Antología Encuentro «Ciudades Invisibles»

Presentamos una muestra de algunos de los poetas participantes en el Primer Encuentro Internacional de Poesía «Ciudades invisibles», organizado por El Ángel Editor, la Fundación Cultural Esteros, El Suri Porfiado y La Raíz Invertida.

Antología Encuentro de Poesía «Ciudades invisibles»

El Primer Encuentro Internacional de Poesía «Ciudades invisibles», celebrado de manera virtual durante el mes de junio de 2021, contó con la participación de más de sesenta poetas de diecinueve países de Hispanoamérica, con una trayectoria reconocida en el universo poético como Piedad Bonnet, María Teresa Andruetto, Pablo Montoya, María Negroni, Juan Carlos Mestre, Diana Bellessi, Rómulo Bustos Aguirre y Carmen Boullosa, entre otros.

Presentamos, entonces, esta antología de veinticuatro de ellos, como blandiendo una espada que fundó un solo territorio: nuestra lengua.


Piedad Bonnet

Las cicatrices

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.


A quién agradecer

A quién agradecer
la sabia geometría de tu oreja,
su lóbulo de luz y la firmeza
de sus surcos de sombra,
y el deseo, que es una llamarada que se enciende
en la gruta de felpa
donde encierran su enigma tus más perversas músicas.

Piedad Bonnett es poeta, novelista y dramaturga. Fue profesora universitaria durante tres décadas en la Universidad de los Andes. Entre sus reconocimientos se cuentan el Premio Nacional de Poesía, Colcultura, 1994, el premio Casa de América de poesía americana de Madrid, en 2011, el José Lezama Lima de Casa de las Américas 2014, y en Aguascalientes, México, el Premio Poetas del Mundo Latino 2012.



Diana Bellessi

Sin alcanzarle el sentido

Hoy es nueve de julio y en mi país
le dicen día de la independencia
como si hubiera sido así y aún
no anduviéramos independizándonos
siempre y sin lograrlo de la maldita
hambruna que nos encadena a éstos
de aquí y a los de afuera mientras ellos
festejan con cinta celeste y blanca
es la pena más negra la de la panza
vacía, negros los dientes cariados,
la bronca negra y negro el aliento
del que no tiene trabajo, señores
tan trajeados pidiendo palo al grito
de saquen ya estos negros y se mueran
solitos donde nadie los ve, ¿qué
me querés?, qué nomás ha sucedido
sin alcanzarle el sentido a la dicha
independencia de mi país, blanco
y celeste sobre el lomo de la historia
que se vuelve roja aunque les pese
cortando puentes y no la muerte
a escondidas donde el nueve se acomoda
en su mentira noventa veces nueve
y se festeje, algo sobre la tierra


Día del perdón

De todas las cosas que me han pasado en esta vida
son las inocentes las que recuerdo con hondura
y más mientras los años a disparada como potros
en una estela de polvo también pasan y pasan,
pero el vicio nunca acaba de andar así ensuciando
esa claridad solita que viene por encanto
y por gualicho bruto se va de andar pensando fiero
o pensando mal de esto o de aquello y sobre todo
de la siempre linda inocencia franca para darle
a los demás y más aún de la que tienen los otros
o ganas de tenerlas de seguro como yo,
dar y recibir así de ida y vuelta y natural
si miramos bien las cosas qué fácil es perderse
en belleza inocente que no calcula porque ve
solamente hondura o ese espesor de la vida único
al hacer las cuentas donde es llamado el instante
que no nos dio cosa ninguna más que el alma entera
y sabionda de saber nada se lleva y sólo fue ganar fue
seguir en la montura sutil del viento

Diana Bellessi Zavalla, Santa fe, 1946. En 2009, la editorial Adriana Hidalgo publicó Tener lo que se tiene, su obra reunida. En 2011, Visor publicó Variaciones de la luz, en el mismo año, Taurus editó La pequeña voz del mundo (ensayos), y la Editorial Municipal de Rosario, Zavalla con Z (crónicas). Posteriormente, Adriana Hidalgo publicó dos nuevos libros de poemas, Pasos de baile, en 2014, y Fuerte como la muerte es el amor, en 2018. En 2011, le fue otorgado el Premio Nacional de poesía



Marco Antonio Campos

La equivocación de Hamlet

Go not to Wittemberg.
Shakeaspeare, Hamlet, I,1


Si Hamlet hubiera dejado Élsinor para
divertirse o estudiar en una capital europea;
si hubiera aceptado que Claudio –el asesino-,
gobernara con su madre, en vez de fingir locura y
embrollarse en meditaciones y diálogos que sólo exigían venganza;
si hubiera entendido que todo poder corrompe y envilece,
que no excluye el parricidio o el fratricidio, el despiadado lujo
y el despojo sin contemplación; si hubiera entendido que en un reino
o república, la canalla será siempre canalla; si hubiera entendido eso,
habría tenido el trono, victorias militares, matrimonio con Ofelia,
una prole principal, súbditos que lo halagarían,
el naciente sol y los primeros brotes de primavera en
Élsinor, Roskilde y Copenhague, cabalgatas por bosques de Jutlandia;
si lo hubiera entendido, ah, si hubiera entendido
que no es deseable pensar en demasía, y menos,
mucho menos creer o suponer que la ética es follaje y flor del árbol,
tal vez hubiera alcanzado un fin de gloria,
porque en política sólo el Mal te da la gloria.


Moctezuma recibe a Cortés

Cuando llegue un extraño a la puerta de tu ciudad,
y lo invites a palacio, dándole trato de afamado,
acaso no sepas que los dioses, en ese momento,
con dolor y vergüenza, ya abandonan Tenochtitlan,
pirámides y casas comienzan a agrietarse, los súbditos
sollozan a orillas de los lagos, y acaso no imaginas
que tú, al que todos reverencian y miran como a un dios,
quebrada toda voluntad, como objeto inútil, varios
meses más tarde, serás apedreado por tu pueblo.

Marco Antonio Campos México, D.F., 1949. Es poeta, narrador, ensayista y traductor. Ha publicado los libros de poesía: Muertos y disfraces (1974), Una seña en la sepultura (1978), Monólogos (1985), La ceniza en la frente (1979), Los adioses del forastero (1996), Viernes en Jerusalén (2005), Dime dónde, en qué país (2010) y De lo poco de vida (2016). Es autor de un libro de piezas breves (El señor Mozart y un tren de brevedades) y uno de aforismos (Árboles). Ha traducido más de treinta libros de francés, italiano, portugués y alemán. Ha obtenido los premios mexicanos Xavier Villaurrutia (1992), Nezahualcóyotl (2005), Nacional de Letras Sinaloa (2013), el Iberoamericano Ramón López Velarde (2010), y en España el Premio Casa de América (2005), el Premio del Tren Antonio Machado (2008) y el Premio Ciudad de Melilla (2009). El Festival de Montreal le otorgó en 2014 el premio Lèvres Urbaines, en Quito, Ecuador, se le dio el Premio Festival de Poesía Paralelo Cero (2018) y en el Festival Internacional de Poesía de Bucarest el Premio Anton Pann (2019).




Pablo Montoya

Mensajero en Ecbatania

Las ciudades de Ecbatania fueron construidas tomando como centro el palacio real. En la primera las murallas son concéntricas y, parecidas a una onda que se expande hacia el firmamento, aumentan en altura buscando la periferia. En la segunda, semejan una escala cuyo último escalón alberga al soberano. Desde arriba él puede vigilarlo todo. Sabe cuándo se aproxima el mercader, la peste, el enemigo, no hay nada que lo engañe, y los guardias de las almenas inferiores repiten un mensaje que asciende sin mayores novedades hasta la escolta defensora del trono. En la primera Ecbatania, empero, los ojos del poderoso han de subir y estrellarse contra la muralla más extrema. La incertidumbre allí es perpetua y la traición desciende de las almenas exteriores. Cuando hay peligro en la cercanía, se comunica la presencia del aliado y las plagas las confunden con arco iris o lloviznas en el horizonte. Ambas ciudades son habitadas por los mismos hombres. En una el rey será atacado de improviso, hecho prisionero, masacrado. En la otra, verá la progresiva invasión de su ciudad, el exterminio de sus tropas, el fuego asolador, y acabar con su propia vida será la única escapatoria.


Inmigrante en Gibraltar

Me lleno de impresiones: las atareadas calles de Argel que he dejado, la boca de los aljibes como pubis ansiados y temidos, el sabor del té. El mar, de súbito, se enfurece. El guía protesta en una lengua incomprensible. Ninguno de nosotros duerme. Varios mascullan la Fatiha y la Azora del Eterno. Somos un manojo de respiraciones asustadas dándonos un calor exiguo. Quisiera creer que éste es un viaje al retorno, a la patria, a la infancia. Pero huyendo del miedo vamos al exilio. Sobrevienen los vómitos. No sé cuánto tiempo pasamos en esta ondulación perpetua, cuando el guía nos tira las lonas. Nos cubrimos y es la espera. Reflectores costaneros nos tocan varias veces. Después, es nuestro torpe caminar en aguas de España. Al frente, los militares, sus linternas, los perros esperándonos. Y detrás de nosotros, el guía que se hunde solo en el mar.

