investigación de la muerte de una pareja de ancianos que fueron atropellados por un carro fantasma, la mañana del 25 de octubre de 1995. Este caso se resuelve de un modo inusual, gracias al conocimiento que Aurelio, el investigador, alberga sobre ciertas teorías junguianas, emparentadas con la física cuántica.
El libro rompe con algunos esquemas preformados de las novelas policíacas o de género negro, como suele llamarse. Aurelio es un investigador poco convencional: es tímido, solitario, le gusta el ajedrez y apoya su teoría con sus conocimientos de Jung, su análisis se hace a través de aspectos psicológicos que trascienden los hechos escuetos. Cree firmemente en la teoría de la sincronicidad, según la cual unos acontecimientos suceden de manera simultánea y no necesariamente son causas o consecuencias en sí mismos.
La novela se compone de tres relatos que en principio no parecen tener ninguna conexión; pero la intención del autor es establecer unos hilos invisibles que afectan al investigador y lo llevan a poner su foco de atención en los hechos psicológicos de las víctimas y las circunstancias que llevan a los protagonistas a ejercer unas actuaciones poco afectadas y casi dentro de la inocencia.
La muerte se percibe a través del texto como una salvación ante la locura, contada mediante el drama de una chica sin esperanza, mediante la vejez de unos ancianos que se aman y no podrían vivir el uno sin el otro, de modo que mueren en el mismo momento en un accidente de tránsito, y mediante la enfermedad a través de un proceso biológico como la selección natural.
La investigación de la muerte de los ancianos le llega a Aurelio justo en este momento particular de su vida: él es un hombre en esencia bueno, pero ha matado; golpeado por el asesinato de su prima se vio sumido en una sucesión de hechos que lo involucraron en la decisión de una venganza que ahora lo atormenta. En su intento de huida de la culpa, se ve enfrentado a varios eventos trágicos que lo único que hacen es reafirmarle sus convicciones sobre la teoría Junguiana de la sincronicidad.
Es en este contexto en el que aparece la muerte como una aproximación a diferentes escenarios con distintos actores. Por supuesto, cada uno la vive a su manera, con diversas interpretaciones: La muerte de los dos ancianos que se aman por siempre, en medio de un suceso trágico como un accidente de tránsito, toma un giro inesperado como una muerte deseada y esperada, la compañía limpia y elemental, la convivencia sencilla de una cena que parece una epifanía de despedida, todo sugiere un camino común hacia la muerte, una ceremonia solemne del “para siempre” en el espíritu; la cena final presagia una despedida con la gratitud de haber sido felices. Además se percibe como un premio no haber asistido ni sufrido la muerte del otro.
Hay una imagen materna protectora que hace su arribo en una figura extrasensorial hacia su hijo al que sobreprotegió con el temor profundo que acarrea una maternidad añosa; el hijo depende de su madre y ese lazo se hace visible para la aclaración del hecho infortunado de la muerte de los padres viejos.
Hay otra muerte allí; la protección de la figura materna muere también y —por qué no— el sentimiento de celos hacia la figura arquetípica del padre que compite con el amor de la madre, hace intuir que muere también un enemigo inconsciente.
El asesino de los ancianos sufre a su vez una muerte de manera simbólica: es un muchacho bueno, lleno de sueños que comete un crimen culposo; de nuevo la sincronicidad que refuerza la teoría de Aurelio y remarca que el título de morir juntos es un acopio de muertes diversas.
En el desespero de Aurelio por su angustia, comparte una situación en la que dos sucesos se vinculan por el sentido pero de manera acausal; en medio del abatimiento, una chica toma una decisión fatal, en la que Aurelio no tiene responsabilidad alguna pero que en su fuero íntimo se reprocha, asiste sin querer a una situación decisoria para alguien, y este hecho lo marca en su propia muerte de hombre bueno, que mira a los ojos de su víctima que implora una misericordia y no hay perdón posible en la venganza. La marca de Caín es suya y su muerte simbólica está rodeada del aturdimiento y la desazón.
Aurelio asiste también a otra muerte que desde el punto de vista biológico es un suceso natural de selección en una pecera ornamental, y un hecho sencillo de un pez enfermo que es devorado por sus similares “en un orden que todo lo equilibra”, una muerte sencilla de un pez tiene toda la dimensión de la armonía del universo.
De modo que los ancianos mueren, muere el espíritu de Aurelio como hombre bueno, muere una chica de un night club, mueren los sueños de un chico, muere un pez, esta es la conjunción de varias muertes y así el título se justifica: morir juntos en una sincronía inexplicable.


Luis Fernando Macías. Narrador, poeta, ensayista y editor. Director de Esteros, Revista Literaria.


Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.