Editorial

El poema es un canto, el ruiseñor es el poeta

En palabras de Hölderlin, Heidegger nos recuerda que «el lenguaje es la casa del ser», ya que «en su vivienda mora el hombre». Nosotros podemos entenderlo así: el lenguaje es el vaso cuyo contenido es el ser, y podemos anunciar que, a través del poeta, aquello que emana del ser se hace canto; es un cantar que proviene de la fuente prístina y es la esencia de la experiencia primordial humana, no el canto de uno. Dice Erick Neumann: «Esa irrupción de imágenes que se configuran rítmicamente en las palabras del hombre conmovido es la fuente creadora de casi toda la cultura humana. Tanto el núcleo de la religión como el del arte y el de las costumbres proviene originariamente de esa oscura y unitaria manifestación de lo creador en el alma».

Es por esto por lo que el aprendiz de poeta se dirige al hallazgo de la voz propia, puesto que ser poeta consiste en tener una voz. No se trata de simular la voz de alguien, sino de encontrar la propia. ¿Cuál es la voz poética que no puede ser de nadie más, sino la mía? En el camino del aprendizaje se escuchan voces afines, voces dignas de ser amadas; algunas de ellas inciden en la configuración de la voz propia y, como poeta en formación, debe uno admitir estas voces, permitir que le abran tramos del camino (subyace aquí la idea de la imitación como método de aprendizaje); pero debe uno también estar atento a no convertirse en el otro. No es posible ser el otro. En ese sendero solo se consigue ser el remedo del otro, pero el remedo no es poeta, solo lo es el poeta verdadero. La cautela entonces consiste en mantener presente la meta de ser uno mismo, ¿cuál es mi voz auténtica? La que lleva en sí los latidos de mi corazón, la que conserva y obedece a mi temple de ánimo y configura mi lenguaje particular, la voz que ofrece mi sentido de la existencia y propone la música del sendero que soy.

Los talleres de literatura tienden a fomentar la creencia de que el asunto de la escritura es un problema exclusivamente de la forma y, por lo tanto, se resuelve en el aprendizaje de las técnicas de escritura, el estudio del lenguaje y el dominio de los géneros y de sus particularidades. Siguiendo esa lógica, la academia se esfuerza en enriquecer los contenidos teóricos de los programas e insta al aprendiz a llenarse de fórmulas y normas de toda procedencia.

Todo esto conviene solo en la medida en que se entienda que la verdadera fuente de la creación es el Ser mismo. El trabajo de cada aprendiz consiste en hacer de sí mismo un poeta. El poeta se descubre en el interior de quien lo es. El poema es solo el camino de manifestación del poeta y la poesía el latido del mundo captado por el poeta y sugerido en las palabras como un destello iluminador. El poema es aquella reunión de palabras en un texto por medio de la cual la poesía se hace visible a la conciencia o a la percepción sensible. Quien nos dice es el ruiseñor en su canto.

Luis Fernando Macías
Septiembre de 2021

Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.