Pablo Montoya Barrancabermeja, Colombia, 1963. Es escritor, traductor y profesor de literatura de la Universidad de Antioquia. Su obra comprende libros de poesía, cuento, ensayo y novela. Su novela Tríptico de la infamia (2014) obtuvo los premios Rómulo gallegos (2015) y José María Arguedas (2017). Por el conjunto de su obra recibió el premio Iberoamericano de letras José Donoso (2016). Desde el 2017 es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Su último libro publicado es La sombra de Orión (2021). Actualmente reside en El Retiro, en las afueras de Medellín.



Juan Carlos Mestre

Todos los libros llenos de palabras

Y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y llena de nubes la cabeza de todos los mares
y llenos de coronas y puntapiés todos los relojes de arena
y de jirafas molidas todos los pechos condecorados
y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos
y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones
y de pantalones disecados las sillas en todos los prostíbulos
y todos los huecos llenos de público
y todas las camas llenas de electrocutados
y todos los animales llenos de espíritu y pánico
y de feroces gritos los árboles en todos los aserraderos
y todos los tribunales llenos de testimonios
y todos los sueños llenos de sacacorchos
y llenas de chicas todas las estrellas
y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas íntimas
y todos los razonamientos llenos de indudables edificios
y toda la primavera llena de moscas y crisantemos
y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquerías
y todas las mujeres llenas de gloria
y llenos también de gloria todos los hombres
y todas las perreras llenas de ángeles
y todas las llaves llenas de puertas
y todos los bazares llenos de ratones
y llenos de barrenderos todos los cuadros
y llenas de estiércol todas las escobas de la patria
y todas las cabezas llenas de radiografías e intríngulis
y llenas de luz todas las subestaciones eléctricas
y llenos de amor todos los manicomios
y todos los cementerios llenos de salvavidas


El adepto

Erguida estás, señal.
JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre de Pico de la Mirándola,
de él se deduce que el 14 de mayo de 1486 no existe,
que la primavera y la juventud son hijas de Marsilio Ficino,
que la belleza es por derecho mitológico esposa del trípode y el camaleón.

Acepto haber leído el destino en un vaso de agua seis mil años antes de la muerte de Platón,
acepto haber alimentado a un animal de uñas curvas,
acepto la influencia de los magos persas.
No tengo hijos, ¿acaso he cometido un crimen?
Tampoco tengo energías para la épica.
Confieso adorar descalzo el triángulo de la piedad que otros llaman cubo de Zoroastro,
confieso mi creencia en la teología del número 7 y la gestación de los donantes de calor,
confieso mi fe en Timeo de Locros astrónomo de lo diverso.

He leído durante toda la noche el árbol de la conjetura,
de sus frutos he traído a mi casa la escalera circular junto a la que Jacob tuvo un sueño
y el testimonio sobre la naturaleza celeste de todas las piedras.

Asumo haber prestado atención a lo que impide,
asumo la visitación del pródigo y la música de las esferas,
asumo no haber dejado escrito nada que no me haya sucedido en el futuro.

He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre,
de él se deduce la aritmética del mar y la Ley bajo la corteza de la encina,
de él se deduce el río de la ciencia y la golondrina de los caldeos,
de él se deduce la inexistencia de la muerte y la fecundidad de lo discutible.

Juan Carlos Mestre Villafranca del Bierzo, León, 1957, poeta y artista gráfico, es autor de varios libros de poesía y ensayo, como Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis, 1985) La poesía ha caído en desgracia (Premio Jaime Gil de Biedma, 1992) o La tumba de Keats (Premio Jaén de Poesía, 1999). Su obra poética ha sido recogida en varias antologías como Historia Natural de la Felicidad (Fondo de Cultura Económica, 2014) o La hora izquierda (Ya lo dijo Casimiro Parker 2019). Por su libro La casa roja obtuvo el Premio Nacional de Poesía 2009, y con el poemario La bicicleta del panadero el Premio de la Crítica. Museo de la clase obrera es su más reciente publicación. En el 2018 se le concedió la Medalla Europea “Homero” de Poesía y Arte, el “Annual Cheng Ziáng Prize of the China Writers Association”, así como el Premio de las Letras de Castilla y León en reconocimiento al conjunto de su obra.



Osvaldo Sauma

Latitud cero

Aquel que no ama las nubes
/ que no vaya al Ecuador.
Henri Michaux

justo en la mitad del mundo
las nubes
perros del aire
viajan directamente al sur

nubes que Michaux amó
como se suele amar a los lobos
esos pastores fieles de las montañas

en medio de la cintura del planeta
en el punto cero cerocero
donde convergen el yin y el yang

hay un hombre dividido
entre una línea imaginaria
y los rayos perpendiculares
que deja caer el sol

aquí
sobre estas cimas
donde la razón trazó sus coordenadas
y orientó el desasosiego de su miedo

aquí en el Ecuador
hay un hombre fervoroso
cantándole al ombligo de la Tierra


Efectos colaterales

la luna se alza
como un ícono sobre la noche
afuera los seres humanos
se matan en las carreteras
o en los bares
o en las calles asidas
al tropiezo de sus obsesiones
otros se protegen de la soledad
bailan la danza de las diversiones
se revuelcan en las camas
para olvidarse de sí mismos
en el cuerpo del otro
o se suicidan bajo la claridad
de los altos puentes del vacío
sólo los solitarios se ensimisman
en el sinsentido de los días
sin que los rayos lunares
alteren sus marejadas internas
en medio de las musas extintas
hallan consuelo
a pesar de que no exista salida
a pesar de los baños de la luna llena
en su ir y venir sobre el flujo marino
entre las aguas interiores de las mujeres
o al fondo de esa nostalgia de lobos
que los hombres llevan consigo
los solitarios viven
del rumor de sus silencios
y beben / a solas brindan
con la luna y su propia sombra
emulando a Li-Tai-Po
en los eternos rituales del desamparo

Osvaldo Sauma Costa Rica. Poeta. Profesor del Taller de Expresión Literaria en el Conservatorio Castella, San José, Costa Rica desde 1981 a 2010. Autor de: Las huellas del desencanto (1983), Retrato en familia (Premio Latinoamericano EDUCA, 1985), Asabis (1993), Madre nuestra fértil tierra (1997), Bitácora del iluso (2000), El libro del adiós (2006). Bitácora del iluso (Chronicle of the decived) Edición bilingüe, inglés- español. (2009). Traductor Ricardo Ulloa. En el 2013 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Aquileo J. Echeverría con el libro ontológico, La canción del oficio.
Utopia del solitario.es un libro bilingüe, (italiano –español), publicado en Milano, Italia (2014). Traducción Zingonia Zingone. Doble fondo XIV, (Antologias) en coautoría con Manuel Pachón, Biblioteca Libanense de Cultura. (2018) Bogotá, Colombia.
Su obra ha sido traducidaal inglés, al italiano, al francés, al portugués, al árabe, y al hindi. Ha participado a numerosos festivales de poesía.





Alfredo Fressia

Tarjeta postal

Vista nocturna del centro
de Montevideo, no reconozco el aire
violeta de las calles, pero una dura
amatista de memoria, y presa
resistente de los días.
No moriré en Montevideo,
pero las manos me enseñan el camino
al trompo quieto que giraba con el mundo
(la vista nocturna del tiempo de mi infancia)
Pero las fotos declaradas y la fe
amarilla en los cajones, irreconocible
vista nocturna encima de mi cama, inverso
el mundo, en otro idioma, un trompo
de mentiras: los ojos siguen presos a la dura
memoria de otros días.


Nocturno en la avenida São João

Un travesti en silencio contra un poste
es menos triste que la avenida São João de madrugada,
cuando la niebla se recuesta nordestina
y venérea en las ajenas paredes sin empleo, y esperan
las mujeres, y el borracho espera por su sombra
caída en la calzada. La hora en que se hunden
en su rabo interrogante los gatos sin respuesta
y los marineros cantaron y se miran
esperando por su canto, esperando por oírlo
y todos los idiomas son incomprensibles
como la espera del viento por sí mismo
oyendo su queja vieja de ventana rota.

En el anónimo cuarto sólo iluminado
por el neón afuera, los amantes
son títeres del tiempo: oyen dar
las caricias violentas de la noche y se toman
por la espalda blanda como cama deshecha.
El viento se encajona en la avenida de olor ácido
y los amantes se duermen al neón repetido, sin cuerda
la noche embotellada entre los postes.

