Elogio de la conciencia poética

Poner atención a la vida: esa debe ser la tarea del poeta. Un acto que implica ser consciente del espacio que ocupamos y de las relaciones humanas que nos forman. En este elocuente artículo, Zampini nos adentra en aquella pregunta, en la necesidad de transitar espacios conscientes de creación.

Por Gabriela Zampini

Todos los momentos de dolor son el descarte.
Venimos por lo otro.
Por el destello ocasional
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Laura Wittner

Si la existencia de lo que llamamos poesía dependiera de los que escriben versos y de aquellos que los leen, ciertamente se trataría de una experiencia exclusiva y excluyente —además de en peligro de extinción—. Quisiera, casi por el contrario, seguir la intuición de que su vitalidad nos roza en algún momento a todos y con frecuencia por fuera del papel. Porque la poesía no es, como nos advirtió con humor Isidoro Baisten, eso que se escribe «cortito y para abajo» y como gustaba celebrar con picardía Jorge Luis Borges, «acecha a la vuelta de cualquier esquina, incluso en los libros».

¿Qué es esta poesía fuera del verso y del papel? Una suerte de imperativo creador que burla la literalidad, un modo de ver que se sabe partícipe de lo visto, una manera de proceder que sigue el pulso del deseo y sabe que el mundo no está hecho ni es siquiera uno solo sino que «viene en muchedumbre». No somos sólo intérpretes de lo real: creamos realidad. Ampliamos lo real. A veces a nuestro favor, a veces olvidando la advertencia que Silvina Ocampo cifró en uno de sus cuentos: «No inventes lo que no quieras que exista». Veamos algunos ejemplos bien logrados.
Victoria Ocampo, hermana mayor de Silvina, escritora argentina también, famosa mecenas —o, como la caracterizó en una de sus últimas visitas a la Argentina Carlos Fuentes: quien supo ser en su tiempo «la responsable de la educación de todo un continente»—, sentía una admiración profunda y entusiasta por Virginia Woolf en quien encontraba encarnados algunos de sus ideales artísticos. Cuando Victoria pudo conocer a la autora de «Un cuarto propio» en persona y en su propia casa, la experiencia tuvo ciertos matices conflictivos provenientes, en especial, de los prejuicios de la escritora británica.

Woolf alentó en Ocampo su vocación literaria y se encontraban como pares en la causa feminista, pero Victoria era y nunca dejó de ser ante sus ojos una «sudamericana» e incluso padeció cierta «desmesura» en la devoción de la argentina. Victoria sin embargo jamás fue condescendiente en un sentido que le implicara modificar su personalidad, pero acaso sí lo fue de un modo poético. Woolf le escribió en cierta oportunidad que creía que en la pampa argentina volaban mariposas gigantes. La criolla no obró ni didáctica ni indignada: le envió unas mariposas gigantes y vivas de regalo. A la distancia, resulta Victoria Ocampo la que supo ser más receptiva y lúcida en aquellos encuentros con la escritora británica.

Norah Borges, artista plástica de vanguardia, hermana de nuestro ineludible escritor, pasó varios años de formación en distintos países de Europa, en especial en España, en donde conocería a su futuro marido, el escritor y crítico Guillermo de Torre. Entrevistada por Rodolfo Braceli a sus 95 años, poco antes de morir, evocando sus años en España ella le nombra a quienes conoció gracias a su esposo: Picasso, Unamuno, Lorca… que «era tan aaaalto». Ante esta expresión Braceli desconfíó y le pregunta si estaba segura, que tenía entendido que Lorca era más bien bajo. Y Norah le respondió: «Era alto. Porque era poeta. Los poetas siempre son altos». Ese diálogo entero es una deliciosa lección de conciencia poética: «Hace unos años que mi pulso no es tan bueno conmigo, y dejé de pintar. Pero no importa porque cuando duermo pinto, sueño con colores tan lindos…»

Antonio Porchia, creador de ese libro impar que es «Voces», confió al poeta Roberto Juarroz un recuerdo de su infancia en la pobreza. Le dijo que una vez se había desmayado de hambre mientras jugaba a la pelota y que de aquella experiencia había aprendido que el hambre no había sido un impedimento para su felicidad. Algunas de sus «Voces» replican esa combinación cruda y paradójica: «Todo juguete tiene derecho a romperse»; «A veces de noche enciendo una luz para no ver». Pero también nos muestran su humor: «Si no sintiese que el sol me mira un poco, no lo miraría». «Si me dijesen que he muerto o que no he nacido, no dejaría de pensarlo».

Así como hay poesía fuera de los versos o del género literario, dentro de la literatura sigue pareciendo indispensable recordar que la importancia de eso que la poesía nos brinda no radica ni es derivado de la importancia de los temas que trata. El maestro de esta conciencia en occidente fue Baudelaire con sus «Flores del mal» pero todavía parece que seguimos confundiendo las agendas de discusiones epocales con los temas sobre los cuales se espera trate la poesía actual.
Pero poeta es el que dota de importancia cualquier tema que toque. Aquel que nos recuerda con Pessoa que «todo es símbolo y analogía», o con Borges que cada palabra es ya un acontecimiento poético, o con Emily Dickinson que «el ensueño basta» y es un poder creador. ¿Creador de qué? De presencias que nos acompañan. Porque la poesía nos pone frente al mundo, frente a los otros y a nosotros mismos como presencias. No resuelve ni responde ni sirve para nada salvo para eso, para enriquecer nuestra presencia, incrementar los significados, darnos espesor. La poesía es un acontecimiento del orden de la contemplación. Un «destello ocasional»


Gabriela Zampini Trelew, Chubut, 1978. Licenciada en Letras por La Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Prosiguió su formación fuera del ámbito institucional junto a los filósofos Hugo Mujica y Santiago Kovadloff. En el 2015 realizó una colaboración autoral en la obra «Invierno» de Miguel Baratta y en 2016, junto al mismo director, realizó el corto «Excursiones», documental consagrado a la figura de Roland Barthes. En 2021 participó del libro «Ser sin orillas. Ensayo sobre Ofelia» publicado por Editorial En el Margen. Desde el 2005 coordina grupos de filosofía, literatura, y talleres de escritura. Ha escrito artículos y entrevistas para diversos medios especializados en arte y cultura.