El primo y el timo, Emilio Alberto Restrepo

Por Wilfer Pulgarín

Cuando mi padre quebró y desapareció de casa, a los pocos días nos visitó un detective, supongo que del extinto y siniestro F2. En mi memoria quedó registrado como un tipo malévolo, alto, con un revólver plateado en la cintura y peinado con gomina hacia atrás. Desde ese entonces odio y temo a los sujetos que se parecen a Carlos Gardel. De eso hace 45 o 50 años, quizás. Tal vez lo del arma de cacha blanca sea una invención del hipocampo de mi cerebro, pero el recuerdo igual me produce escalofríos.
La quiebra es un tema recurrente en las conversaciones de madre, que culpa a las sinvergüenzas de los desaparecidos lupanares de Guayaquil, el barrio de tolerancia, y a dos parientes de la bancarrota de su esposo, de que hubiéramos tenido que vender la casa construida con tanto esfuerzo, de emigrar a Venezuela y volver a Colombia y de no tener tanta plata como la tía X y no vivir tan holgadamente como el tío Z. Y sé que aquel viejo demonio era un detective porque ella nos lo dijo a mí y a mis hermanos después de que lo vimos, acompañado de un ex socio de mi papá, husmear como un orco entre las ventanas enrejadas del lugar donde alguna vez fui feliz.
De esa historia me acordé por Joaquín Tornado, un investigador privado que es todo lo contrario de aquel enemigo de mi niñez. Tornado compra su ropa en el mercado popular de “El Hueco”, viaja en el Metro de Medellín y toma trago barato en una de las tiendas de cualquier esquina. Lo vemos a diario, pero no lo distinguimos, porque es paisaje, como usted y como yo. Es un ser ordinario que puede llevar una automática cerca de la axila, pero que parece ser tan inofensivo como un vendedor de aguacates que empuja su carretilla por una loma a pleno sol, aunque no garantizo que lo sea.
Tornado es un personaje de ficción, digámoslo de una vez, creado por el escritor antioqueño Emilio Alberto Restrepo, un médico eminente de Medellín, que desde comienzos de este siglo decidió reducir consultas y cirugías para extraer de las entrañas de la literatura a un investigador privado que no tiene la pose romántica de Humprey Bogart en la encarnación de Philip Marlowe y Sam Spade, los máximos protagonistas de la novela negra americana, creados por Raymond Chandler y Dashiell Hammet, respectivamente, pero que, como estos, se alimenta de las miserias ajenas y olfatea en las alcantarillas para que alguien que confía en él logre reconciliarse con su concepto de verdad o de justicia; aunque como dice su autor, no considera que esto sea un pecado, pues “todos los escritores contemporáneos de policial han bebido de la influencia de estos autores clásicos” “
Este don nadie, que se perfila como el principal detective de ficción de Medellín, comenzó a patear las calles de la ciudad en 2013 en “Un asunto miccional y otros casos de Joaquín Tornado, detective”, una recopilación de cuentos iniciáticos de Restrepo. Cinco novelas después, lo volvemos a encontrar en “El primo y el timo”, un relato de largo aliento y múltiples circuitos, publicado bajo el auspicio de la editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana, que ha tenido la lucidez de ofrecer a los aficionados de novela negra la valiosa colección de Policías y Bandidos, donde destaca el trabajo de Restrepo y de otros escritores como Memo Anjel, Verónica Villa, John Saldarriaga y Luis Fernando Macías.
Con su certeza de ser invisible, Tornado recompuso la estampa del primer detective paisa que conocí y que me pareció más emparentada con la de un asesino a sueldo que con la de investigador privado del lado del bien y de la justicia.
Eso en el terreno de lo personal, en el literario hay que destacar la saga de Tornado como un esfuerzo serio de escribir novela negra en Colombia de manera profesional y sistemática, con un autor que, a pesar de las tentaciones comerciales, no se deja arrastrar a la caldera de la violencia metalúrgica donde se mezclan resentimientos políticos ancestrales, narcotráfico, práctica sicarial e indigencia social.