Alfredo Fressia Montevideo, Uruguay, 1948. Reside en São Paulo, Brasil, desde 1976. Es poeta, traductor y docente. Enseñó letras francesas durante 44 años. Ha ejercido la crítica literaria en medios de Uruguay, Brasil y México. Su obra poética ha sido traducida al portugués, inglés, francés, rumano, italiano, griego, turco, árabe y macedonio. Ha sido editor de la revista mexicana de poesía La Otra en su versión impresa. Dictó clases en Marshal University, WV, Ohio State University de Columbus, Fundación para las Letras Mexicanas, entre otras instituciones. Publica desde 1973. Su poemario más reciente es La mar en medio (Buenos Aires y Montevideo, 2017). En 2019 publicó en Buenos Aires su libro de memorias Sobre roca resbaladiza, reeditado en Montevideo en 2020. Recibió varias distinciones (Premio Nacional de Poesía, Premio Bartolomé Hidalgo, Premio Morosoli a la trayectoria, entre otros). En 2018 la Intendencia Municipal le otorgó el título de “Ciudadano ilustre” de Montevideo.



Yirama Castaño

El cinturón de orión

Cuando se sueña
              que poco hay para perder.

En la ciudad de los juegos
              las noches son estrechas,
                            los bares siempre están abiertos
                                          y las calles
                                                        van formando su propio laberinto.

Las luces son intermitentes
              e impiden reconocer los números
                           en los que caerá esta vez el dado.
En cada lance, el que apuesta
              olvida alguna cara
y el repartidor destapa su adicción.

Al amanecer, los asesinos se recogen en sus casas
              y nada queda en la memoria,
                            ni siquiera el fluido
                                          que se llevan las heladas.


San Silvestre

A Clara Inés Güiza

Intento vestir tu delgada figura
              para caminar las hirvientes calles,
que tatuaron el mapa de tus pies.
Y alcanza la vista para divisar el río,
las pequeñas casas de esta orilla
y el vaho de la muerte en los espejos.
Ya no es,
              de este lado,
como lo conociste.
Miles de lenguas
han lamido el puerto.
De las alianzas entre hombre y madera,
              sólo quedan crucifijos en el pecho.
Mañana visitaré la ciénaga.
Puede ser que allí te encuentre,
sembrando tu humedad,
              en tierra color bermejo.
Con los mismos ojos tristes de la niña
que dejó puesta su mesa
para escaparse con el tiempo.

Yirama Castaño Güiza. Socorro, Santander, Colombia. Poeta, periodista y editora. Participó en la creación de la Revista y de la Fundación Común Presencia. Hace parte del Comité Asesor del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, Córdoba. Libros publicados: Malabar en el abismo, Memoria de aprendiz, El sueño de la otra, Jardín de sombras, Naufragio de luna, Cuerpos antes del olvido, edición bilingüe -español francés- (Yirama Castaño, Stéphane Chaumet y Aleyda Quevedo) y Poemas de amor (Yirama Castaño, Josefa Parra).




Coral Bracho

Desde esta luz

Desde esta luz en que incide, con delicada
flama,
la eternidad. Desde este jardín atento,
desde esta sombra.
Abre su umbral al tiempo,
y en él se imantan
los objetos.
Se ahondan en él, y él los sostiene
y los ofrece: claros,
rotundos, generosos; frescos y llenos
de su alegre volumen, de su esplendor
festivo, de su hondura estelar.

Sólidos y distintos
alían su espacio
y su momento, su huerto exacto
para ser sentidos. Como piedras precisas
en un jardín. Como lapsos trazados
sobre un templo.
Una puerta, una silla,
el mar.
La blancura profunda,
Desfasada
del muro. Las líneas breves
que lo centran.
Deja el tamarindo un fulgor
entre la noche espesa.
Suelta el cántaro el ruido
solar del agua.
Y la firme tibieza de sus manos; deja la noche densa,
la noche vasta y desbordada sobre el hondo caudal,
su entrañable
tibieza.


Ya no se detiene el tren en estos pueblos

Ese desbocado animal,
que huye sin tregua con su temor cansado,
con su incierta ansiedad,
como el fantasma furtivo
de aquel ganado que llevaban por anchas calles
hasta aquellos vagones; que brama
con un espeso sonido
donde chocan sin ensamblarse
graves y agudos, ecos y opacos tonos rojizos;
ese animal que huye, que huye desaforadamente
sin detenerse
y sin poder escapar,
esclavo de ese ritmo golpeante y ágil, ese engranaje
que lo atosiga,
que da la pauta,
que marca sus movimientos como un reloj,
como un látigo, y lo encadena;
un capataz sin voz
que lo violenta, lo asedia,
con la insistencia desalmada y febril
de toda máquina, de todo
compulsivo emprender, apremiar; ese animal,
ese animal que huye,
que avisa,
que inconteniblemente
va avisando, desconsoladamente,
brama,
y va avisando,
al borde de cada pueblo, de cada cruce,
que ahí viene,
que lo persiguen, que casi
no puede más, pero que no lo frenen,
no lo detengan; que nadie,
ni nada intente; que no se atreva
–y por eso avisa– a cruzar las vías.

Coral Bracho Ciudad de México. Entre sus libros de poemas se cuentan: Huellas de luz (Reunión de los primeros títulos, 2006), La voluntad del ámbar (1998), Ese espacio, ese jardín (2003), Cuarto de Hotel (2007), Si ríe el emperador (2010), Marfa,Texas (2015), Debe ser un malentendido (2018), Poesía reunida 1977-2018 (2019). Ha sido becaria de la Fundación John Simon Guggenheim de N.Y. y del Sistema Nacional de Creadores de Arte en México. Ha recibido, entre otros, el Premio Xavier Villaurrutia, 2003, el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 1981, El Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe, (Quebec 2011), el Premio Internacional de Poesía Zacatecas, 2011 y el Premio de Poesía del Mundo Latino Víctor Sandoval, 2016. Libros y antologías suyas han sido publicados en varios países, y ha sido traducida a diversas lenguas.



Paulo Ferraz

Los esclavos de Job

Job no tenía esclavos que bromearan.
Los esclavos de Job erraban
contra las nubes de arena para
que sus ovejas pastaran
el verde y la vida de las hierbas
lejos de los barrancos y los lobos.
Con piel y ojos heridos,
a la hora precisa las abatían.
para alimento y vestido de
su maestro, que daba gracias a su
dios. Los esclavos de Job desde
la semilla cultivaban el vino,
el aceite y el pan. Ave alguna
se posaba en el labradío limpio de piedra
y espinos. Las brasas de los homos
ardían sin cesar en la casa de su patrón,
que se postraba en oración.
Los esclavos de Job barrían el piso,
reparaban el tejado, encalaban
las paredes, pisaban las serpientes
y de cuando en cuando algún
viejo o algún niño era
vendido en el mercado para pagar
un banquete a los invitados del soberano,
que en éxtasis exaltaba las obras
del señor. Los esclavos de Job
armados con palo, piedra y hoz
destrozaban pueblos, robaban
la cosa ajena, mataban el ganado
y raptaban mujeres para
su amo, que se maravillaba con
la bondad de la providencia. Los esclavos
de Job no tenían tiempo para orar,
no idolatraban, ni hacían sacrificios
como su dueño, que a los ojos del creador
era el más temeroso de los hombres.
Los esclavos de Job, muertos
por la vanidad de dios, nunca supieron
lo que era bromear. Y sin derramar
una lágrima por los suyos, Job jamás
blasfemó.

(trad. Leonardo Iván Martinez)


Para no olvidar Nº 2

Para Frei Tito

I

– Tito, te diré una cosa,
mejor, no te diré nada,
te doy de regalo un silencio.
Te suelto de noche para que
corras, pero te aviso:
mi silencio te
perseguirá, te husmeará
fueras donde fueres.
Soy sabueso, sarnoso,
pero sabueso. Huye, Tito.

Te elijo como mi Barrabás, entrego
a este otro al Gólgota,
te libero, ve, corre
el mundo, escápate de mí.

II

Mea culpa mea maxima culpa
era lo que querían que dijeras,
pero ¿qué culpa hay en querer al prójimo
en querer un mundo común a todos?

Confesar, Tito, es un verbo que
se conjuga por amor, nunca por miedo.

Es preferible morir que perder la vida.

(trad. Joan Navarro)

Paulo Ferraz Mato Grosso, Brasil, 1974. Autor de los libros: Constatação do óbvio, Evidências pedestres, De novo nada, éste, seleccionado con el ¡premio Bravo! Prime de Cultura al mejor libro del año 2007, también publicado en Ecuador y México, y Vícios de imanência, semifinalista del Premio Océanos 2019. Antologador del libro Roteiro da poesia brasileira: anos 90. Traduce a poetas mexicanos contemporáneos como: Abigael Bohorquez, Jorge Granados, José Javier Villarreal, Luis Aguilar, Luis Armenta Malpica, entre otros. Ha participado en eventos literarios organizados en Cuba, Ecuador, Estados Unidos, España, México y Ucrania. Es licenciado en Derecho e Historia y desde 2019 prepara un doctorado en Teoría literaria y Literatura Comparada por la Universidad de São Paulo. Realiza cursos de Creación literaria con énfasis en poesía y ensayo.




