Bajo la cuidadosa mirada de Luis Fernando Macías, ofrecemos esta nota que recoge cinco voces diversas de la poesía colombiana actual. Distintas generaciones, estilos y abordajes del lenguaje se conjugan en esta muestra que revela la pluralidad y las ventanas abiertas que tiene la poesía de nuestros días.
Por Carolina Zamudio

Mariana Ossa Zapata (Pereira, 1992)
Desierto
Hay sueños tan livianos
que son como la luz del alba
mientras el mundo duerme
Y hay otros tan fuertes
como una noche de tormenta
de la que pocos vuelven a despertar
¿Dónde quedan las llaves que encajaron
en dos corazones al tiempo?
¿Dónde buscar una lluvia que vuelva
a arrastrar el cuerpo lejos de las orillas?
Se vislumbra el desierto
cuando la piel continua el camino
por sí misma
Dios se despide
cuando ya no se percibe
el paraíso.
Los relojes corren a destiempo
se atrasan constantemente
se desconoce la hora exacta
de la existencia
Y las puertas de salida
son parte de unos cuentos
de los que olvidamos
su final.
Sólo aves se posan sobre mi cuerpo
me hacen el amor
y quedan esparcidas mis plumas por el aire.
Pueden elevarme fácilmente a la luz
que los dioses sostienen.
Veo todo claro cuando sus alas aletean en la piel
y la convierten en una extraña ave que se queda
mientras ellas se van.
El frío de la tierra vuelve a recoger mi sombra.
Ahora que el tiempo me ha dejado sola
sacaré un mundo de cualquier caja abandonada
en el que soy una niña rodeada de mariposas
ellas me hablan y me llevan a otros lugares.
Después de aprender su lenguaje
invitaré más niñas tristes
para que se sientan libres y olviden
el agua que dejaron sobre la tierra.
Ahora puedo poblar el tiempo
e iré por más y más flores, las escucharé
para florecer dentro de mí y marchitarme
sólo cuando se me antoje.
Me detendré en mis colores
así como en los suyos
y me acercaré al jardín
que busqué en la infancia.
Ahora que ya no importa el tiempo
saldré a dar luz como el mismo sol
aunque nadie sienta mis rayos
me sentaré a sonreírle
a quien pase y desee sentarse
a sonreír conmigo
porque ya bastó
tanto dolor
tanta sangre.
La luna
desconoce que tengo cráteres
en los dedos
y se me sale el alma
a través de ellos
que hace tanto frío
adentro
y que aquí (como allá)
nada nos alcanza.
Cabelleras
Una niña peina a otra
después a otra
y entre ellas
Intentan desenredar sus vidas
como un juego
Yo me peino
no dejo que otra lo haga
tampoco peino a nadie
mi vida es un juego de enredos
al que ninguna sabría entrar
He visto cómo se peinan de bonito
y mientras lo hacen
sonrío
con esa sonrisa distante
de la que ve barcos alejarse
hacia otros puertos
a los que no podrá embarcar.
Me aferro
Me aferro a la luz de una lámpara
para no quedar ciega entre las sombras
al misterio que ocurre tras las ventanas
y sus voces marchitas
me aferro al silencio de los árboles
a la canción de siempre, para creer que un día sucederá
me aferro al niño que me sonríe sin prejuicios,
a la luna y su lejanía sin peso
me aferro a la belleza que rodean las mariposas
y a todas las palabras que surgen de la tierra
para no morir de oscuridad.
Mariana Ossa Zapata (1992, Pereira). Ha participado en ferias del libro y en festivales de poesía en Colombia como el de Medellín en 2018, Luna de locos 2019 y 2021, San Jorge Sucre 2023 y Cereté 2024. Internacionalmente fue invitada al Festival José María Heredia de Toluca, México, 2018, al Festival Internacional de poesía de Guayaquil Ileana Espinel Cedeño 2020 y en el 2021 con la presentación de su libro, al Festival Internacional de poesía Perú 2020, al festival internacional de poesía de Costa Rica 2023 y a la semana de la literatura en Hofstra University en Nueva York 2024. Algunos de sus poemas hacen parte de varias antologías, periódicos, revistas y blogs y han sido traducidos al inglés, árabe, vietnamita, búlgaro, portugués, rumano e italiano. Publicó su primer libro de poemas en octubre del 2021 en la ciudad de Guayaquil-Ecuador: La oscuridad tiene rostro.