“Llevo quince años gastando las calles de la ciudad con mis zapatos. Me la conozco de memoria, el norte, el sur, los barrios, las lomas, el día, la noche. He robado luz a sus neones y decibeles a sus ruidos que, en ciertas horas, son como un rugido, y, en otras, me recuerdan una selva sigilosa, lista para el zarpazo. Me he percatado de todos sus humos, de sus olores y mi piel se ha insolado por el rigor sin tregua de la canícula del medio día y ha tiritado con la escarcha de sus fríos en la madrugada. No termino de impresionarme al darme cuenta de que siempre descubro algo nuevo, que hay algo que me sorprende, algún tipo de maldad que desconocía, alguna nueva forma de desplumar al prójimo o de timar al Estado o de brincarse las leyes y hacer de la norma algo prescindible y desechable”.
Ese párrafo autobiográfico, extraído de la introducción de la también recomendada novela “El abrazo de la viuda negra”, es fundamental para saber y entender quién es Tornado que, en “El primo y el timo”, cobra relieve dentro de una literatura bien lograda en estructura narrativa, caracterización de personajes y depuración del estilo. Restrepo logra aquí una historia redonda, simétrica, minuciosamente cuidada en los detalles (como debe corresponder a un escritor de profesión ginecólogo y laparoscopista), sin costuras, capaz de involucrar y sorprender al lector que pregunta “¿Qué diablos está pasando aquí?”. O por lo menos en lo personal lo hizo, a mí me sorprendió, pues en el juego de ingenio que plantean los escritores, debo reconocer que cada nuevo giro (y hay varios) me tomó por sorpresa porque nunca lo vi venir, guardando la transparencia de no recurrir al juego sucio que delata falta de imaginación. Porque de eso sí le sobra, así como conocimiento de la ciudad y de la estructura interna y funcionamiento de las bandas criminales, tanto como de la condición humana en sus variantes más repelentes, la envidia, la ambición desaforada, la traición y la deslealtad.
El “primo que come primo” es el leitmotiv para desnudar la falta de escrúpulos de un pícaro que hace un túnel en el corazón de un pariente para llegarle directamente al bolsillo y dejarlo sin patrimonio. Esta estructura revienta y los efectos secundarios son devastadores y uno termina la novela con un sabor agridulce, entre abatido y regocijado, pero contento de ver las tramas y las subtramas bien cerradas, conducido por un lenguaje divertido y cínico, sello de los clásicos de la novela negra, del que Restrepo es un aventajado expositor. Pienso que es una grata experiencia de lectura, no solo para los amantes del género negro. Lo pude constatar en una lectura familiar, en donde se valoraron sus varias facetas: literatura urbana, novela de personajes, género de acción y hasta la picaresca, tema que ha tocado el escritor en algunos otros de sus libros.
Acerca de la colección POLICÍAS Y BANDIDOS, de la Editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana, hago notar que maneja el concepto de novela de personaje, de saga, en donde cada autor da continuidad a una serie continua de casos con los mismos protagonistas que se suceden libro tras libro, año tras año. Un loable esfuerzo que merece ser destacado en un medio editorial un tanto timorato y conservador y obsesionado por las ganancias y los rendimientos. Aquí se nota que la recompensa es la satisfacción del lector y la reivindicación de la literatura de entretenimiento de buena calidad.


Emilio Alberto Restrepo. Médico Ginecoobstetra, con especialización en Laparoscopia Ginecológica avanzada. Escritor de varios libros y artículos científicos. Conferencista. Columnista de varios medios. Ha publicado: Textos para pervertir a la juventud poesía (Dos ediciones), Los circulos perpetuos novela (Cuatro ediciones), El pabellón de la mandrágora novela (ganadora de la III convocatoria de becas municipio de Medellín 2005. dos ediciones), la milonga del bandido, novela. Ha participado en varias antologías de cuento y crónica (entre ellas Antología comentada del cuento antioqueño, 2da ed. u de a., seleccionada por Mario Escobar velásquez. la novela “Qué me queda de ti sino el olvido”, fue ganadora del Concurso de novela Talentos ciudad de Envigado, 2008. en 2010 la Universidad CES publicó la novela Crónica de un proceso. en 2012, Ediciones B publicó un libro con 2 novelas cortas de género negro: Después de Isabel, El infierno y ¿Alguien ha visto el entierro de un chino? en 2013 el ITM lanzó la colección de cuentos sobre su detective privado, Un asunto miccional y otros casos de Joaquin Tornado, detective.


Wilfer Pulgarín. Periodista y escritor.

Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.