Gabriel Jaime Franco

Y se acaba la tarde

Es más musical el sol, ahora, cuando ya casi transcurrida su lenta ruta, la ciudad y el cielo toman un tinte de cobre, como de agua y sangre entremezclados.

A esta hora del día la luz habla en una asombrosa geometría de sombras.

Algunos llevan su cuerpo a la absurda paz de los teatros, mientras en los hospitales se aprestan a abrir los depósitos de gasa y en los suburbios un ocio de café, periódicos y música se prepara para acicalar la noche.

En poco tiempo la ciudad cambiará sus propietarios en medio de un barullo inconcebible de pregones, máquinas, ciertos afanes sigilosos, puertas que se cierran hasta el alba para retomar en ella un loco laberinto de teclas y papel ahumado.

En la eterna penumbra de una pensión una niña gotea perfume barato entre sus piernas, olorosa promesa de un día con olor a pan entre los dientes.

¡Dios mío… ¡Todo sucede en un minuto, todo, y yo empiezo así a carecer de voz para los hombres, mientras la noche sobreviene como un coro de epitafios!


Otra cosa empieza

¿De qué ríe el firmamento, ahora, con su pequeña boca blanca, mientras en las esquinas fijan su lugar oscuros ojos de metal?

Para ir hacia la noche hemos inventado estas luces titilantes, estas temblorosas ironías. A lo lejos, todo es una masa oscura, más allá de las montañas que detienen nuestro más elemental sentido.

Soñaremos mares, valles de asbesto, infinitas praderas de luz, pájaros fosforescentes.

Aquí se comprende el cansancio, la huella innumerable del desaliento. En pocas horas sólo habitarán estos meandros los desafiantes, los que llevarán cuerpo y corazón a la complicidad secreta de los bares, de los que empieza a brotar un vaho marino, nuestra insular vocación.

El mar, el mar ajeno y lejano palpitará en mí como una serpiente viva, y me poblaré de voces.

Gabriel Jaime Franco Uribe Medellín, Colombia, 1956. Publicaciones: En la Ruta del Día. Ediciones Otras Palabras, Colección “Cuadernos”, 1989. La Tierra de la Sal. Colección de Poesía PROMETEO, Serie Hipnos, número 2, 1993. Reaprendizaje del Alfabeto, Premio Nacional de Poesía Fuego en las Palabras, 1996. La tierra memorable, Universidad Nacional de Colombia, 2006. Diario del Incierto, Ediciones Tambor arlequín, 2009. La tierra memorable, Antología personal, editorial Caza de libros, 2010. Diario del Incierto, Antología personal, Editorial Universidad de Costa Rica, marzo de 2011.
En 1998 gana la Beca Nacional de Colcultura, con el proyecto Las Voces Escindidas. En 2005 gana el concurso de apoyos a la creación de la Alcaldía de Medellín, con el proyecto “Diario del Incierto”.
Ha sido incluido en algunas antologías, entre ellas las siguientes: Disidencia del Limbo, 1981. Cinco Poetas Jóvenes, Colección Poliforo de Oriente, 1985. Poetas en Abril, 1985 y 1987. Conozcámonos Mejor. Brasil- Colombia, 1995. Postal de Fin de Siglo, 1996. Quién es Quién en la Poesía Colombiana, de Rogelio Echavarría, 1998. Antología de la Poesía Colombiana, de Rogelio Echavarría, 1998. Párrafos de Aire, Antología del poema en prosa en Colombia, 2011, de Fredy Yezzed. Colombia en la poesía colombiana, los poemas cuentan la historia, 2011.
Ha sido parcialmente traducido al inglés, francés, árabe y sueco. Miembro del Consejo de Redacción de la revista Prometeo. Miembro del Comité de Dirección del Festival Internacional de Poesía de Medellín, del cual es cofundador y del que es Coordinador General desde el año 1996.




Isla Correyero

Perfectum est

Con ese perfecto brillo de triunfo en el fracaso
me despedí de él
mortalmente grotesco parecía
semisentado en la cama como ajeno o maligno
quién sabría decir la auténtica razón
el sentimiento
a través de una leve sonrisa que era mueca
mitad vulgaridad mitad venganza.
Siete minutos antes yo había sido ultrajada ofendida
oralmente violada en mi desnudo pecho maltratado manchado
fulminado por su mísero sucio esperma insoportable
sus vomitivas palabras reclinadas
en mi femenino cartílago glorioso.
Y no sé qué pasó un segundo después
yo me secaba tres lágrimas feroces a escondidas
me enjugaba los pechos sin pecado
dignísimos los hombros judicial la garganta
sin lenguaje
me reía del mundo mansamente
me reí de la muerte con cinismo
cruel lo comprendí
incompatible mi enorme tristeza con la vida
mi estilo con su estéril deterioro.
Mi humillación fue un milagro de inspirada poesía
disidente. Me levanté con calma de vidente actualizada
pródiga en plenitud de alumbrada terapeútica.
Me investí de infinita mujer que avanza sola.
De rodillas se alteró el universo masculino.
Transportándome fui cerré la puerta
sonriendo lloré
mi corazón sabiendo.


Stabat Mater

La mujer es pieza misteriosa del cerebro.
El hombre no ha despertado aún
aún está relajado
como si opio o cuajo de lactancia lo hubiesen dormido y coronado.
El hombre es descifrable en su plazo de vida 77 veces carnal y recogido 77 veces 7 capaz de trabajo y de paciencia 77 años llama fascinación al pensamiento.
Esa mujer parió con sus zapatos blancos agachada mil veces metafísica y flexible
desprendida de sí/lucha en cárcel de blanca vigilancia vulnerada.
Este hombre aparece y desaparece cantando su dignidad héroe o mendigo uno detrás de otro / de Goya a Pablo y los demás
quema su origen sin esperanza de volver a repetir / no graba en su memoria lo que aprendió del otro antepasado sigue y sigue dormido desamparado líquidamente
expuesto a todo / inocente arterialmente hermoso o árido / desprendido de la cabeza a los pies / no abre los ojos ni la boca / no tarda nada en amar / no puntualiza / no prelimina no encaja por su sur.
La mujer lo transforma lo viste / lo descubre / lo cubre de belleza / lo va uniendo a sus puntos / sus diálogos / saca composición de aire de él / lo deja suelto periódicamente
ella lo deja suelto / sangra por él durante 38 años / se aman por principios de captura / sobre las camas / los suelos / en los árboles
ella siempre se deja calzados los zapatos transparentes
levantadas las piernas en cruz / se vuelven hélices van hacia el cerebro impulsan paz escriben biología.
No hay diferencia de género o residuos.
A esa distancia todo son bellezas / altos secretos / escrituras

Isla Correyero Cáceres. Ha cursado estudios de periodismo y cinematografía. Trabaja como guionista de cine y televisión. Tiene publicados los libros: Cráter (Ed. Provincia, León,1984) Lianas (Ed. Hiperión, Madrid, 1988) Crímenes (Ed. Libertarias, Madrid, 1993) Diario de una enfermera (Ed. Huerga & Fierro, Madrid 1996) La Pasión (Ed. Ex Libris, 1998) Amor Tirano (Ed. Dvd, 2002) Género Humano (2014) publicado en Amazon, ahora con el título Lepidópteros; Hoz en la espalda (Evolución de un divorcio) (Ed. Huerga & Fierro, Madrid 2015). Actualmente reeditado con el título Divorcio. Ópera dramática representada en el Teatro Juan del Enzina, Salamanca, 2014. Mi bien (Ed. Visor 2018). Es autora de la antología Feroces (Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española) (Ed. DVD, Barcelona, 1998). Incluída en las antologías : Las diosas blancas (Ed. Hiperión , 1986); Ellas tienen la palabra (Ed. Hiperión , 1997); Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea (Ed. Visor, 2014); Poesía soy yo (Ed. Visor, 2016)



Camila Fadda

Fractura

Tengo una copa de vidrio rota en mi mano
tengo en mi mano vidrios de lo que ya no es una copa
tengo fragmentos de vidrio en mi mano refractando luz
filosos restos de un objeto del que bebí con placer
fragmentos de algo que ahora no sé bien qué era
partes irregulares de incompletud y ausencia
cortantes filos de cristal atrapando la luz
trozos de algo que podría llegar a ser
tengo fracturas y fractales y esta duda:
en qué se convierte lo roto.


Ansiedad

Cuando no hay
ni risa ni pena
voy por
la costra de
la herida que
ni viva ni seca
llevo puesta.
La obligo con
la uña que
ni larga ni corta
dura en lo duro
se in-crusta.
La costra de
la herida que
ni nueva ni vieja
llevo dentro.
Dolor que no es
ligero ni grave
uña que ya
ni limpia ni sucia
rompe la piel
ni blanca ni roja
viscosa y húmeda
encostrada
in-crustada.