John Saldarriaga (Antioquia, 1967)
El no-tiempo
La noche no tiene horas;
es una tela negra, inmensa,
una alfombra voladora
que no se vara.
Alucinaciones,
sentimientos arcanos de mujeres y hombres
flotan sobre la ciudad, y se mecen ahítos
como en un columpio nubes oscuras
que de un momento a otro anegarán las calles.
El amo transporta al esclavo
enfermo, en una carretilla;
el perro amansa a su dueño
caminando tras su sombra de sombra,
siguiendo su sueño desenhebrado.
La taumaturgia nocturna
lo puede todo.
Toma la forma de novela picaresca,
poema lírico,
o cuento de horror.
Se mezclan en una misma sustancia
la vida y la muerte.
Por fin somos hermanos
en una misma sustancia
el siervo, la piedra, el agua, la cañabrava
y nosotros, entes vestidos que de día soñamos reinar.
En una caverna
la noche es dos veces noche,
y si gotea, es tres veces noche…
Nictálope, saldré a echar un vistazo.
Caminaré en pantuflas para no despertar el mundo.
Extranjero
Octubre, que todo lo pudre,
expresa mi sentir.
Una saudade larga, eterna de lo que no ha sido.
Una calle mojada en mi cerebro,
una lluvia de ácido sulfúrico dentro de mi pecho.
Sin pausa.
El cielo se ha desplomado,
mi angustia se ha desplomado sobre la ciudad
que ahora tengo encharcada con mi pesar.
Me detengo frente al Arca de Noé
que si lo digo en Envigado no es metáfora, es literal,
y miro desprevenido el mundo pasar a pasitrote para mojarse lo menos;
yo, en cambio, miro, rumio lo mío
sin realidad y sin prisa,
como un extranjero involuntario.
Octubre 10
A veces
cuando me detengo a retozar en los patios de la conciencia,
llegan hasta mí
los ecos perdidos de lo que hubiera sido,
ese tiempo verbal hipotético
que los gramáticos suelen llamar pretérito pluscuamperfecto
pero que uno termina por pensar que es un eterno presente alterno,
y pienso que cualquiera de esas infinitas posibilidades imposibles
hubiera sido mejor que ésta.
Y cuando me detengo sobre los patios de la conciencia
para otear los callejones de donde brotan
los veo atractivos corredores claroscuros
de los que me llega un viento fresco, estival,
muy diferente al de este Octubre eterno de mi vida,
con aguacero tenaz,
que juega a desordenarme el cabello
y decido que cualquier cosa hubiera sido
mejor que esta sarta de estafas —o de estrofas— a la que llamo vida.
Evangelio según Saldarriaga
Con un dolor cuaternario en la columna vertebral
como si aún diera dificultad mantenerse erecto
o como si pesara sobre ti el fardo de la historia,
y otro dolor posmodernista agrupado en la mente
como si aún diera dificultad mantenerse sapiens
o como si pesara sobre ti el fardo estercolero
de las escuelas filosóficas,
reptas por las calles de esta ciudad apocalíptica
ahumando con inciensos para exorcizar el tedio.
Sólo eres sabio cuando dudas
si seguir las huellas marcadas en el polvo
y optas por hacerte a un lado.
Notas que la ciudad respira con dificultad
pues es un monstruo podrido de cáncer
y cuando estás borracho de tenacidad
la olvidas
y encuentras la senda que no se te ha perdido
pero casi no encuentras.
La locura es placentera
sin pesos sobre tu espalda
de bulteador de puerto.
No te afanes, pues no sabes tu destino.
El elegido
Me avisan que soy el elegido
para una excursión en solitario
a una playa de arenas movedizas.
El elegido como jardinero
que pode los cactus del Sahara.
El elegido para el harakiri del domingo.
El elegido para postergar anhelos
y seguir esperando que nazca mi mecías propio
o me lo vendan en el mercado,
(pero, eso sí: que calce también 44 para dejarle mis zapatos viejos).
Elegido para desocupar a soplos un balde de espuma, como en un cuento de O. Henry.
Soy el elegido para que los bomberos
apaguen en mí las emociones.
