Circe Maia: Una voz a través del tiempo

Presentamos un ensayo sobre la poesía de Circe Maia y un diálogo que se sumerge hasta las profundidades de la lengua, el pensamiento poético y su filosofía. El poeta brasileño Floriano Martins conversa con la imprescindible poeta uruguaya —reciente ganadora del premio Federico García Lorca— y el crítico Gerardo Ciancio analiza su obra.

Por Gerardo Ciancio y Floriano Martins

La poesía de Circe Maia: ese extraño ser de la belleza. Apuntes de una conferencia

-¿Puedes pensar un árbol
en el que nadie piensa?
Piénsalo en un desierto.
-Ya lo pienso.
Pues entonces, ¿qué es ese árbol
sino tu pensamiento?

C.M.[1]

1.

La poesía de Circe Maia realiza una cala profunda en el pensamiento, en la-conciencia-de-las-emociones, en las trazas de la memoria, en los modos y las huellas de nuestras percepciones, en el entorno inmediato que se ahonda al mentarlo y se vuelve sobre sí para decirnos de una realidad otra («la ajenidad del mundo»; dice la poeta, «la experiencia de ajenidad puede darse como la imposibilidad de abarcar todos los aspectos de la realidad»), de una cierta imposibilidad de abarcar y comprender lo que se nos presenta como «real», en las especulaciones sobre el tiempo (uno de los tópicos centrales en su obra poética), en la ironía del lenguaje, limitada caja de herramientas que media y/o escatima eso que se intenta referir, en las voces de los otros poetas en tanto intertexto explícito o resonancia y eco «detrás» del poema. Una poesía escrita como en un tono «menor», sin altisonancias ni emboscadas del lenguaje, con una enunciación, por momentos, conversacional («hay mucho de conversacional y de delicado balbuceo en su escritura» afirma María Teresa Andruetto[2]), donde se establece un diálogo, un «puente» inmediato con quien lee. Cada poema de Circe repica en los oídos y en la conciencia, de forma tal, que siempre, luego de su lectura, quedamos sumidos en un punto de reflexión, no exento de belleza, en un ensimismamiento intransferible, donde lo que al principio era cotidiano, inmediato, familiar, se torna un motivador de pensamiento.

Es importante aclarar en este punto que la propia poeta (Circe es también profesora de Filosofía y traductora) establece ciertas diferencias y convergencias entre el pensamiento poético y el pensamiento filosófico, aunque admite que ambos (el poeta y el filósofo) apelan a la intuición, a la imaginación y a las imágenes para elaborar sus argumentos y/o enunciados estéticos, y sus fronteras disciplinarias, retóricas y discursivas se tornan, muchas veces, imprecisas, borrosas, indeterminadas.

En un trabajo publicado en 1996 donde desarrolla estas ideas[3], Maia propone diversos ejemplos de la historia de la filosofía, pero evita las generalizaciones y plantea la duda:

«Da la impresión de que la imagen en los filósofos fuera ilustrativa de un concepto, mientras que el poeta, en realidad, ‘piensa en imágenes’, como ocurre con el pensamiento de los sueños… ¿está ahí la diferencia?»[4].

Estas dificultades, metodológicas y de fondo, para establecer los límites entre ambas formas de pensamiento tiene ciertas excepciones. Por ejemplo, en un trabajo publicado en 1997, Circe escribe: «Platón, en el fondo un poeta, pensaba a menudo por imágenes».[5]

En su práctica poética, la filosofía forma parte del entramado discursivo, ya sea como disparadora del poema a partir de un cierto texto escrito o una idea acuñada por un filósofo, ya sea como sustrato de pensamiento que habilita la reflexión y provoca una lectura que no se clausura con el poema, una lectura espiral que retorna e inunda de perplejidad nuestra conciencia. Ahí radica la singularidad y la (compleja) belleza de su poesía: con una sintaxis y una selección léxica accesibles (ni la agramaticalidad como recurso retórico ni las palabras «extrañas» predominan en su escritura), con un diseño rítmico que fluye en el «decir» (la rítmica y sus efectos «musicales» son una preocupación constante de la poética circeana), con un «mundo» referido en el poema que se nos vuelve reconocible, que está «a nuestro alcance», la voz lírica nos instala, casi sin darnos cuenta mientras se desarrolla el poema, en los temas que aborda la filosofía desde la antigüedad clásica, como por ejemplo, el Ser, la Nada, el Tiempo, la Realidad, el Infinito, el Lenguaje, la Muerte, el Mundo.


2.