Camila Fadda Gacitúa Santiago, Chile, 1969. Poeta, traductora (del alemán), gestora cultural. En 2012 obtiene 1er premio en concurso Poesía de Mujer, Perú. En 2013 publica Cauce (JC Sáez Editor). Ha participado en clínicas, talleres y eventos de fomento a la traducción en Argentina, Colombia y México. En 2017 es seleccionada para la beca de residencia en el Banff Centre for Arts and Creativity, Canadá. En 2019 es becaria de la Casa de Traductores Looren, Suiza, para traducir a la poeta premio nacional Leta Semadeni. Su poemario Mover el agua, publicado en agosto de 2019 por la Editorial Los Perros Románticos, recibe el premio a mejor obra poética de ese año, reconocimiento que otorga el Círculo de Críticos de Arte de Chile.



Waldo Leyva

Intertextualidad

Para Fayad Jamis, que es parte del poema.

De pronto él estaría en la ventana,
fumando para espantar la soledad.
La neblina borra las laderas del Sena
y dos estrellas fingen acercarse.
Detrás de otra ventana,
Iluminada apenas
por las breves convulsiones de una vela,
alguien gime de angustia o de placer
mientras otro soporta el insomnio
releyendo viejos manuscritos,
o rumiando la incertidumbre del día por venir.
Ella dormía desnuda,
ajena a las primeras pulsaciones
de la madrugada.
Su rostro adquiría cierta olvidada inocencia.
Tal vez corría en sueños por el antiguo patio
de la extraviada casa de su infancia,
anclada más allá de la torre legendaria,
más allá de las mudas campanas,
de las cúpulas del miedo,
a la vera de un mar que sin cesar batía
sobre las islas de la lluvia,
al otro lado del mundo.
Él sigue de espaldas a su sueño,
a su apetecible desnudez.
Quema el último cigarro de la noche
mientras un paseante extraviado,
tal vez un mendigo, quizá el último ebrio,
se detiene justo bajo su ventana
y mira a un lado y otro
como si hubiera perdido la esperanza.
Desde su mínima atalaya él lo observa
con muda indiferencia
hasta que descubre, a la luz del farol,
que el torpe peregrino de la madrugada
lleva una bufanda color vino
y una negra gabardina desleída,
la misma que él ha usado
desde tiempos inmemoriales.
También lleva un sombrero, su sombrero.
La mano izquierda que busca, sin suerte,
las llaves de la casa,
es su propia mano, tiene la cicatriz
del anillo que se extravió en el mar.
Quiere llamar, pero ha olvidado a quién.
Sólo recuerda que alguna vez
cerró la puerta y bajo las escaleras
mientras ella dormía desnuda,
el cielo naciendo de su espalda,
con el rostro escondido entre las sabanas
para que nadie sepa que ha perdido
los últimos encantos de la adolescencia.
La pieza está vacía.
Por la ventana entreabierta
entra el intruso frío del otoño.
Ella despierta, se envuelve en su bata violeta,
enciende un cigarrillo
y antes de cerrar la ventana
descubre, bajo la luz del farol,
una mancha de sombra, tal vez la huella
abandonada de la lluvia
a la página abierta de un diario
donde se da noticia de otro ahorcado
con la garganta llena de silencio.


Triunfa el aroma y el aire es tibio

En las noches tibias
de la primavera
los antiguos poetas dialogaban
protegidos por la complicidad de la luna
bebiendo el vino rojo
que los imberbes coperos le servían
mientras agonizaban las velas.

Soñaban los antiguos poetas
entregados a las melodiosas cuerdas del laúd
acariciando en la memoria la respiración virgen
de alguna doncella sin nombre y sin edad.

Aceptaban, sin cuestionar, la compañía de la luna
que inauguraba, cada noche, el ritmo de las mareas
y la temperatura indescifrable de las torres
levantadas sobre el sonido agorero de los bronces.

Con la fingida ingenuidad de enamorados fieles
dejaban que la luna estableciera su dominio
y le hacían un sito entre sus versos
donde aseguraban que jamás sería pisada
por el hombre y sería siempre impalpable
igual que el horizonte o la utopía.

Ah, venerados poetas, aunque muchos lo dudan
existe abundante testimonio de que el hombre
ha hoyado con su planta su inviolada superficie.
Tal vez sea cierto
pero no se preocupen sus versos confirman
que en las tardes de mayo triunfa el aroma
y el aire es tibio.
La luna sigue siendo la excusa perfecta
para el amor y el vino.

Tienes razón, Minnermo
qué gozo puede haber sin Afrodita.


Waldo Leyva Cuba, 1943. Poeta, ensayista, narrador y periodista. Ha publicado más de 20 libros de poesía y prosa. Entre otros: De la ciudad y sus héroes, (premio de poesía, l976); Con mucha piel de gente (Cuba,1982; El polvo de los caminos (Cuba,1984); El rasguño en la piedra Cuba,1995); Memoria del porvenir (Cuba,1999); El dardo y la manzana (México,2000); La distancia y el tiempo, (Cuba,2003 México, 2006); De la máscara y la voz (México, 2006); Breve antología del tiempo (Granada, España, 2008); Asonancia del tiempo (Sevilla, España, 2009); Los signos del comienzo (Caracas, 2009); El Rumbo de los Días (X Premio Casa de América de Poesía Americana, España, 2010) Cuando el Cristal no reproduce IV Premio Internacional Víctor Valera Mora (España, Caracas 2011-2013). Es autor del libro de entrevistas: El otro Lado del Catalejo (Cuba 2018) los libros de ensayo: La décima en la tradición lirica de Hispanoamérica (México 2015) y Tiempo somos (México 2016). Obtuvo el Premio Internacional Rafael Alberti, en 2010 y Forma parte de diversas antologías de la poesía cubana, latinoamericana.




Tallulah Flores Prieto

Rimbaud

Aquí estoy otra vez dejándome llevar por la pendiente del talud
para ir al encuentro de los pantanos y los bosques primitivos
cuando el tiempo se decida y las sombras no amenacen el rigor de los días.

Estoy aquí para recibir tu obstinación y tu falta de temor
para quedarme donde estoy sobreviviendo tu vida
cuando la memoria insidiosa te conduzca a un exilio demasiado lejano
y sólo puedas abrazar los veranos de tu infancia.

Pero no sé quién eres si ya has vivido tanto
es de acero tu mundo y tus árboles no me echan a andar
tu madre eligió un río para tu muerte digna
pero el río es enteramente oblicuo y yo olvido cómo llegar.

Tú piensas en silencio. Tú escribes en silencio.
Alcanzas la curva que enseña los antiguos homicidios de La Roche
y matas la culpa y matas las palabras
y hablas como los hombres fuertes que se derraman en lágrimas.

Avanzas con el rayo y caes con el defecto del sonido
pareces un hereje arrepentido con los ojos perdidos en el fango
buscando a Dios como un aventurero más sin la urgencia de Dios
tu vida te desborda y te abrazas al alba y yo abrazo tu voz y yo te abrazo.


Mesa común

Sí, ¿pero de dónde este deseo de prolongar la vida?
Ay de nosotros y de nuestras vulneradas palabras,
de nuestros estrechos abrazos en el dolor que nos tocó.

Ay de nosotros y de nuestro infame desconsuelo,
merodeando entre la exaltación y la calma,
entre la voz y el silencio
hasta que nos distrae cualquier atardecer.

El árbol -decimos-,
el árbol, la hoja y tocamos el fruto.
El cielo – decimos-, la tierra traerá cosas buenas
              sin duda
y nos sorprenderá en alguna mesa común.

De todos,
la mesa y el fruto,
la sonrisa inconclusa del amigo que miente para poder amar,
pedazos de ideas en nuestras terribles manos
hinchadas de tanta sensación.

Es el aullido del mar – alguien dice-, en las grietas de mi mente.

Tallulah Flores Prieto Barranquilla, Colombia, 1957. Poeta y traductora. Sus poemas han sido incluidos en colecciones tales como Oír ese río; Voces de poetas mujeres colombianas (un libro por centavos); Poesía Colombiana, Ediciones Confabulación; Un país que sueña, Cien años de poesía colombiana, Embajada de Colombia, Assírio & Alvim, Portugal; Revista Unión Nacional de Escritores, Rumanía; Caravelle, Cahiers du monde hispanique et luso.bresilien, Francia; Como llama que se eleva- Ediciones Exilio, y Ellas cantan, selección de poetas hispanoamericanas, Universidad Externado de Colombia. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, chino y rumano. Publicó Poesía para armar, Cinematográfica, Voces del tiempo y Nombrar las voces. Ganó el Premio de Poesía del Festival de Curtea de Arges, Rumanía. Su obra, bajo el título El revés de la caída, fue publicada por Uniediciones, Zenócrate. Es cofundadora de PoeMarío, el Festival Internacional de Poesía en el Caribe, y miembro del Consejo Editorial de la revista víacuarenta (Biblioteca Piloto del Caribe).