Para seguir haciendo el ridículo
como el borracho que orina en la mesa servida.
Alguien debió lanzar la moneda
antes de darme cuenta,
y pedir cara y cruz, el muy bandido,
antes de darme cuenta.
Todo indica que sólo cuando haga las tareas
como niño aplicado,
seré Elegido.
Juraría que la vida es un viaje a empellones
como el del bus urbano que me hace las distancias
tirándome contra los demás
justo en los días que he nacido misántropo.
El mundo y las cosas son empujados para que sucedan
de una sola manera.
Así, súbitamente, al llegar a la esquina
nos cruzamos
y caminamos juntos.
Aunque las cosas parezcan verse, por momentos, diferentes,
el Sol alumbra de una sola manera;
la suerte está echada.
Nadie sabía a dónde había ido el abuelo;
solo, que no volvería.
Dejó una torre de sombreros
huérfanos de cabeza, en su ropero;
a la abuela sin un brazo de dónde agarrarse;
a mi madre con un dedo en la boca
como si pidiera silencio,
y a mí sin su estampa de hombre sentado
en piyama, desayunando.
Fue ese día o, mejor, a partir de ese suceso
un tanto anómalo
que descubrí la muerte.
Un gran borrador pasa borrando
cuando menos se lo espera,
uno a uno los dibujos de la hoja en que estamos pintados,
y la va dejando en blanco.
Fue ese día o, mejor, a partir de ese suceso
un tanto anómalo
que descubrí el absurdo.
Los perros parecían dormir bajo el catafalco,
ese barco en el que zarpaba el recién ido,
pero, de pronto, se levantaron,
sacudieron su sueño y se fueron
tras el amo, el tío Juan, quien, como el abuelo,
acababa de irse sin avisarles.
Ellos estaban menos dormidos que el abuelo, supuse.
esperé en vano a que él también se levantara de pronto,
sacudiera su sueño
y echara a andar…
Las flores colmaban la sala.
Los rezos en coro de señoras
parecían el clamor lastimero de ánimas en el Purgatorio,
al menos en el Purgatorio de Doré
que conocería años después
en un ejemplar de La Divina Comedia y tanto me asusta todavía.
Los trajes negros. Los pañuelos arrugados.
El café atizaba la hoguera de las conversaciones.
En los corrillos, no paraban de contar lo que ya sabían.
Fue ese día o, mejor, a partir de ese suceso
un tanto anómalo
que descubrí el dolor.
Sin consultárselo a él
como si se tratara de otro
el abuelo tuvo que irse;
no pudo decidir
(yo sé que él hubiera preferido quedarse).
Fue ese día o, mejor, a partir de ese suceso
un tanto anómalo
que descubrí que sí hay prisa.
John Saldarriaga (Antioquia, 1967). Ha ejercido el periodismo en El Mundo (1997-2005), Gente (2015-2023) y El Colombiano (2005-2018). Actualmente es columnista de temas de literarios en el periódico ADN y la revista Generación de El Colombiano. Recibió el premio del Círculo de Periodistas de Antioquia al Mejor Trabajo Periodístico en Prensa Escrita (crónica) en 2005, el Premio a la Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa (crónica) en 2006. Ha sido profesor en varias Universidades; ha dirigido talleres de escritura creativa y actualmente es director del taller de narrativa A Mano Alzada, de Otraparte. Ha participado en varias conferencias y encuentros. Ha publicado varios libros de narrativa, poesía, poesía infantil, novela negra, cuento, crónica y reportaje. Entre ellos, destacan: «Al filo de la realidad» (cuentos); «Vida y milagros» (crónicas, reportajes y perfiles); «Gema, la nieve y el batracio» (novela); «Los muertos que nadie llora» (novela negra); «El gallinazo azul» (poesía infantil); «El fiscal Rosado y los dedos de Júpiter» (novela negra); «No hay vileza sin dulzura» (cuentos).

Paula Liliana Naranjo Castaño
Que me lleve el viento
Que me lleve el viento contigo,
Caer justo en tus piernas, y que me abracen el alma
Que se abra el rinconcito que me queda de amor
Y que lo multipliquemos juntas.