Hace algunas décadas, Circe Maia ofreció una conferencia en la que intentaba explicar, considerando «la doble experiencia de todo creador, vital y poética», las complejas relaciones de la realidad (en su unidad y en su pluralidad, «un oscuro problema filosófico que no podemos tratar conceptualmente, sino en el modo de pensamiento propio de la poesía, el pensamiento por imágenes», dijo la poeta en esa oportunidad ) y la poesía, de lo real y la imagen, de la realidad y la temporalidad, de los límites de eso que denominamos «real» («la idea de la limitación necesaria de toda experiencia humana», afirmó Maia, en el cuerpo de la conferencia). Para iluminar sus reflexiones, a medida que desarrollaba los temas propuestos, iba ejemplificando con sus poemas escritos a lo largo de casi cuarenta años.[6]

Allí explicaba que si bien parecería que existe, en términos relativos, una cierta unidad entre lenguaje y ser, «el poeta siente muchas veces que esa unidad se debilita, que hay como una inadecuación del lenguaje para expresarla; que ella, la realidad, es más fuerte, más densa que las palabras», y más adelante afirmaba: «la relación entre realidad y palabra es entonces profundamente inestable: el que escuche o lee encuentra de pronto opaco, sin resonancia, lo que antes parecía pleno de sugerencias».

Ese desencajamiento realidad/lenguaje, ese «desencuentro entre realidad y lenguaje», la dificultad que supone transmitir experiencias («la experiencia de todos los días, la experiencia común, se da a través del lenguaje cotidiano, que es a veces incoloro, pero otras veces muy expresivo» dice la poeta) utilizando nuestro dispositivo verbal, lo expresa Maia en varios poemas. En esta oportunidad, eligió dos a modo de ejemplo: el conocido Junto a mí del libro «Presencia diaria» (1964) y Cosas publicado en «El puente» (1970).

Esas experiencias vitales (más o menos cotidianas, más o menos extraordinarias), adquieren, en el poema, diversas formas de expresar y «experimentar el ahondamiento, la nueva intensidad que adquiere la experiencia vivida en ciertos momentos». La voz poética podrá manifestarse desde un nosotros, desde «el yo y el tú, permanente base de la poesía lírica», o bien «en el yo solo, enfrentado a la inesperada irrupción[7] de algo que lo sobrecoge, que lo sobrepasa». A modo de ejemplo, la poeta cita el poema Raras visitas del libro «Dos voces» (1981), donde lo que irrumpe es «el extraño ser de la belleza» según leemos en el verso que cierra la primera estrofa. Lo bello como experiencia da lugar a lo bello como arte, cuando ese «fugaz visitante» se nos «aparece» puede dar paso a la experiencia estética, a la escritura del poema.

Sabido es que una de las obsesiones, motivo recurrente, en la obra poética de Circe Maia, radica en las «formas» de ver y en las «maneras» de mirar, es decir, los modos de percepción («la percepción es una puerta que la poeta explora en toda su complejidad», plantea Carina Blixen[8]) y cómo se produce sentido a partir de la(s) mirada(s), de sus «efectos» sobre lo mirado, la aprehensión variable del mundo variable, ya que «cada poeta tiene su propio modo de mirar a través de las cosas que nombra en sus poemas». Y a continuación agrega: «Aún las mismas cosas –árboles o ríos– nombrados en periodos diferentes del tiempo, tienen significados muy distintos». Y más adelante: «Hay experiencias vitales radicalmente diferentes en cuanto a la sensación de unidad con la naturaleza o apartamiento y ajenidad».

Para ejemplificar este aspecto, la poeta propone la lectura contrastada de sus poemas Donde había barrancas, texto que abre la serie Voces y es el primero del libro «En el tiempo» (1958), e Imagen final, el primero de la serie de seis poemas que conforman Poemas de Caraguatá del libro «Dos voces» (1981). El río Caraguatá, el otro, el mismo, la poeta que experimenta, es ella y otra diferente en el tiempo, las miradas sobre el paisaje, sus representaciones, sus formas de «comprenderlo» son distintas. Otro tanto podría suceder con los paisajes del departamento de Paysandú que la poeta «mira» y «recupera» en su poesía adulta, diferentes a los paisajes sanduceros (re)presentados en su obra adolescente como ocurre en la serie de ocho poemas de la sección El viaje a Laureles (Campos de Paysandú) del libro «Voces del agua» (2020).

Una fenómeno similar frente al objeto[9] (uno y diverso, «que se vuelve inagotable, misterioso», acota Circe) ocurre en el poema Múltiples paseos a un lugar desconocido (1981), considerando que ese lugar es la Laguna de la Lavanderas, paisaje muy «reconocible» para los tacuaremboenses y sus visitantes asiduos (en mi caso la visitaba todas los fines de semanas, en largas caminatas, luego de ofrecer un taller literario en la ciudad de Tacuarembó durante tres años, ámbito al que, en algunas oportunidades, concurrió Circe). Como plantea el texto, «la laguna escapa/ invisible, invisible, desnuda de miradas / envuelta en sus altos árboles guardianes».

Gerardo Ciancio

[1] Tercera estrofa del poema Conversación entre Hylas y Filonous (De Berkeley) hallable en la segunda parte titulada «Voces» del libro de poemas de Circe Maia, «Dualidades» [2014], segunda edición, Montevideo, Rebeca Linke Editoras, 2017, p. 76

[2] «Un modo disidente de estar en el mundo», en Circe Maia, La pesadora de perlas. Obra poética. Conversaciones con María Teresa Andruetto, Córdoba, Vientodefondo, Segunda edición ampliada, 2023, p. 19.

[3] Al año siguiente, publica, en ese sentido, el ensayo titulado «Literatura, filosofía: fronteras imprecisas», Boletín de la Academia Nacional de Letras, Tercera Época, Nº 1, julio-agosto de 1997, pp. 5 -15.

