Boris Rozas (Poesía)

Presentamos una muestra poética del libro «Después de Bambi» (Valparaíso, 2026), obra más reciente del reconocido poeta argentino-español Boris Rozas: una voz que explora con precisión y belleza los atemorizantes pasadizos de la memoria, la ceniza de las cosas que parten y la intemperie humana.

por Carolina Zamudio


Gringos


Gringos luciérnaga que manejan sus viejos autos
desde lo que les resta del miedo,
siguen caminando entre sueños
por los valles de Baja California,
las corrientes del Pacífico
parecen empujarles en direcciones opuestas.
La canción de la langosta
ruge suavemente en la ensenada,
niños con las mejillas coloradas
por el sol de Tijuana
arden por la espalda,
menudean al alba como ratas canguro
tras los billetes de dólar,
recogen fruta con las manos abiertas,
cavan y cavan,
separando el saguaro de la raíz del gusano.
De fondo, el jolgorio engañoso
de las chozas
se encoge ante la presencia
del fusil de asalto,
apenas un callejón para tomarse su tiempo
volver al trabajo
con el delantal de la mano, el cigarro
en la otra, terminar el día en la Pall Medical
extendiendo recetas
a los jubilados de la guerra,
brazos en cruz frente a la Laguna
de Hanson
en alguna noche que duela menos.

Golden Sauna

El joven rico que se hospeda con nombre falso
mientras tararea billetes de cien,
yo no lo soy salvo en escasos sueños,
pero le puedo vender mi apellido,
aunque es blanco y no lo necesita.
Lleva un enorme collar de oro, camina en círculos
como quién va y viene en su cárcel de órganos,
recita a Bob Kaufman a pan y agua,
sin esnifar siquiera cabello de diablo.
Los burdeles son ladrones
de tragedias solistas
en la franca minoría de la militancia poética,
arribistas que vienen a curarse
con rayas y neones,
tráfico de sacudidas
para ayudar a encajar los calendarios.
Ha doblado la esquina
pisando sobre la alfombra de la noche,
sigue sin acordarse de su nombre,
el cartel habla de espectáculo
en los cuartos de baño
hay cámaras
nunca hubo alimento en esta casa,
sí zumo de bancos, Biblias
y solsticios.
América, yo no te perdono.
Si vuelas por los aires los buitres arderán
y rebotarán en el techo de las saunas
para tipos blancos,
a menos que el tiempo
lance de nuevo la primera piedra
y volvamos todos a comernos
las uñas.

Larry Mullen

El fuego pernocta y sobrevive en los restos
bajo el puente no existen nombres
ni ropa de marca,
agujeros negros de sangre caliente,
bosques densos
por los que transitar de noche,
dinamitar la vena en piedra forjada
por un nativo de tez oscura,
muñecas que brillan en la oscuridad
tratando de alcanzar
el reino prometido.
Olor a piel marcada, labios que se deslizan
uno sobre otro
hasta morder las tarjetas de visita;
tras estos muros el río es navegable,
la patria un pájaro que tiembla
en una reunión de alcohólicos anónimos.
Una vez te dije en voz baja
que sería Larry Mullen en Berlín Este
sonriendo bajo el sudor de las notas,
espérame con un ramo color calcita
en Cornavin,
imagina la escena:
puedo dejarlo sin hincarme
de rodillas
vaciarme en el pasto
como un arroyo,
imaginar la muerte con otro atuendo.

Rodeo

De aquella raíz
esta escopeta recortada que se pasea escarbando
como un perro guía,
pregunta del millón con el pelo recogido,
¿para qué sirve la noche,
si tras ella no hay sino una patrulla
con las luces encendidas?
así que haz un movimiento en falso
y eres un hombre muerto
de cabello negro y ojos verdes.
La canción del alfil de Miguel Arteche,
con su blanca mano
la maleza, para qué nos sirve la noche,
si tras ella no hay más
que este ardid de escaleras
y fuego.
Así como esa trama se contrae
con la voz ante el gatillo,
la ceniza recorre el puente
para dejarse caer
sobre el río.

Niños del Zoo

Hay dos colas para lanzarse
por este desfiladero:
una, la de los huérfanos, tullidos, enfermos,
enfermos mentales, desahuciados, morosos,
aquellos que lo fueron dejando…
Otra, la de los arrepentidos en el metro,
los suicidas,
las niñas violadas, los ladrones,
los que no escogieron,
los artistas…
No seré yo quien te obligue
a habitar la vida,
pero acostúmbrate a la velocidad
y finge encontrarte
en aquel banco
junto a las ausencias.


Boris Rozas. Buenos Aires, Argentina. Es un poeta argentino-español residente en España y autor de más de veinte libros de poesía. Su obra explora la memoria, el desarraigo, la precariedad y la experiencia cotidiana desde una voz sobria, melancólica y contemporánea, atenta a quienes habitan los márgenes y las formas de resistencia de la vida común.
Ha obtenido numerosos reconocimientos literarios, entre ellos el VI Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez de Coral Gables por Wes Borland aprende a tocar de oído. En 2026 publica Después de Bambi con Valparaíso Ediciones, un libro que recorre la intemperie contemporánea a través de temas como la violencia, la paternidad, la memoria y la fragilidad de los vínculos humanos


Carolina Zamudio. Curuzú Cuatiá, Argentina, 1973. Poeta, narradora y periodista. Directora de la Fundación Cultural Esteros. Publicó los poemarios «Seguir al viento» (Argentina), «La oscuridad de lo que brilla», edición bilingüe (Estados Unidos), la antología «Doble fondo XII», junto a Víctor López Rache (Colombia), con el título «Rituales del azar», y las plaquettes «Teoría sobre la belleza y otros poemas» (Argentina) y «Las certezas son del sol», (Argentina). Periodista y Magíster en Comunicación Institucional y Asuntos Públicos. Fue incluida en antologías de Argentina, Colombia, España, Estados Unidos e Italia. Ganó el Premio Universitarios Siglo XXI del diario La Nación. Condujo el ciclo radial “Los libros no muerden”. Trabajó por más de quince años en la Argentina como periodista gráfica y radial. Residió en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos; Ginebra, Suiza, y Barranquilla, Colombia, donde vive en la actualidad.