Ahora que nos lleve el viento lejos a ambas
Que nos deje en una montaña
Donde los árboles nos abracen,
Y que se abran los rincones de la vida que teníamos guardados
para ser libres…
Ven
Desordéname el cabello
La cama
Las sábanas están demasiado planchadas
Hacen falta unas cuantas arrugas
Salta sobre mí
Quítame el aire
Reduce el espacio
que me sobra.
Ayer te vi
Y sentí el impulso de contarte algo
Algo que descubrí mientras caminaba
Y veía las nubes en la tarde
Quise decirte chica guapa
Y al no hacerlo se me quedó en el pecho, en la garganta, en la lengua, en las ganas
Soltarte como ola lo que me he quedado guardando…
Que te quiero…
Que te quiero desnuda
Que te quiero con ropa
Que te quiero encima
Debajo,
Y entonces…
Hoy que ya no estás
Y que mi falta de valor me aqueja
Sigo caminando y mirando, ya no las nubes, sino el suelo, y una lágrima cae y refleja esas nubes, esas que miraba ayer y ensayaba cómo contarte mis palabras…
Y les digo a esas nubes
que ya tengo valentía
esa que ayer me faltó
valentía de decirte
que de todos los te quiero
Solo…
⠀⠀⠀⠀⠀te quiero
⠀⠀⠀⠀⠀conmigo
Ya no escribo poesía
Ya no escribo poesía,
pues prometí a mis hojas en blanco
no volver a dedicarte una sola letra,
ya solo escribo historias de ficción,
donde tú eres aire de otras tierras,
nunca en la vida nos conocimos.
Ayer en uno de mis cuentos pasaste por mi lado,
yo llevaba mi vestido rojo,
al bajar las escalas cayeron mis libros,
tú me recogiste algunas hojas, agradecí y seguí mi camino.
Tú estabas con los músicos del parque, fumando un cigarrillo que nunca dejaste,
yo hui de donde estabas, pues como nunca llegaste a saber,
el humo me molesta, y dejaste mis libros pasados a tabaco.
No vi tu cara, ni tú la mía, seguiste tu camino,
pero lo más importante: nunca encontraste el mío.
Hoy vi la lluvia
Hoy vi la lluvia
Y pensé en vos
En como me habitaste
En como me vi de repente reflejada
En tus gestos
En tus palabras
En tus pensamientos
En tus acciones
Me vi tanto allí, que estaba olvidando quien era yo
Y me fui
Me fui como quien corre de los besos robados
De las caricias ajenas
Del amor desgastado
De dos manos que abrazan un silencio
De una cama con dos cuerpos
Que algún día fueron fuego
Y hoy solo queda un carbón encendido.
Del lugar que no es el tuyo
De un camino conocido
Me fui, porque nunca fue nuestro ese lugar
Fue una parada, nada más
Y vos y yo nos confundimos
Tú a mí, y yo al mundo
Tocabas una puerta que fue abierta antes que llegaras
Te viví
Y me viviste
Me enseñaste a volar con tus alas,
Nunca dejaste que estrenará las mías
Caminé tus caminos
Hice mías tus agendas
Hiciste tuyas mis cartas
Sellaste mis labios con castigos
Dejaste que tu orgullo amarrara mis recuerdos
Pintaste de negro las ventanas,
Yo dejé de tomar el sol en las mañanas
Aprendí
Entre muchas cosas
Aquello que no quiero
Recorrer nunca más.
Distancia
Me miras
Te miro
Por el hueco de la ventana de esta distancia
Y no nos vemos realmente
Sonrío con tus fotos
Te beso en mis sueños
Te maldigo otras tantas veces.
Tus dedos me recuerdan con nostalgia
Habían aprendido a leer el braille de mi piel
Me extrañas en silencio
Ese que no te atreves a romper
¿Leal a qué?
Al orgullo, a tus miedos que te reciben cada noche con la cama fría
Mientras mi calor te sigue esperando.
Me fuí
Me fuí de ella como quién huye del lugar en el que le aguarda el calorcito de la mañana.
Me fui con lágrimas cayendo en el camino.
Me fui con su rostro aún queriéndome a su lado
Me fui y ella me siguió esperando.
Me fui porque un día en otros brazos ella se había ido primero.
Paula Naranjo Castaño. Emprendedora, Gestora de Innovación, Docente de Cátedra en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia.