[4] «Filosofía, Poesía: modos de pensamiento», publicado originalmente en el semanario Brecha, Montevideo, 12 de enero de 1996, integra el volumen de ensayos de Circe Maia, La casa de polvo sumeria, sobre lecturas y traducciones, Montevideo, Rebeca Linke Editoras, 2011, p. 132

[5] “Bestias y zafiros”, publicado originalmente en Diario de Poesía, Buenos Aires, 1997, integra el volumen de ensayos de  Circe Maia, La casa de polvo sumeria, sobre lecturas y traducciones, Montevideo, Rebeca Linke Editoras, 2011, p. 37

[6] Poseo la copia de un documento mecanografiado de dieciocho carillas formato A4  que  fue el texto base de esa conferencia y que, según tengo entendido,  aún permanece inédito. De este extraigo las citas que aquí figuran. 

[7] Esa forma de presentarse o irrumpir «lo inesperado» en nuestro campo perceptivo, en nuestra conciencia, tiene también su correlato con «algo impredecible, algo sorpresivo, que aparece durante el proceso mismo de la creación de un poema», según expone Maia en «El poeta, su poesía», prólogo al libro Poems/ Poemas del escocés Robin Fulton, cuya traducción y prefacio estuvieron a cargo de Circe Maia (Montevideo, Rebeca Linke Editoras, 2013, p. 8)

[8] Carina Blixen: «Circe Maia: constelaciones», en Circe Maia. Palabra en el tiempo. Estudios sobre su obra, Montevideo, APLU – Rebeca Linke Editoras, 2021, p. 34

[9] “A veces puede el pensamiento apoyarse fuertemente sobre un objeto sin importancia, esa blusa colgada fuera, por ejemplo, como quien apoya la punta de un compás y gira luego.” Así comienza el poema en prosa “Blusa” del libro Destrucciones [1987], en Circe Maia,  Obra poética, Montevideo, Ediciones Biblioteca Nacional – Rebeca Linke Editoras, 2007, p. 279

Donde había barrancas

Otra vez se levanta de la memoria el golpe
del remo contra el agua. Brilla el arroyo y tiemblan
las hojas en la sombra.
Miran ojos risueños, pelo mojado. Arriba
azul y sol y azul. .. Mira los troncos negros
y rotos, oye el agua.

Tibia madera siento todavía en la mano
y a cada golpe sordo que da ahora mi sangre
se vuelve a hundir el remo en verde frío y algas.

Un tallo firme y verde venía enero alzando.
Y venían del viento, del amor, y venían
de la vida,
alas rojas y en vuelo, los días del verano. Rema, remero,
y no escuches el golpe
negro, del remo.
El golpe corta trozos cortos de tiempo,
trozos iguales, casi relojería
y se piensa que adonde se van cayendo
un golpe y otro golpe junto al vuelo del día.

Mira que se ennegrecen las blancas horas
y de querer pararlas ya casi duelen,
Caen al alma fríos y de ceniza
los golpes que en el agua dieron los remos.
Y atrás se ve la cara tersa del río
el rostro del verano, azul y liso.


Junto a mí

Trabajo en lo visible y en lo cercano
–y no lo creas fácil–.
No quisiera ir más lejos. Todo esto
que palpo y veo
junto a mí, hora a hora,
es rebelde y resiste.

Para su vivo peso
demasiado livianas se me hacen las palabras.


Raras visitas

Puede ocurrir, —y a veces con frecuencia— que
uno se sienta como despellejado
sin la barrera de la piel, en contacto directo
en carne viva, a nervio desnudo
con el extraño ser de la belleza

¿Qué hacer? Es necesario
recibir al fugaz visitante
con cierto disimulo.

¿Qué diría la gente
si nos viera caer de rodillas -¡y dan ganas!-
por tres gotas de música
por un tono perfecto
por una línea pura?


Poemas de Caraguatá

I
A la hora final
cada uno tendrá su pequeño paisaje
para borrar con él esa penumbra
de habitación de enfermo.
Este trozo de río no está mal, por ejemplo,
para guardarlo así: las costas verdes
rodeándolo, brillante, silencioso.
Y son dos movimientos:
mientras el bote avanza
sin ruido, hacia delante,
la imagen, al contrario,
va hacia atrás, silenciosa,
abriendo el pensamiento
y ancla profundamente.
Cuando toque soltar amarras
de una vez para siempre
el viajero no habrá de ver los muros
–frascos, cama, remedios–
sino este río inmóvil
bajo la luz del sol, resplandeciente.

II
Pequeños paraísos imperfectos
y aún así, aún así, paradisíacos
instantes frágiles.
Rodeado a ciertas horas por extrañas
perfecciones de corta duración, de imprevista
llegada, sorprendido
por un tono de luz inesperado
que alumbra el aire inmóvil.
(De los árboles sale olor de lluvia
un olor de humedad y de madera)
Suspendida en el aire
una hoja de sauce tiembla y gira.
Una tela de araña la sostiene.
La tela es invisible.
La hoja es como un signo
amarillo en el aire
y gira.