Chary Gumeta

Madura el día

Madura el día.
La desdicha es un sentimiento antiguo,
abraza y no me deja.

Recuerdo los días de verano junto a ti,
noches tempestuosas con relámpagos de sol
                                                 /sobre tu rostro.
La mañana descalza
camina al son del tictac del reloj
y la desnudez cubierta por la seda.

Todo es una alucinación;
se va perdiendo en la memoria.
Solo alcanzo a sonreír.


Amado mío

Beso tus labios a deshoras, amado mío.
De mis manos se resbala la caricia
a un semblante que no existe;
sólo es un sueño recurrente,
un desvarío envuelto de nostalgia
con deseos de tenerte.

Nado en el mar de la congoja,
añoro tu cuerpo que va a la deriva,
lejos de mis brazos.

Amado mío,
sigo aquí
con tu nombre escrito sobre mi pecho,
espero vuelvas con la migración de las aves.

Chary Gumeta Maria del Rosario Velázquez Gumeta Chiapas, México, 1962. Poeta y Promotora Cultural de Arte y Literatura. Ha publicado libros de poesía y de investigación histórica. Sus últimas publicaciones “TEMPESTADES DE LA MEMORIA” ( Programa LimaLee, Municipalidad de Lima, Perú, 2020) y EXILIED (DESPATRIADOS) (Poemario Bilingüe Editorial Artepoéticapress, EEUU, 2021). Ha participado en antologías, festivales y ferias de libros nacionales e internacionales. Coautora de la Antología de Poetas Chiapanecos LA PIEDRA DEL FUEGO (Editorial Cultura, Secretaria de Cultura y Deportes de Guatemala, 2019). Sus textos de la antología VOCES DE AMERICA LATINA (Edit MediaIsla, E. U., 2016) son parte de la cátedra de Literatura en la Universidad Hunter College of New York. Ha recibido varios reconocimientos por su trayectoria. Su libro LLÉVATE LOS SUEÑOS, DÉJAME LOS RECUERDOS, fue ganador del fondo de publicaciones 2020 del CONECULTA-Chiapas, Secretaría de Cultura. Dirige el fanzine YOMORAM JAYATZAME que promueve la literatura hecha por mujeres. Es Directora del Festival Internacional de Poesía Contemporánea San Cristóbal y coordinadora de Literatura en el Festival Multidisciplinario Proyecto Posh.




Pedro Larrea

3

No deberían arder las ciudades
sino los hornos de pan y las farolas,
el combustible de los repartidores de gardenias
y las baldosas naranjas del paseo con sol reciente.
No deberían arder las ciudades
porque una ciudad es una cebra fogosa,
una ofrenda necesaria de sombra y luz
para aplacar la mandíbula del león humano.
No deberían arder las ciudades,
ni la que tiene piscina de leche para baño de unicornios
ni la poblada por escorpiones y tentáculos que los devorarían.
No deberían arder ni la torre ni la madriguera.
Deberían arder la muerte y su geometría.
Debería moldearse un cuerpo nuevo que recordara por sí mismo
cómo llegar al pantano en que se oculta la salamandra de la respiración.
Deberían arder las corazas. Deberían arder los rectángulos.
Pero no deberían arder las ciudades.


Elegía del tiempo

Yo mezo cauces mientras tú tus límites.
Martilleo el tambor que estampa tandas
de eco y espolvorea sal mordiente
para cavar aquel camino tuyo.

Yo me limito a difundir el ritmo
de tus inevitables pies pesando
y si te pongo piedras te pago con el norte:
es por aquí. Por donde afilan palas.

Pero tú no comprendes mis latidos
ni comprendes que pronto te amasaron
para caber con pulso en mi estuche implacable.

Y no con mecanismo sino con piel absuelta
traspasarás los péndulos sin perdonarme entonces
que te haya destilado y sobreviva.

Pedro Larrea España, 1981. Es autor de tres libros de poemas: La orilla libre (Ártese, 2013; Nueva York Poetry Press, 2019); La tribu y la llama (Amargord, 2015); y Manuscrito del hechicero (Valparaíso Ediciones, 2016). Su poesía ha aparecido, entre otras, en la prestigiosa revista española Revista de Occidente. Ha leído como poeta invitado en diversos escenarios, plataformas y festivales internacionales. Como ensayista, ha firmado el estudio Federico García Lorca en Buenos Aires (Renacimiento, 2015) y de artículos de investigación sobre poesía hispánica. Como traductor, ha publicado la edición en español de Book of Hours de Kevin Young (Libro de horas, Valparaíso Ediciones, 2018); Una defensa de la poesía de Percy Bysshe Shelley acompañada de Las cuatro edades de la poesía, de Thomas Love Peacock (Poéticas, 2019); y Sonata Mulattica, de Rita Dove (Valparaíso Ediciones, 2020). Actualmente imparte clases en la Universidad de Lynchburg.




Valeria Sandi

La vela

Es de noche
cuando
la carne oscurece
y el incienso
lleva en su humo
el olor
a lágrimas
por toda la casa.

Colgada
la mañana
       el sueño
se ausenta
partidas mis uñas
crujen maderas.
Mojadas
mis manos
para encender la vela.

A la orilla
cae el cuerpo
entra
el desvelo.

Salado retorno
del incienso
a mi almohada
tiene tapiz
de sombra
mi pared
y a este cuarto
solo
llega la noche.


Raíz de cenizas

De tus pulmones
no estallarán
los primeros gritos
de albedrío
no habrá matrona
que contenga este pulso
susurrando
¡Es mujer!

No llegarás a mi regazo
como el fruto
          de nuestros países
del rojo en común
no bordaremos
una bandera nueva
para tu abrigo.

La ira de la menstruación
me abrirá los meses
con cada dolor
                     sonarán las campanas
caerá mi fertilidad.

Contaré
desde el patio
las aves colgadas
por cada cuento
que no llegó
a tus oídos.

No existirán domingos
para llevarte
         a descubrir colores
en los títeres del tío Juan.

No te soplaré
las pesadillas
ni te obligaré a comer
las lentejas
de la abuela.

No jugarás
en la Convención
de frases
ni se calentarán tus días
en la Santa Cruz.

No sabes
cuántos vestuarios
tuve que habitar
para esconder
la tristeza.

No tendrás
adolescencia
Ni me dirás
¡Mamá!
«El Derecho
pone a prueba
la rectitud de las consciencias»
Pero
«La antropología
es el conocimiento
de nuestra humanidad».

No te dirán
tienes la vena poética
de tus padres
ni nos prepararás
fiesta sorpresa
en nuestro               cumpleaños.

Abril de lluvias
¿Florecerá de noche?
no lo veré, no lo verás
de herencia
no tendrás mis ojos
la nostalgia
        de un amor
se lo comió a pedazos.

Desde allá
se me parte la raíz
me crece
        la sombra.

Disculpa
el temblor
de mis años        llega
se derrama
nuestro sueño.
Ahora
te llevo
siendo un deseo
seco
en la garganta
desde
dónde voy
        tosiendo
todo
       lo que no serás.

Valeria Sandi Peña Bolivia 1991. Escritora y abogada. Publicó los poemarios Ambidiestros (2014) en coautoría, La luna lleva sal, (2016), La luna lleva sal (2018) y Rincón de lluvia (2018-2019), Raíz de Ceniza (2020). Ha participado en diversos festivales y lecturas nacionales e internacionales. Ha recibido las distinciones de poeta joven con potencial para compartir otorgado por el Centro Cultural San Isidro 2018 y por su aporte y dedicación constante a la cultura de nuestro país por el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia 2019. Desde 2020, es editora de las revistas Galerías del Alma (México) y Mal de Ojo (Chile). Dirige el ciclo de lecturas Trueque Poético y el Festival Internacional de Poesía Joven Jauría de Palabras.