Teresita Betancur Vargas
Vueltas en círculo
Qué horror
olvidar
el recuerdo.
⠀⠀⠀⠀Era un mundo agobiante
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀del que se quería salir,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀al que es fácil retornar,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀al cual
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀—esencialmente—
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀se pertenece.
Gea
Roca agrietada
⠀⠀⠀⠀fragmentos
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀hechos piedra.
Agua fluyendo
⠀⠀⠀⠀gravedad
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀bordes limados
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀aristas gastadas
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀bolas de piedra:
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀el tiempo
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀hasta
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀la
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀arena.
Tiempo
Hace tiempo
⠀⠀⠀⠀son
⠀⠀los días
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀mas cortos.
Cada vez
⠀⠀⠀⠀tarda
⠀⠀⠀⠀más
⠀⠀⠀⠀⠀el amanecer
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀en llegar.
Espiral
Uno: llega la claridad.
Dos: se apaga la luz.
Tres: vuelve a ser
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀la oscuridad.
Partir
¿A dónde se irán
⠀⠀⠀⠀esos chécheres
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀que atiborran estantes?
¿Quién tomará
⠀⠀⠀⠀para sí
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀los espacios vacíos?
Todo se cierra
⠀⠀⠀⠀y no pasa nada.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀¿Me olvidarán?
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀¿Acaso saben
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀que he existido…?
Escribir
Era ayer,
⠀⠀⠀⠀ante una hoja en blanco,
la pluma se inspiraba
⠀⠀⠀⠀a fluir en sus trazos.
Es hoy,
⠀⠀⠀⠀la mente se carga de asuntos,
las ideas huyen
⠀⠀⠀⠀si tomo el lápiz.
Diálogo
¿Cuántas rocas partidas?
⠀⠀⠀⠀Casi todas.
¿Qué pasa entre esas grietas?
⠀⠀⠀⠀El agua.
¿Qué hace el agua?
⠀⠀⠀⠀Brota.
¿A dónde se dirige?
⠀⠀⠀⠀Al vacío.
Y si salta, ¿qué habrá tras la caída?
⠀⠀⠀⠀El golpe.
Y si se derrama, ¿a dónde irá?
⠀⠀⠀⠀Al llano.
¿Quién le curará las heridas?
⠀⠀⠀⠀El sol la hará liviana.
Pero es invierno…
Nacimiento de agua
Sembrada en la tierra desde la lluvia
es atraída hacia el centro por gravedad.
Su viaje ocurre
moviéndose entre vacíos
hechos de poros estrechos,
de grietas alargadas,
de cavidades disueltas.
Su velocidad transcurre
sin prisa
cargando su esencia de sales,
labrando una huella en la profundidad.
Este viaje hace historia,
de un tiempo contado en siglos,
una evolución
hasta la vejez.
Llega al fin el momento de morir:
asoma a la luz,
nace a la vida:
es el tiempo,
tiempo del manantial
Destino
Infinito
⠀⠀⠀⠀torbellino de sentires;
imposible
⠀⠀⠀⠀abarcarlo
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀en el decir.
Dolores…
⠀⠀⠀⠀uno a uno
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀encostrados
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀en cada célula.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Cuerpo
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ya cubierto,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀existencia
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ya ahogada.
Esperanza
⠀⠀⠀⠀enraizada;
búsqueda
⠀⠀⠀⠀que no termina,
voluntad
⠀⠀⠀⠀que no renuncia.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Vida
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀—aún—
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀por
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀vivir.
Teresita Betancur Vargas. Geóloga, profesora de la Universidad de Antioquia. Se especializa en temas de hidrogeóloga en procura de lograr que el conocimiento del medio natural, de las rocas y del agua, mediante la participación y el diálogo de saberes, brinde soporte en la toma de decisiones para la gestión ambiental. Le gusta leer e intenta escribir, tratando de hacer de la naturaleza una metáfora.

Georges Weinstein
En el pomar
Como una mariposa que aletea
en mi cerebro el olor de las pomas.
La infancia que vuelve.
Sentimientos
Con la luz de una vela
trabaja en las noches,
reabre el cuaderno
e intenta dar vida al poema.
Ha entregado al fuego sus versos;
una parte se consume
mientras la otra revive
y en ambas se va la existencia.
Recapacita, poeta.