III
Varios relojes invisibles miden
el pasaje de distintos tiempos.
Tiempo lento: las piedras
vueltas arena y cauce
del río.
Tiempo
de estiramientos:
despacioso, invisible
el reloj vegetal da la hora verde
la hora roja y dorada, la morada,
la cenicienta.
Todas acompasadas, silenciosas
o con un son oscuro, que no oímos.
Apoyado a la vez en roca y árbol
un ser de parpadeos y latidos
un ser hecho de polvo de memoria
está allí detenido.
Y quiere penetrar disimuladamente
en otro ritmo, en otro tiempo
ajeno.

IV
Cabeza y cola de un celeste
brillo metálico.
Cuerpo y alas finísimos.
Vuelan de a dos, sin ruido.
Las ramas crujen bajo el pie. Zumbidos
de otros insectos, gritos agudos de los pájaros
rumor del agua y del follaje, viento.
Aun cerrando los ojos, todo existe.
Es un ruido, un olor de tierra y agua
un frescor en la piel…
Solo ellas solas
se dan solo a los ojos, fugazmente.
Pequeño, fino vuelo silencioso
celestes rayas rápidas.
Aquí y ya no. Ahora y ya no más.
Libélulas.

V
Río y monte cubiertos de niebla
ingresan fácilmente en lo «ya visto»
se vuelcan sin conflicto en el recuerdo.
Vienen ya tan modestamente
descoloridos! Tan apenas
anuncian su presencia. Nada imponen.
Sugieren vagamente,
sin mayor convicción, como si hablaran
–lenguaje de la niebla– a medio tono.
Claro que pueden despertar angustia
pero solo al querer forzarlos, revelarlos.
Déjala así. Acepta esta luz blanda.
Deja a la venda húmeda que toque
el ojo herido.
Déjala.

VI
Nada alto, filoso ni blanco.
Sólo estas verdes lomas, esos conos truncados
que parecen mostrar murallones y ruinas.
Se sube así nomás, no es una hazaña
trepar allí donde se ve en redondo
un horizonte circular remoto.
El verde fuerte asalta.
Atropella el azul. Estás parado
en el centro del día transparente.
Estás vestido de una luz redonda.
El aire te sostiene.

Entrevista de Floriano Martins a Circe Maia

La clave de un enigma poético se puede encontrar en la imagen oculta de un poema. Una imagen que se revela tanto a través de la escritura como de la lectura. En este sentido, creador y lector son cómplices, aunque siempre encuentren significados diferentes en su aventura de creación y lectura. Así lo defiende la poeta Circe Maia (Uruguay, 1932): «Lo que yo trato de lograr es la transparencia, no la opacidad. Si esta aparece, es muy a mi pesar y tal vez la sintaxis tenga algo que ver, pero no lo había notado». Por supuesto que difícilmente el creador encuentra visible esa opacidad, aunque Circe recuerde la sensación de un intenso disfrute al leer algunos textos que nos conmueven, textos en los que el lenguaje parece adquirir una temperatura, una densidad especial. Cuando esto pasa es que alcanzamos la transparencia, lo que puede cambiar, fatalmente cambia, entre la experiencia de crear y leer. Ella misma esclarece, al decir que «crear es una respuesta al acto previo de leer a otros poetas y de vivir alguna experiencia vital que parece incitarte a escribir». Ahí está la clave: la «experiencia vital» del lector será siempre otra. Estas palabras de Circe Maia fueron buscadas por mí en una entrevista que ella ha dado a Ignacio Uranga, un sencillo diálogo donde la poeta uruguaya habla de la creación que sabiamente considera como «un viaje de regreso desde lo que se ha vivido y lo que se ha leído».

En 1996 nosotros nos encontramos a través de un breve cambio de cartas, entrañable correspondencia que resultó en una entrevista que ahora trato de aquí reproducir. Me había hablado de ella el traductor brasileño José Paulo Paes, responsable de la entrada en Brasil de una antología aún insuperada de poesía griega contemporánea. Los dos se conocieron en uno de sus viajes a Grecia. Me dijo Paulo Paes que le había llamado la atención su inquietud espiritual, una persona llena de vida y con los ojos encendidos ante todo ese mundo mágico. Así como Odisea Elytis sostenía que «detrás de cada cosa hay otra cosa», en mi diálogo con Circe Maia también tuve la impresión de que detrás de cada mirada o reflejo suyo, había otro reflejo y otra mirada, siempre dispuestos a aparecer, para llevarnos a otro momento. No es de otra manera que leo su propia poesía, como un torrente de sugerencias que emergen del poema a medida que lo leemos. Como en el fragmento inicial de este poema donde nos dice: «Hay una / sensación de que los días pasan / a más velocidad y que no hay tiempo / de muchas despedidas. O en este otro hermoso poema titulado «Raíces»: Hoy de mañana / tuvimos que arrancar unas hierbas / que creían por todas las ranuras. / Se arrancaron las hierbas / y quedaron al sol temblando las raíces / como sorprendidísimas… ¿y esto? / ¿De lo oscuro a lo claro en un instante? // Muerte invertida, rara: / de la tierra cerrada y ciega / al ojo azul, que todo lo traspasa. / / Abrirse a todo aire: perderse. / Soltarse a toda luz: también perderse / dicen las raíces / temblando». La poeta parece haber logrado concentrar magistralmente toda su poética en un raro poema.