Fátima Velez

La casa

digan casa
más duro
hasta la punta
de la nariz al cordón de los zapatos
entonen rujan bramen truenen ladren
con ganas
pico monto un dos tres por mí en el verde limón
salten hasta la existencia de algo
trompo y el primer ladrillo
golosa y un escalón
caucho americano y la baranda del segundo piso
parqués y la alfombra verde amamanta polvo
eso, así, más duro
que se escuche
digan casa
con sótano y pellejo de miedo a las cositas que pueden
despertarse en presencia de extraños
amarillenta oscuridad
trazos de hormigas piso piedra
piso moho
donde desenrollar este yoyo
donde montar el triciclo que encontramos en la calle
digan casa
y es de notar que la casa entra
por la puerta y la espera
y desfila su cola
y la enrosca por piernas y bordes
en menos de un descuido
entre la suela de unas botas de caucho
la casa cruje brama aúlla truena maúlla ladra
ojos azabache
pupilas dilatadas
dije suéltenla de una vez
no es bueno ser temido
por el lugar donde soñamos


como la abeja

tú y yo y la aspereza de ser tú y yo
en este tubo de domingo
cuando un afuera existe

afuera es lo que llamo el adentro de la flor
y dejarse chupar de esa manera por la glosa
y surgir pavoneada en su parasiempre

y si dos no somos suficientes
para dar forma al sentir de la flor

en qué momento dejamos de saber lo
que es tener un polvo

he visto cómo el hombro descubierto
la apenas voluptuosidad de un hombro
segregan en ti rosadito de éxtasis

mientras, conmigo lo haces rápido
en medio de mi cuerpo das de comer a tu placer
te haces encima y no te gusta
que me haga encima porque entonces no puedes

un poco de miel y ser como la abeja y batir el aire
hasta hacerlo consciente de sus átomos
hasta que el aire
no sabe si es aireo elevación brotada
o zánganos uno a uno o lo líquido
saboreando lo que dura el siglo de una abeja
confundida con el aire para que otros zánganos
se exciten en crujido de bolas estalladas
como no puede hacerlo el equilibrio

como solo la abeja y la mujer
de un video porno que vi

ella acostada sobre la desnudez
en una multiplicación rimada con el vértigo
diré que esa fibra de hombres
que ella toda entrega sonreía
y ellos esperaban su turno
como esperan los hombres en los bancos
civilizadamente
y en ese mientras tanto
en ese en vez de aullar
mostrarse los colmillos
un batir de subidas y bajadas
melódico atmosférico
cada uno dejaba lo que podía en ese ahí
que no era de lugar sino
de cuerpo afeitado para que la pureza se encontrara con la nada
y a algo olía
que sólo en los mitos y la mujer esparcía
con los dedos
con gesto maternal los esparcía yo creo, amor, nuestro deber es el placer
placer de ti un ejército de hombres
placer de mí un ejército de géisers
placer lamernos en calor inaugural
placer de la primera o la segunda o la centésima
placer hurgar en cuatrocientas noches diferentes
placer con cuatrocientos cuerpos encontrarnos
placer en un nosotros líquido y espeso
placer en un aquí de la abeja y de los átomos del aire
y el adn de un adentro cualquiera
incluso el del domingo

Fátima Velez Manizales, Colombia, 1985. Estudió Literatura en la Universidad de los Andes, maestría en Escrituras Creativas en la Universidad Nacional de Colombia y en la Universidad de Nueva York, y un doctorado en estudios culturales hispanoamericanos en CUNY (City University of New York). Ha trabajado como profesora de literatura y como gestora cultural. Fue fundadora de la residencia para artistas Residencia en la Tierra y cofundadora del taller de escritura creativa Calle 17. Su libro de poesía Diseño de Interiores ganó el concurso Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá 2015. Su primer libro publicado, Casa Paterna (Universidad Externado de Colombia, 2015) es una antología de cuatro libros inéditos: Orillas (2003-2009); Diario del refugio (2012); Diseño de Interiores (2014-2015); y Del porno y las babosas (2015) publicado por la editorial brasileña independiente DEEP (2016)




Gustavo Osorio

Barbarie

Todo documento histórico
Es un documento de barbarie
Miro el piso tallado por años
La casa grande de la abuela materna
Cerca del centro de la ciudad
El rojo del piso es el color también
Del rojo de la sangre seca
un ejército zapatista que decía la abuela
Paso por aquí en 1911
Escondieron a las mujeres jóvenes
Los hombres de la casa muertos en el patio
Colgaron al bisabuelo de una viga
Que fue reemplazada en los años 70
Por rieles de tren
Ese tren fue fundido vuelto quizás cubiertos
Abro la gaveta y hay cuchillos delgados
Tallados con tequesquite y soledad
Por años
Finas láminas de metal
Demasiado frágiles como para usarse
O quitarse la vida
Los pisos están limpios y gastados
Me dice mi madre que los tallaban de rodillas
Horas y horas gastadas
Pensando en trenes que iba a otra parte
Donde se podía ser feliz donde las mujeres
Nadie las esconde donde las vigas se rompen
Ante el peso donde se abren los cajones
Y las hojas son rígidas y suficientes
Cuando necesarias.
En algún momento todo es historia y toda historia
Es barbarie


Recordar de cerca

Estoy en un avión Nakajima Ki-4 me muevo
A toda velocidad hacia el USS West Virginia
Reverbera la aguja del anemómetro
Mientras sujeto la rafia del cinturón de seguridad
Con una mano que lejos está acariciando el muslo
Buscando asirse a mi cuerpo pues es verano y tiembla
Le estoy diciendo que voy a partir y le miento a los ojos
Que buscan en el cielo signos claros y responde lejos también
No hay memoria donde no hay movimiento
Sé que no volveré pero le repito que no tengo miedo
mientras mi cuerpo se sacude me desprendo de ese pasto
y estoy trepidando con la tierra en lo alto de la Torre
Latinoamericana a 182 metros en 1985 y yo no sé rezar
Pero entono unas palabras nombres mustios
De personas a las que creo deberles algo
Ahí está el sonido de los ojos que me buscan
Y se completa la sentencia No hay movimiento
Donde no hay vida. Toda la vida se mueve y se mueve
A través de la distancia. A mayor distancia
Mayor memoria.
Y justo cuando se escucha crujir el concreto
Todo se detiene y resuena entre los grises
De la ciudad un aviso de cascada voz Haya lumbreras
En la expansión de los cielos para separar
El día de la noche
y me recuesto apagando
Con el aire de otro nombre la vela que inquieta
La noche la llama se mueve los explosivos están listos
Estoy lejos pensando que puedo estar cerca del barco del cuerpo
De otra muerte de Dios de temblores lejanos
O de ninguna parte pero recordando
Muy de cerca.

Gustavo Osorio de Ita Ciudad de Puebla, 1986. Doctorado en Licenciatura Hispanoamericana. Ha publicado poemas en medios nacionales e internacionales y el poemario Bonapartes (Conaculta, 2012). Algunos de sus poemas han sido traducidos al rumano, chino, francés, árabe y griego. Ha publicado, en traducción, Almuerzo con Pancho Villa de Paul Muldoon (Valparaiso, 2016), Vuelo y otros poemas de Kwame Dawes (Valparaíso, 2017) y Otros vislumbres. Poesía actual de la India (Círculo de Poesía Ediciones, 2018). Fue invitado a la residencia creativa en el Lu Xun Literary Insitute en la ciudad de Beijing en 2017. En el año 2020 obtuvo el premio a Poeta del Año en el 3er Festival de Poesía Silk Road (Beijing) por Orfebre de una farsa.




Rómulo Bustos Aguirre

Decálogo

1

La primera condición para escribir un poema es estar habitado
Que tus inquilinos sean ángeles o demonios carece de importancia

2

El poema ideal es el poema-piedra, con volumen, peso y densidad precisos
Que vuele ante tus ojos, que hiera la imaginación y se aloje en la memoria
Se trata de eso: una pedrada memorable

3

Es conveniente tener siempre a la mano una máquina para atrapar poemas de construcción casera, una ratonera de imágenes. Poema que se escapa no vuelve. Y si no vuelve tampoco te preocupes: en verdad, no era para ti
No obstante, elude el poema; líbrate de sus asedios y añagazas. Hazte rogar como un amante displicente. Hazte pagar el justo precio. A fin de cuentas, la que responde es siempre tu alma

4

Una vez atrapado el sigilo de un poema haz del olvido un aliado, una infalible técnica. Déjalo empollar en su nido de hojas. Olvídalo rigurosamente, de modo que cuando vuelvas a enfrentarte con él sientas que no es tuyo, que fue otro quien lo escribió. Entonces podrás entregarlo a uno de tus yoes: el artesano o, definitivamente, dejarlo en manos de la muchacha que hace la limpieza

5

El poema ideal es el poema-aire, que es como la antimateria del poema-piedra. Esto, por supuesto, contradice el numeral 2. En realidad, nunca está de más una leve esquizofrenia en un poeta

6

El poema-ventosa se pega a la imaginación y no te suelta hasta que lo hayas escrito. Tú podrías hacerle trampa y dejarlo inconcluso. Pero entonces saldría a exhibirse por ahí y a dejarte mal con los amigos

7

El poema-caracol te envuelve sobre sí mismo. Puede resultar un remedio eficaz contra los vecinos pesados

8

El poema sucio te purifica. Es como bajar la cadenilla del váter

9

El poema-paraguas siempre está sintiendo nostalgia de la mesa de disección y la máquina de coser. Y este menage a quatre es indecente. Es mejor olvidarlo e irse de talle agarrado con la lluvia