Te dueles por la llama,
no porque la vela se derrita.
La vejez es una sombra
Adolorido y ocupado con los médicos,
una o dos veces por semana,
carga en sus manos la bolsita
con ecografías y diagnósticos.
Ha olvidado casi todo, hasta los rostros,
y sabe de memoria los teléfonos
de consultorios y hospitales.
Visitante asiduo de velorios
y de bancas en los parques,
acompañado, casi siempre,
por otros en iguales circunstancias.
Adolorido y ya cansado extravía la mirada,
sus movimientos son más lentos
y sus días confusos y fugaces.
Unos jóvenes pasan por su lado
y se sonríen, los mira y se detiene,
trata de girar y lo frena la cadera,
entonces de reojo los ve
como sombras que se fugan
y transitan en tiempos diferentes,
embebidos en algún mensaje digital.
En él, por un momento,
reviven la sonrisa y los recuerdos.
ADN
Con el agua surgieron
un fuego antiguo
y la sopa primera;
en ella los sueños del hombre.
Teñida de azul la espiral
fue enhebrando el enigma
y a cada uno bordó
con su nombre en la piel.
Canto rodado
Clareando el día,
sus manos recias y constantes
ceñían el tambor de mil acordes
que despedazaba la panela;
sus dedos blancos
y sedosos como amianto
fundían las mazorcas en arepas
—doradas como ocasos—,
y sus palmas se juntaban
al batir el chocolate.
Lavaba la ropa percudida
con el agua rodeándole los brazos
y el golpear armonioso de una piedra,
que el afecto de sus manos
convirtió en amiga y consejera;
cuando sus labios eran alas
–tiempo de cantos y poemas–
la apretaba entre su palma
y la arrullaba.
Todavía me conmueven:
la visión del fuego
siempre dispuesto
y disponible en el rescoldo,
el eco amoroso de los versos,
las caricias de sus manos
adheridas al canto rodado
como otra antigua piel,
y un tatuaje…
la piedra que dulcemente
se durmió en su mano.
Despierta, Penélope
Diez años hilando tus miedos
y los hilos en el telar de la inercia
profanaron tu vida,
atada a una espera sombría
por los caprichos de Homero.
Ahora, ha variado la historia,
los dioses
se han vuelto propicios
y te entregan las playas abiertas.
No esperes acongojada
en la casa, abandona la isla,
Odiseo quizás no regrese.
Se fuerte e impulsa a Telémaco a irse,
a navegar y afrontar su camino;
aprieta en las manos los remos,
empuja la barca y agita el océano,
escribe tu propio destino.
Evolución II
Trece mil millones de años,
el humano
en un clic de tiempo.
Cincuenta mil años,
el celular
en un clic de tiempo.
Veinte mil años,
la inteligencia artificial
en un clic de tiempo.
Suceden cosas
para no creer,
en un clic de tiempo.
Georges Weinstein (Medellín, 1944). Químico, Ingeniero de alimentos. Ha trabajado en la industria, en la academia y en la investigación en varias empresas y universidades. Decano fundador de la facultad de Ingeniería de la Universidad Lasallista. Asistente al Taller literario de Comedal y al taller de Creación literaria de la Biblioteca Pública Piloto. ha publicado artículos, cuentos, ensayos, haikus y poemas en antologías, revistas, suplementos literarios y en la web. Ha publicado seis libros de poesía, entre ellos: «Cristales de existencia» (2012), «Eternos emigrantes» (2013), «Palabras al borde del amor» (2014). Tiene cinco poemarios inéditos. Fue coordinador de la sección de literatura de la revista digital Gotas de Tinta, Colombia.

Carolina Zamudio. Poeta y periodista. Señalada como una de las referentes de la poesía argentina de su generación. Publicó: Seguir al viento; La oscuridad de lo que brilla; Rituales del azar; Teoría sobre la belleza; La timidez de los árboles; El propio río; Vértice; Las certezas son del sol y La extensión de un deseo, entre otros, en Argentina, España, Uruguay, Francia, Colombia, Italia, Perú y Ecuador, por caso. Creadora de la Fundación Cultural Esteros (www.esteros.org). Vivió y trabajó en Argentina, Emiratos Árabes Unidos, Suiza, Colombia y Uruguay, donde hoy reside.