No quiero esbozar aquí la rica biografía de Circe Maia, ciertamente ya ampliamente conocida por sus lectores. Sólo recuerdo, antes de pasar a la entrevista, un extracto de lo que escribí al inicio, en la primera versión de mi libro «Escritura conquistada – Diálogos con poetas latinoamericanos» (Brasil, 1998): Su poesía está llena de imágenes de vida cotidiana, teniendo una relación profunda con las cosas que les rodean, exaltando siempre la multiplicidad de sus perfiles. De esta manera, una aparente repetición de temas puede verse como una afirmación de la complejidad en la relación entre ser y lenguaje, sujeto y objeto, memoria e imaginación.

FLORIANO MARTINS | Recuerdo tus palabras: «No hay lo en sí de las cosas: vemos perfiles, todo es muy fragmentario». Naturalmente, tus versos, tus libros, son fragmentos de tu visión del mundo, perfiles de algunos lugares hasta entonces oscuros y ahora descubiertos por el lenguaje (por tu dominio del lenguaje). Con todo, supongo que esos fragmentos radiantes, en la complejidad de sus relaciones con el mundo, buscan la unidad. ¿De qué nos habla entonces la poesía a través de Circe Maia?

CIRCE MAIA | La búsqueda de la unidad de sentido del mundo es una tarea más bien filosófica, pero reconozco que en el fondo es tarea también de la poesía. Ocurre sin embargo que en nuestros días nos hemos vuelto todos muy cautelosos, andamos «con pie de plomo» —por lo menos ese es mi caso—, de modo que nos quedamos en un territorio desparejo y parcial, pero más accesible.

En mi libro Presencia diaria hay un poema que dice: «Trabajo en lo visible y lo cercano / y no lo creas fácil. / Todo esto que palpo / junto a mí, hora a hora / es rebelde y resiste. / Para su vivo peso / demasiado livianas se me hacen las palabras».

FM | Oscar Wilde nos habla de las influencias como de algo que pertenece al mundo de las identificaciones, y cree que el estilo debe estar «en el alma de una persona antes de ser reconocido en las demás». Por el contrario, Jorge Enrique Adoum encuentra diferencia entre influencias y preferencias. ¿Qué piensas de esto en lo tocante a tu poesía?

CM | La distinción entre influencias y preferencias, que hace Adoum, debe ser interesante, pero no la he leído. Pienso que las influencias operan más a nivel inconsciente, mientras que las preferencias son claramente conscientes y por lo tanto tienen menor «peso» estas últimas que las primeras.

A veces una influencia poderosa se nos vuelve consciente; luchamos contra ella y en muchos casos salimos perdiendo: la «otra voz» continúa resonando por detrás de la nuestra. A veces es simplemente un tono, un ritmo que se mantienen por un tiempo y luego se diluyen.

FM | Acerca de los rasgos esenciales de la lírica uruguaya, Domingo Luis Bordoli escribió, en el epílogo de su Antología de la poesía uruguaya contemporánea (1966): «la efusión nos ha dominado casi siempre más que la confesión», no sin recordar las palabras de Carlos Mastronardi, en sus «Comentarios tranquilos sobre la lírica uruguaya» (1928), quien encontraba a los poetas uruguayos «muy señores en las emociones radicales, menos señores de los instrumentos críticos». Efusión, confesión. ¿En qué radica verdaderamente la tradición poética de tu país?

CM | No comprendo muy bien la dualidad establecida por Bordoli entre «efusión» y «confesión». La poesía confesional ¿no es acaso fuertemente emotiva, efusiva? Puedo decirte que no creo que sea esa la línea predominante en la poesía uruguaya actual que me parece mucho más intelectualista. Aún en caso de una poesía muy centrada en el «yo», como la de Idea Vilariño, este «yo» se expresa con una lúcida objetividad, sin caer en desbordamientos efusivos ni en el carácter anecdótico de la confesión.

FM | Mucho me alegró una referencia tuya acerca de lo lamentable de la conocida falacia de Mallarmé: «No se hacen poemas con ideas sino con palabras». Tu observación es verdadera, y me parece evidente: «No hay dualismo entre lo conceptual y lo formal». No resisten las palabras desgarradas de su sentido. No resiste a nada el signo vaciado de su significado. Una cosa es la técnica, otra la interrupción de los sentidos (aunque se haga en nombre de esa misma técnica). ¿Qué te parece esa nueva aventura de algunos poetas rioplatenses, entre ellos el uruguayo Roberto Echavarren, en torno de una poesía neobarroca (neobarrosa, como pretendía el argentino Néstor Perlongher)?

CM | En cuanto al llamado neo-barroquismo pude comprobar que ciertos poemas de gran oscuridad expresiva resultaban atractivos a los jóvenes. Me estoy refiriendo a un par de poemas de ese tipo, pertenecientes a un joven poeta, Álvaro Ojeda, y que leí en una reunión en la que se hablaba de las nuevas tendencias poéticas en nuestro país.

