Noticias Esteros

En busca de crear uniones y romper fronteras, inauguramos una nueva sección en la Revista Esteros que celebra su décima edición, y es leída desde toda Iberoamérica y más allá: queremos dar espacio a historias que merecen ser contadas y que encuentran en nosotros un lugar para expandirse.

Con motivo de la celebración del Día del Libro en Uruguay, que se conmemoró el 23 de abril, en The British Schools de Montevideo, el Departamento de Español y Biblioteca organizó un CONCURSO DE ESCRITURA de cuentos cortos y poesía, dirigido a los estudiantes de Senior School. En las clases, se los motivó a la escritura creativa. Del concurso participaron estudiantes de entre 11 a 18 años.

Las ganadoras del concurso fueron:

Mercedes Mailhos (15 años) – Y10 A – POESÍA

Chiara Ferrari (16 años) – Y10 D – CUENTO CORTO

Presentamos a las obras ganadoras:



Mercedes Mailhos

I look outside, the sky is falling
Much like my own desire to stop growing.
Clouds weep silently, a cold embrace,
As solitude creeps into every space.

Each drop, a tear, in skies grey and never-ending,
The silence is deafening, though calm and ascending.
Ashes through the tree branches, pushing and tossing to get
My heart is filled with dread

Voices unheard, burdened hearts left bare.

Rain descends, a hopefal whisper said,
I feel the warmth emerging from my bed.
Unfelt tears fall, who would’ve known,

That a simple act of nature,
Would make me see the other side of the picture.






Chiara Ferrari

La casa estaba ordenada y limpia, las cortinas bailaban con el viento y el fuego helado crepitaba en la oscuridad. Ana miraba tranquilamente caricaturas en su televisión con sus pies sobre una pequeña mesa, pero sus ojos reflejaban una mirada asustada. Preocupada, miró su reloj, su reluciente y brillante reloj. Inmediatamente se paró y comenzó a caminar de un lado de la habitación hacia el otro, comiéndose las uñas. Con cuidado, se acercó a la ventanas y movió la cortina cautelosamente, solo lo suficiente como para poder mirar desde un ojo. Observó rápidamente hacia al horizonte, parecía buscar algo, pero este estaba vacío como una calavera. Mientras entrecerraba los ojos con la esperanza de ver más lejos.
escuchó un golpe seco PUM PUM PUM.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y Ana se detuvo completamente, congelada como una estatua. Ana se acercó a la puerta, caminando delicadamente por el piso como si este fuera hecho de pétalos. En la puerta de su casa se encontraba Jacinta, llevaba puesto un camperón y sus ojos estaban rojos como brasas ardientes. Mientras el viento jugueteaba con sus rizos, como si quisiera desordenarlos Jacinta hacía señas con las manos, indicando que la deje entrar. Ana suspiró fuertemente y abrió la puerta.
—Pasa rápido —exigió Ana.
Jacinta entró velozmente y antes de cerrar la puerta Ana se atrevió a salir hacia afuera. La calle se extendía como un sendero abandonado y las luces parpadeantes y tenues de los faroles apenas lograban iluminar aquella oscuridad. Ana sintió un nudo en el estómago y su piel se erizó como un puercoespín al presentir peligro. Luego entró a su casa, se aseguro de cerrar la puerta, y se volteo vigorosamente hacia Jacinta.
—¿Se puede saber porque no usas la llave en vez de tocar la puerta? Pensé que había llegado el periodico con la noticia —se quejó Ana.
Jacinta miró hacia abajo.
—Perdón, me he olvidado las llaves, pero te he traído galletas, sé que te reconfortan.
Ana rio suave como un silbido de verano, tomó las galletas y se sentó cerca la chimenea, el fuego como un abrazo ardiente la envolvió con su calor.
—No puedo creer que en el periodico llegara la noticia con la fecha del día en que moriremos, nunca pensé que llegaría este día —sollozó Ana.
Jacinta abrazó con fuerza a Ana envolviéndola en sus brazos y sosteniéndola suavemente
Durante unos minutos, permanecieron abrazadas en silencio hasta que fueron interrumpidas por un golpe en la puerta.
Ana corrió hacia la puerta y al abrirla la vio. Reposando en el suelo se encontraba el periodico matutino, y una sensación de inquietud se apoderó de su cuerpo. Extendió sus manos y recogió el pesado pedazo de papel.
Volvió a la mesa donde se encontraba Jacinta pálida como papel.
—¡Rápido, no puedo con el suspenso!
—Han dejado tu papel aqui —respondió
Ana extendió sus manos y le entregó el papel a Jacinta, quien lo abrió rápidamente mientras que se desbordaba de lágrimas.
—¡Aún me quedan 68 años más de vida! —gritó Jacinta y se volteo a Ana con el rostro iluminando.

Ana se encontraba completamente estupefacta mirando fijamente su papel, sus manos temblorosas dejaron caer la carta y se aferró al borde de la silla más cercana. Luego miró el reloj.
—Me..me quedan 3 minutos de vida —dijo tartamudeo
—No..no comprendo, cómo es que..
Los labios de Jacinta se curvaron en una sonrisa retorcida y sus ojos se sumieron en la oscuridad. Liberó una carcajada siniestra que inundó la casa con temor y reveló un frasco.
—Este frasco, Ana, contiene veneno, lo he vertido en las galletas y cada mordisco que les has dado han sido una dosis letal, ahora estás condenada.






Rocío Fernández (15 años) – Y10

Traducción del poema:


Miro hacia afuera, el cielo se está cayendo
parecido a mi propio deseo de dejar de crecer.
Las nubes lloran en silencio, un abrazo frío,
mientras la soledad se cuela en cada espacio.

Cada gota, una lágrima, en cielos grises e infinitos.
El silencio es ensordecedor, aunque calmante y ascendente.
El viento corre entre las ramas de los árboles, empujando y tirando para salir adelante.
Mi corazón está lleno de miedo.

Voces inauditas, corazones repletos que fueron despojados.

La lluvia desciende, dijo un suspiro de esperanza,
Siento el calor emergiendo de mi cama.
Lágrimas que no había sentido caen, quién hubiera imaginado

que un simple acto de la naturaleza,
me haría ver el otro lado de la imagen