10

Las imágenes más poéticas están fuera de la poesía. Pero si prefieres merodear por sus solares, no lo hagas como cazador furtivo: todos los poetas existen para surtir tu despensa, toda imagen te pertenece. Recuerda: solo basta ser un hombre habitado

a Samuel Vásquez a la multitud de sus demonios


Un caso de orientación

Durante mucho tiempo padecí la curiosa idea de que, cualquiera que fuera mi posición, el norte estaba siempre frente de mí. De modo que si miraba hacia arriba, el sol o la luna -según la jornada- estaría en el norte. Si miraba hacia abajo, mis pies estaban en el norte. Si giraba, el norte era sucesivo o caótico
El sur quedaba siempre a mi espalda
Otro era el punto de vista, cardinalmente opuesto, de mi sombra. Esto fue motivo de arduas e interminables discusiones. Mi mejor astucia consistía en aguardar al mediodía cuando mi sombra casi se desvanecía y su capacidad de argumentación se debilitaba al máximo. Ella se tomaba su revancha con la llegada de la noche
El asunto tomaba giro insospechado durante el sueño. Allí las cosas se transformaban o invertían. Entonces yo era mi sombra y me asombraba escuchar surgir de mi boca los argumentos de mi sombra y mi sombra hablaba por mi boca
—Fractura irremediable del sujeto —dijo el sicólogo
—Complejo bipolar de bípedo implume —dijo el ornitólogo
—Parálisis de la imaginación —dijo el imaginólogo
—Vaya, mierda de caso —dijo el coprólogo
Por fin, llegamos a un armisticio: mientras yo mirara hacia adelante mi sombra miraría atrás creando un espejismo de convergencia, y viceversa. Así ambos acabamos descubriendo que el norte podía estar en el sur y el sur en el norte.
Fue, sin duda, un acuerdo saludable
No exento de una cierta dosis de tortícolis

Rómulo Bustos Aguirre Santa Catalina de Alejandría,1954, Caribe colombiano. Poeta, ensayista y profesor universitario.
Su poesía ha sido recogida en diversas compilaciones y antologías. Estas son algunas de ellas: Muerte y levitación de la ballena y otros poemas (2020), La pupila incesante, Obra reunida (FCE, 2016), Poesía escogida (2014), Oración del impuro, Obra reunida (Universidad Nacional de Colombia, 2004), Palabra que golpea un color imaginario, Obra reunida (Universidad Internacional de Andalucía, 1996) En 2019 recibe el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura de Colombia por la antología De moscas y de Ángeles. Doctor en Ciencias de las religiones por la Universidad Complutense de Madrid.




María Auxiliadora Álvarez

Sarajevo

preso
del miedo
de lo que vendrá
(como
vino antes)
¿cómo podrá
recobrar
el mutilado
la serenidad?

¿cómo podrá
reconciliarse
con la idea
que tuvo
una vez
sobre
la progresión
de la Noche?

–creyendo
que la Mañana
diría
la verdad
frente
a todos
los malentendidos
de las sombras


Karlovac

las esquirlas
también
alcanzaban
a quienes
se acercaban
para auxiliar

pero
ese museo
no estaba
todavía allí
sino que
más tarde
coincidió
con el lugar
de las granadas

Y en una esquina
del aire
hay todavía
una ventana
levemente
sostenida
por algunos
escombros

abajo reposan:
la mitad
de una avioneta
y (3) TRES
tanques
de guerra
de diseño
antiguo

Es un museo
pequeño
y grande
a campo abierto
con una puerta
como
de panteón
que no lleva
a ningún lugar
porque
(4) CUATRO
metros antes
se abre
un gran
boquete
en el asfalto:
producto
de una bomba
impuntual
que aún
reafirma
su poder
sobre
el abismo

María Auxiliadora Álvarez Caracas, Venezuela. Ha publicado los libros de poesía La mañana imaginada. Antología poética 2021-1978 (2021), Un día más de lo invisible (2019), El silencio El lugar (2018), Las regiones del frío (2017), Páramo solo (2017), Piedra en :U: (2016), Paréntesis del estupor (2011), Las nadas y las noches. Antología (2009), Lugar de pasaje. Antología (2009), El eterno aprendiz y Resplandor (2006), Inmóvil (1996), Ca(z)a (1991), Cuerpo (1985), Mis pies en el origen (1978); y los libros de ensayo Experiencia y expresión de lo inefable. La poesía de san Juan de la Cruz (2013), y Fino animal de sombra. De la antigua mística a la escritura urbana (2017).
Obtuvo los títulos de maestría y doctorado en Literatura Trasatlántica en la University of Illinois y ejerce como profesora titular en Miami University, Oxford, Ohio
.



Omar Lara (homenaje póstumo)

3

Lo que vi:
detrás de las enfurecidas calles
entre los cortinajes desahuciados
en las calles caminando codo a codo
en las escalinatas llenas de estiércol
de los tribunales de justicia
en la bota que abría puertas y carnes
en los edificios del poder
en el idioma desconocido y hostil
en el marasmo de las oficinas públicas
en la nota del músico amigo
en la mano de la dulce desconocida
en los roqueríos donde se podía gritar
en el grito más duro que una roca
en la carta que no tuvo respuesta
en la noticia feroz del castigado
en la mentira y en la mirada torva
en la memoria de las otras calles
en lo que vi sin ver
en lo que vi sin querer
en lo que quise ver y no vi
y no pude
o me fue negado


5

Entonces vi:
todo lo que había olvidado
todo lo que había decidido olvidar
todo lo que había querido olvidar
los síntomas del resentimiento
los dolores del último parto
el aleteo de la pájara celeste
la huida sin ton ni son hacia ninguna parte
la tortura el llanto la rabia
las llagas de los compañeros de celda
el canto de los asesinados
la sonrisa del cuatrero que me dio un cigarrillo
el pan tibio del amanecer

Omar Lara Nohualhue, Chile, 1941-2021. Autor de más de cuarenta libros de poesía, entre ellos Los Buenos Días, Oh buenas maneras, Islas flotantes, El viajero imperfecto, Memoria, Bienvenidas calles del Perú, Voces de Portocaliu, La nueva frontera, Papeles de Harek Ayun, Cuerpo final, Principio y nudo, Nohualhue. Ida&Vuelta, Abracé la tierra, La soledad de los puentes levadizos, Los muertos pasean desnudos.
Es traductor del rumano, labor que ejerce a partir de su exilio en Bucarest, entre 1974 y 1981.
Ha recibido, entre otros, los premios Casa de las Américas (Cuba, 1975); la Beca de Creación John Simon Guggenheim, (1983); El Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, por la traducción del libro El Ecuador y los Polos, de Marin Sorescu (Madrid, 1983); el Premio Casa de América de Poesía Americana (Madrid, 2007); el Premio Internacional de Poesía, (Trieste, 2007)); el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti (Andalucía-La Habana, 2008); el Premio de Traducción Ovidio (Bucarest, 2009); el Premio a la Trayectoria Paralelo Cero (Quito, 2019).
Entre las distinciones obtenidas en Chile figuran el reciente Premio Alonso de Ercilla, de la Academia Chilena de la Lengua, 2020; el Premio Fernando Santiván, 2007; el Premio Revista Atenea, 2015; el Premio Nacional de Poesía Jorge Teillier, 2016.
En 1964 Lara fundó en Valdivia el Grupo Trilce de Poesía y la revista TRILCE, publicación que dirige hasta hoy. Libros suyos han sido traducidos a varios idiomas y ha sido invitado a los más importantes festivales y encuentros internacionales de poesía. Es Director Ejecutivo de la Feria Internacional del Libro del Bio-Bío y del Encuentro Internacional de Escritores del Bio-Bío, ambos en Concepción, Chile, y creador del Festival Internacional de Poesía El rayo que no cesa, también en Concepción
.



Carmen Boullosa

Para Europa, satélite de Júpiter

La vida de Europa son los ríos
que no van a dar a la mar.


Para Plutón

Plutón,
¿cómo leer tu caligrafía
si estás tan lejos?

Carmen Boullosa Ciudad de México, 1954. Sus más recientes publicaciones son La aguja en el pajar (poemas, Visor 2019), las novelas El libro de Eva (Alfaguara 2020, Siruela 2021) y El libro de Ana (mismas editoriales, 2017). Recibió los premios Xavier Villaurrutia, Liberaturpreis, de Novela Café Gijón, Typographical Era, de Poesía de Casa de América en Madrid, y, por el conjunto de su obra, el Literario Jorge Ibargüengoitia, el Rosalía de Castro y el Anna Seghers, así como distinciones del Senado de Nueva York y de los Consejales de la Ciudad de Nueva York. Becaria de la Fundación Guggenheim, del Cullman Center, de la DAAD, del FONCA, profesora distinguida en las universidades Georgetown, Columbia y San Diego State, Cátedra Andrés Bello en NYU, Cátedra Reyes en la Sorbonne, profesora visitante en la Universidad Blaise Pascal de Clermont Ferrand, Distinguished Lecturer en City College, y es parte del cuerpo académico en Macaulay Honors College de la universidad de la ciudad de Nueva York (CUNY).



Escrito por

Revista cultural y literaria de la Fundación Cultural Esteros.