Mi propia poesía sigue un camino diferente, pues continúo tratando de que el tono del poema no se aleje demasiado del de una conversación.

Pienso que la diversidad de tendencias permite la exploración en direcciones diferentes, de modo que resulta beneficiosa.

FM | Me gustaría hablar un poco más sobre tu afirmación acerca de la «frialdad de la persona que propone el tema» en la creación poética. Según tu opinión, «el tema está desconectado de todo sentido». Si pensamos en tu propia poesía, ¿cuáles son los temas obsesivos, los que te persiguen siempre?

CM | Leí en algún lado –no recuerdo dónde– que el poeta no escribe «sobre un tema» sino «desde» él, es decir desde una experiencia viva en la que se ve inmerso. Es cierto que el vivir una experiencia con intensidad no es garantía ninguna de la excelencia del poema; hay toda una tarea de «pasaje» del plano no-lingüístico al lingüístico, en la que se produce una especie de «presión» sobre el lenguaje, para que las palabras, al organizarse de cierta manera, sean más reveladoras.

Al leer un poema, se hace el camino de regreso de un plano a otro. El lenguaje poético, como todo lenguaje, sigue siendo un puente, un medio a través del cual algo que no es él mismo se trasluce.

Si no fuera así, si el lenguaje poético fuera «auto-referente» como piensa Jakobson, no valdría la pena escribir ni leer. Amar las palabras en sí mismas es como estar enamorado de las notas en sí mismas, en el caso de un músico. La música nos lleva fuera de ella misma –no sabemos dónde– y también lo hace la poesía.

FM | Sigamos con los temas. Uno de ellos: la muerte. Tu libro Destrucciones (1986) está pautado por la muerte de tu hijo. Otras muertes te fueron muy dolorosas: tu madre, tu padre, tu hermano menor. Hay en Sartre una referencia a la importancia vital de la conciencia de la pérdida (él mismo decía que la libertad nace del desamparo). ¿Hasta qué punto la escritura de este libro enriqueció tu poesía y tu propio ser?

CM | Hay algo de impúdico en ese «pasaje al lenguaje» del que hablábamos, cuando lo que ha ocurrido es tan terrible que no se deja tocar por las palabras. Es insoportable la idea de que se va a hacer literatura a partir de allí. Uno tendría que callarse definitivamente pero como se ve impelido a escribir da entonces «muchas vueltas» alrededor de lo intocable. Esas vueltas son Destrucciones. Claro que no se trató meramente de una táctica: lo cierto es que uno empieza a sentir lo de Quevedo: «Y no hallé cosa en qué poner los ojos / que no fuera recuerdo de la muerte».

FM | Otros dos poetas igualmente importantes de tu generación: Washington Benavides y Marosa di Giorgio. En un libro titulado Contra el silencio (1989), destaca Graciela Mántaras Loedel la presencia del manierismo como estilo artístico en la literatura uruguaya, sobre todo en la que heredó la crisis económica y política de los años 70. Graciela habla también de una crisis espiritual y de la «vivencia consciente y angustiada de la alienación colectiva» por la cual pasaron los poetas de tu generación. ¿Qué piensas acerca de eso del manierismo? ¿Qué perjuicios habría causado esa época de crisis?

CM | Benavides Y Marosa di Giorgio son muy diferentes; no creo que puedan colocarse bajo un rótulo común. Ambos han elaborado una voz propia reconocible en cada poema. Es difícil juzgar sobre el posible carácter «manierista» de ciertos autores y también resulta muy difícil evaluar el peso de la «década del silencio» sobre ellos.

Me doy cuenta –naturalmente– del carácter experimental, diríamos, de la poesía de Enrique Fierro, Eduardo Milán, Amanda Berenguer, entre otros, pero los rasgos comunes –si existen– son escasos.

FM | Cuéntanos algo de tu encuentro con Washington Benavides y Tomás de Mattos en Tacuarembó, de la conferencia a tres voces que ocurrió en el Liceo Departamental.

CM | Esa mesa redonda versó sobre el tema de la creación literaria y se debatió el concepto de «inspiración» otros similares. También se habló sobre la relación entre la realidad histórica y la fantasía, en el caso del novelista. Otro punto que recuerdo es la declaración de De Mattos sobre el origen del cuento «Mujer de Batoví». El sintió que ese cuento ya estaba en germen al percibir un objeto, un útil de cocina sobre una mesa. (Se trataba de una cuchara, inmovilizada por un resto solidificado de comida, una de las cosas vistas al recorrer la casa de una mujer asesinada tiempo atrás.) Coincidió este relato con lo que habíamos afirmado sobre la necesidad de vivir algo con intensidad, antes de pasar al plano lingüístico. No se trata de «proponerse un tema» pero tampoco se trata de encerrarse en un juego lingüístico que elimina la dimensión vital de las palabras.

FM | ¿Hay nuevos planes y compromisos con el lenguaje poético?

CM | Mi actividad actual tiene que ver con la preparación de un libro y con la traducción de la poesía de William Carlos Williams. Sus reflexiones sobre el acto de escribir me resultan muy interesantes. Lo compara con el acto de respirar mientras se camina, una acción en la que hay a veces que detenerse, cambiar la marcha, retomar un ritmo, todo según las vicisitudes de la caminata. Sus poemas tienen esos «cambios de respiración» muy perceptibles.

Me interesa también muchísimo la traducción de la poesía neo-helénica: Kavafis, Seferis, Elytis, Ritsos. Hace muchos años «descubrí» este idioma, tan vecino fonéticamente de los nuestros.

Presentación y entrevista firmadas por Floriano Martins (Brasil, 1957)



Poemas de Circe Maia

Del Popol-Vuh

Voz del maya-quiché volando sobre siglos:
En la época de la creación del hombre,
–los hombres de madera
después que fracasaron los de barro–
hubo una rebelión de animales y cosas
en contra de sus dueños.

«Nos quemaban» decían las ollas y sartenes
en la cocina. «Nos golpeaban la cara»
decían las piedras de moler.
«Nos echaban afuera», decían los perros.
Y ahora golpearemos, quemaremos
y echaremos afuera.

Los hombres de madera fueron aniquilados.
No tuvieron refugio.
Sus propias casas se cerraban
y los dejaban fuera.

¿No volverá otra vez la rebelión? ¿No sientes
que a veces  se prepara?
¡Fuera! dicen las cosas y se cierran.
¡Fuera! ,dice el ojo del agua
y está velado, opaco.

Y cae una luz agria
sobre todas las cosas
enemigas y ajenas


Final

¿Cómo aprende la luz a oscurecerse?
¿Debe hacer ejercicios de opacamiento?
No quiere.
Hasta último momento la brasa late:
Una chispa, un crujido.

El punzón del fuego no quiere
no ser más taladro, hacerse romo.
No quiere.

Muy a contracorriente, contra la pegajosa
Espuma de la nada
Bracea, tercamente.


PALABRAS

Tantos millones de bocas tienen pasadas
Pedro Salinas

En este cuarto me rodean muebles
que no conoces: tengo puesto ahora
este vestido que no has visto y miro
¿hacia adentro, hacia afuera? —No lo sabes.

Pero ahora y aquí y mientras viva
tiendo palabras —puentes hacia otros.
Hacia otros ojos van y no son mías
no solamente mías:
las he tomado como he tomado el agua
como tomé la leche de otro pecho.
Vinieron de otras bocas
y aprenderlas fue un modo
de aprender a pisar, a sostenerse.

No es fácil, sin embargo.
Maderas frágiles, fibras delicadas
ya pronto crujen, ceden.

Duro oficio apoyarse sin quebrarlas
y caminar por invisible puente.


Invitación

Me gustaría
que me oyeras la voz y yo pudiera
oír la tuya.

Sí, sí. Hablo contigo
mirada silenciosa
que recorre estas líneas.

Y repruebas, tal vez, este imposible
deseo de salirse del papel y la tinta.
¿Qué nos diríamos?

No sé, pero siempre mejor
que el conversar a solas
dando vuelta a las frases, a sonidos
(el poner y el sacar paréntesis y al rato
colocarlos de nuevo).

Si tu voz irrumpiera
y quebrara esta misma
línea… ¡Adelante!
Ya te esperaba. Pasa.

Vamos al fondo. Hay algunos frutales.
Ya verás. Entra.


Esta mujer

A esta mujer la despierta un llanto:
se levanta medio dormida.
Prepara una leche en silencio
cortado por pequeños ruidos de cocina.
Mirá cómo envuelve su tiempo y en él está viva.
Sus horas
fuertemente tramadas
están hechas de fibras resistentes
como cosas reales: pan, avena,
ropa lavada, lana tejida.
Cada hora germina otras horas y todas son peldaños
que ella sube y resuenan.
Sale y entra y se mueve
y su hacer la ilumina.


El robo

Para los niños
anchos espacios tiene el día
y las horas
son calles despejadas
abiertas avenidas.

A nosotros, se estrecha
el tiempo de tal modo
que todo está apretado y oprimido.

Se atropellan los tiempos
Casi no da lugar un día a otro.
No bien ha amanecido
cae la luz a pique
en veloz mediodía
y apenas la contemplas
huye en atardeceres
hacia pozos de sombra.

Dice una voz:
entre vueltas y vueltas
se me fue el día.
Algún ladrón
oculto roba mi vida.


Conversación entre Hylas y Filonous (de Berkeley)

¿Cómo defenderemos
aquella realidad
que no es pensamiento?

Así piensa Hylas, asombrado,
al ver que las razones
de Filonous son fuertes.

—¿Puedes pensar un árbol
en el que nadie piensa?
Piénsalo en un desierto.
—Ya lo pienso.
Pues entonces, ¿qué es ese árbol
sino tu pensamiento?

Como por magia o alguna extraña alquimia
el árbol y el desierto mismo
están ahora adentro.


El viaje

Suelto la mirada
como quien suelta pájaros
            lejos,
y se lanza, libre,
a tocar los cerros.
            Campo, campo, campo,
limpios aire y cielo.
Pasan arboledas
            viento.
Hacia el mediodía
he mirado el duro rostro del
verano
sobre el campo seco.
Respiré su fuerte
aliento.
Escuché su canto.
Dolían los ojos
mirando a lo lejos.
Inmóvil el aire
y amarillo el cielo.


Múltiples paseos a un lugar desconocido

El lugar es una laguna rodeada de árboles
en su gran mayoría eucaliptos.
A la hora en que vamos, casi nunca hay nadie.
Puede uno pasear tranquilamente
pensando en cualquier cosa, respirando aire puro
y volver otro día, tal vez solo, o con alguien.
Hasta que un día asalta el insano deseo
de mirar la laguna para
verla
y dibujar con la mirada árboles
pero uno a uno, en sus ramas, sus hojas
troncos descascarados, cortezas colgantes.
Que sin mirarlos pueda verse todo exactísimo
tronco por tronco, gajo por gajo.
Y recordar matices a diferentes horas
del día y de la noche, e imaginar distintas
caminatas posibles entre diversos árboles.
Y aún así, aún así, sientes que la laguna escapa
invisible, invisible, desnuda de miradas
envuelta en sus altos árboles guardianes.




Circe Maia (Montevideo, Uruguay, 1932). Premio Nacional de Poesía (1958 y 2001) y Medalla Delmira Agustini (2012). Realizó estudios de Filosofía y de Lenguas Modernas. Dió clases de Filosofía y de Literatura Inglesa. Ha publicado traducciones de poetas griegos e ingleses en revistas uruguayas y extranjeras.  Sus libros de poesía son, entre otros: De lo visible (1999), Breve sol (2001), Ayer un Eucalyptus (2001, obra traducida al inglés), Obra poética (2010, conjunto de su obra poética publicada hasta entonces), La pesadora de perlas (2013), Dualidades (2014). Sus libros en prosa son Destrucciones (1986) y Un viaje a Salto (1987).  En 2009 se incorporó a la Academia Nacional de Letras de Uruguay; en octubre de 2010, recibió el premio «Bartolomé Hidalgo» a la trayectoria que otorga la Cámara del Libro, y en octubre de 2015 recibió el Gran Premio Nacional a la Labor Intelectual, otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay.


Gerardo Ciancio es profesor de Literatura y Máster en Gestión Educativa, poeta y crítico literario. Ha publicado los libros de ensayo «La crítica literaria integral» (1998); «La ciudad inventada» (1998); «Entretextos» (1999); «La cultura en el periodismo y el periodismo en la cultura. De Mario Benedetti a Maldoror: miradas sobre la prensa cultural» (2007); «El amplio jardín. Poesía joven de Uruguay y Colombia» (2006); «Los hijos del fuego: novísima poesía uruguaya» (2010 Silva), entre otros. Autor de los libros de poesía «Haikus de Kiushu» (2017), «Los ojos críos» (2021) y «Linaje» (2021). Su libro más reciente es «Casa de Salud». Ha obtenido el Premio de Ensayo de la Academia Nacional de Letras (1989, 1994 y 1996), el Premio César Vallejo de la Biblioteca Nacional de Uruguay y la Embajada de Perú en Uruguay, el Premio Anual de Ensayo Literario del Ministerio de Educación y Cultura (1998), el Premio «Netzahualcoyotl» (México) y el Premio Internacional de Ensayo de la Fundación Mario Benedetti (2012). En 2010 obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía y Primer Premio de Poesía Juan Carlos Onetti de la Intendencia Municipal de Montevideo (2020 y 2022).



Floriano Martins (Brasil, 1957). Poeta, editor, dramaturgo, ensayista, artista visual y traductor. En 1999 creó Agulha Revista de Cultura. Coordinó (2005-2010) la colección «Ponte Velha» de autores portugueses en Escritos Editora (São Paulo). Curador del proyecto «Atlas Lírico de Hispanoamérica», de la revista Acrobata. Estuvo presente en festivales de poesía realizados en países como Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Ecuador, España, México, Nicaragua, Panamá, Portugal y Venezuela. Curador de la Bienal Internacional del Libro de Ceará (Brasil, 2008), y miembro del jurado del Premio Casa das Américas (Cuba, 2009), fue profesor invitado en la Universidad de Cincinnati (Ohio, Estados Unidos, 2010). Traductor de libros de César Moro, Federico García Lorca, Guillermo Cabrera Infante, Vicente Huidobro, Hans Arp, Juan Calzadilla, Enrique Molina, Jorge Luis Borges, Aldo Pellegrini y Pablo Antonio Cuadra. Creador y miembro de la Red de Aproximaciones Líricas. Entre sus libros más recientes se encuentran «Un poco más de surrealismo no hará ningún daño a la realidad» (ensayo, México, 2015), O «iluminismo é uma baleia» (teatro, Brasil, en colaboración con Zuca Sardan, 2016), «Antes que a árvore se feche» (poesía completa, Brasil, 2020), «Naufragios del tiempo» (novela, con Berta Lucía Estrada, 2020), «Las mujeres desaparecidas» (poesía, Chile, 2022) y «Sombras no jardim» (prosa poética, Brasil, 2023).